Jóvenes antisistema
Quizás los jóvenes de derecha se han radicalizado y hablan otro lenguaje. Pero hay muchos más lenguajes que escuchar
En el mes de diciembre, un chico de unos dieciséis años me atropelló en el pasillo de su instituto. Ni se enteró. Siguió caminando y se perdió pasillo adelante. Sólo pude verlo de refilón. Lo justo para tener la sospecha de que encajaba en el perfil de chico joven con simpatías por la nueva derecha radical. Ese que caricaturizamos como ...
En el mes de diciembre, un chico de unos dieciséis años me atropelló en el pasillo de su instituto. Ni se enteró. Siguió caminando y se perdió pasillo adelante. Sólo pude verlo de refilón. Lo justo para tener la sospecha de que encajaba en el perfil de chico joven con simpatías por la nueva derecha radical. Ese que caricaturizamos como jóvenes radicales, machistas y desafiantes antisistema, una caricatura que para muchos parece extenderse a todos los jóvenes, según leemos y escuchamos casi a diario.
La verdad es que este parecía encajar un poco en el molde. A la mañana siguiente me lo volví a encontrar cuando entré en su clase con mis compañeras de proyecto. Resultó ser desafiante y un poco maleducado. Un poco adolescente contra el mundo. Íbamos a impartir un taller de historia oral, punto de partida de un trabajo con entrevistas familiares como herramienta para acercar la historia a los adolescentes. Nuestro proyecto estudia el papel de gente anónima y olvidada en la construcción de ciudadanía a través de biografías que nos ayudan a comprender que la democracia, en el pasado como ahora, la construimos entre todos, y tiene una pata de trabajo en institutos como este. Y los dos estudiantes que nos lo pusieron un poco difícil, riéndose de las mujeres que salían en nuestros materiales, mirándonos con suficiencia o poniendo en duda la falta de derechos durante el franquismo fueron aquel chico y su compañero.
Pero fueron los únicos de todas las clases con las que trabajamos durante dos días. Lo que encontramos de manera mayoritaria fue desconocimiento, sorpresa y, a poco que rascábamos, interés. Porque un montón de sus historias familiares enganchaban con lo que contábamos. En España o allá donde habían nacido. A veces con historias de ida y vuelta, nietos o bisnietos de exiliados a los que otra guerra había traído de regreso. Otras veces no había exilio, pero sí pobreza, sufrimiento, esperanza. Otras no había contacto previo con España hasta su propia llegada y se sorprendían al encontrar pasados y recuerdos similares en idiomas tan diferentes. Volvimos a casa con las pilas cargadas.
Cuando toma cuerpo, la caricatura de los jóvenes antisistema se desdibuja y muestra una realidad más compleja. Quizás los jóvenes de derecha se han radicalizado y hablan otro lenguaje que habría que descifrar. Quizás hay muchos más lenguajes que escuchar y mucha menos ruptura de la que a algunos parece interesarle.