Rodalies: hay responsables
Adif, Renfe y la Generalitat llevan una semana sin dar una respuesta satisfactoria ante el caos en los cercanías de Cataluña
Cataluña completa hoy una semana de absoluto caos en su sistema de trenes de cercanías que comenzó el pasado martes con el descarrilamiento de un convoy en Gelida (Barcelona), que costó la vida a un maquinista. Durante cuatro días ha habido cortes totales de la red y el resto, paros parciales, líneas a medio gas y, en el mejor de los casos, trenes con retraso. Una comunidad autónoma de ocho millones de personas lleva una semana sin un servicio normal de cercanías ferroviarias cuyo funcionamiento debería darse por supuesto. Los cerca de 400.000 usuarios diarios de Rodalies han quedado totalmente desamparados por el corte del servicio, la falta de información y la escasez de medios de transporte público alternativos, que a su vez redunda en una sobrecarga en el tráfico privado. La desconfianza ciudadana en el sistema de Rodalies es absoluta y no se restaura solo con los dos ceses anunciados ayer.
El accidente de Gelida y la posterior crisis han coincidido en el tiempo con la tragedia de Adamuz y la lógica necesidad del Ministerio de Transportes de centrarse en la alta velocidad ante la alarma social. Sin embargo, el caos vivido en Cataluña ha reflejado una inadmisible descoordinación entre Adif, Renfe y la Generalitat, que son los titulares de las vías, de los trenes y del servicio de Rodalies, respectivamente. Esta descoordinación ha derivado en información contradictoria hacia los usuarios, que veían pasar trenes mientras se les decía que no había servicio o sufrían cancelaciones cuando en teoría la circulación se había restablecido. Aparte de la ansiedad, Cataluña en su conjunto ha sufrido unas pérdidas económicas no menores.
Los responsables de la situación deben dar la cara, mucho más de lo que han hecho hasta ahora. Ni el ministro ni ningún alto cargo de Transportes han asumido políticamente la crisis como propia. Las comisiones multilaterales, las reuniones y el hecho que el servicio no depende de una única institución no son excusa para que los usuarios sigan recibiendo información errónea como ayer lunes volvió a ocurrir pese a las promesas del día anterior. Adif debe explicar públicamente cuál es la situación de la infraestructura en Cataluña y cuál es el alcance de la desinversión histórica que arrastra, definir un calendario claro y fiable de puesta en marcha de todas las líneas y un plan de mantenimiento a largo plazo. Renfe tiene que explicar cuál es la situación con los maquinistas, traumatizados por la muerte de dos de sus compañeros en apenas dos días, a lo que se suma un conflicto laboral por el traspaso a la Generalitat. Y el Govern, como titular del servicio, tiene que poner orden en la información y proveer transporte alternativo. La crisis no ha surgido de la noche a la mañana, sino que es producto de años de dejadez. Para restaurar la confianza de los ciudadanos se debe comenzar con explicaciones claras de lo que ha pasado para esclarecer las responsabilidades en todos los niveles.