Cuando cierra la última tienda
Se despide El Motores, único ultramarinos de San Pedro Manrique, en Soria
En julio cerró La Cueva de Pablo, y mis amigas y yo nos quedamos sin cuartel general madrileño. El último día nos reunimos para celebrar la jubilación de Pablo, recordar todas las veces que salimos de ese bar por la puerta de atrás y cruzar los dedos por el destino de un local tan deseable en Huertas. En diciembre bajó la persiana el Brieva de Logroño, garito de mi juventud, culpable de que Los Pecos, Camela y Nino Bravo ocupen en mi cerebro el espacio que podría estar dedicado, yo qué sé, a Dostoievski o a lo que cené ayer. La cuadrilla de esos años está más dispersa y no nos dio tiempo a des...
En julio cerró La Cueva de Pablo, y mis amigas y yo nos quedamos sin cuartel general madrileño. El último día nos reunimos para celebrar la jubilación de Pablo, recordar todas las veces que salimos de ese bar por la puerta de atrás y cruzar los dedos por el destino de un local tan deseable en Huertas. En diciembre bajó la persiana el Brieva de Logroño, garito de mi juventud, culpable de que Los Pecos, Camela y Nino Bravo ocupen en mi cerebro el espacio que podría estar dedicado, yo qué sé, a Dostoievski o a lo que cené ayer. La cuadrilla de esos años está más dispersa y no nos dio tiempo a despedirlo, pero escuchamos su playlist como homenaje. Este febrero cerrará Tipos Infames, que es bar y también librería, un lugar que amé desde la fiesta de inauguración que hicieron los dueños para sus amigos con el local aún en obras. Tengo motivos para ponerme melancólica y hablar de especulación y cambios demográficos, dúo fatal para los pequeños negocios y para mi psicogeografía, pero después recuerdo que en barrios como Arganzuela florecen las librerías y que en septiembre abrieron un bar cerca de casa que es mi nuevo punto de encuentro. Quizá no sea el mejor momento, pero nuestra necesidad de crear comunidades en cualquier sitio que no sea el trabajo o el hogar permanece intacta.
El cierre que más me preocupa es el de la tienda El Motores de San Pedro Manrique, en Soria, que conozco desde antes de tener edad para ir al Brieva. Era el único ultramarinos del municipio, pedanías incluidas (según el INE, 625 personas, más en verano). Allí se vendían desde revistas de pasatiempos hasta unas frutas y verduras exquisitas traídas desde Calahorra. Aún queda para abastecer a la comarca de Tierras Altas, formada por 16 municipios y unos 1.400 habitantes, El Molinero, en Villar del Río. Soria capital está a cuarenta kilómetros y un puerto de montaña de distancia. El negocio pendía de un hilo desde que hace tres años se jubiló Jose, que lo heredó de sus padres. Se atrevió a continuarlo Velia, salvándolo in extremis, pero finalmente no ha sido posible. “Con mucha tristeza, queremos comunicar que la tienda El Motores cerrará sus puertas a partir del mes de marzo, debido a las dificultades económicas que atravesamos”, escribió el 11 de enero en el grupo de Facebook del pueblo. Tierras Altas es una de las regiones más despobladas de Europa.
Aunque dentro de poco abrirá en San Pedro un supermercado con taquillas inteligentes, un proyecto financiado con fondos europeos, la pérdida de la tienda de referencia es una pésima noticia que dificulta aún más la vida en el lugar. Conservar abierto cada servicio (la escuela, el banco, la farmacia) es un reto. En San Pedro hay trabajo, y recibe a población migrante que se emplea en su fábrica de embutidos, en el cuidado de las personas mayores o en el sector primario, pero existe un serio problema de vivienda que impide a los trabajadores asentarse y fijar población (y por tanto, comprar en El Motores). Una joven empleada de los servicios sociales de la comarca se quejó en diciembre a este periódico de que un posible casero prefería tener sus casas “vacías, muertas del asco” antes que alquilarle una a ella. El administrador explicaba que el dueño se negaba “porque es joven, dice que luego no pagan, que no hay quien los eche, que si el Gobierno”.
Detrás de cada puerta cerrada de un comercio o una casa hay una pelea perdida. En la España vacía la lucha es, además de por la memoria emocional, por la supervivencia.