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Opinión

Qué hacemos con nuestros médicos

Las lectores y los lectores escriben de las guardias médicas, del nuevo gobierno valenciano, los límites de la tolerancia y las declaraciones de Miguel Ángel Rodríguez

La semana pasada me reuní con amigas del instituto para celebrar el 40 cumpleaños de una de nosotras. Era sábado. Una de mis amigas estaba saliente de guardia e hizo el esfuerzo de venir sin dormir. Estaba agotada. La guardia, de más de 24 horas, había sido compleja; ella es algunas veces la única adjun...

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La semana pasada me reuní con amigas del instituto para celebrar el 40 cumpleaños de una de nosotras. Era sábado. Una de mis amigas estaba saliente de guardia e hizo el esfuerzo de venir sin dormir. Estaba agotada. La guardia, de más de 24 horas, había sido compleja; ella es algunas veces la única adjunta de su especialidad en un hospital de referencia. Me imagino lo difícil que será mantener la velocidad de reacción y tomar las decisiones correctas tras tantas horas seguidas de trabajo. Cuando le pregunté cómo iba todo me dijo que en noches como la que acababa de pasar se pregunta qué está haciendo con su vida. Yo lo que me pregunto es qué estamos haciendo todos con nuestros médicos y con el servicio que nos prestan, cómo es posible que sometamos a los trabajadores de los que depende nuestra salud a una presión laboral que no es legal en ningún otro ámbito, con qué derecho les pedimos que nos cedan tanta vida.

Ana López Ruiz. Madrid

Más de lo mismo en Valencia.

“Gobernaré para todos, voten a quien voten”, ha dicho el nuevo presidente de la Generalitat. Mientras que, en su discurso de investidura en la Generalitat, propone y suscribe el ideario económico y político de Vox: continuar con las centrales nucleares, reducción de impuestos, en contra del Pacto Verde suscrito por PP europeo, más control de la llegada de menores migrantes… El PP, por miedo a perder las elecciones y también por convicción —no nos engañemos—, ha preferido pactar su continuidad con la extrema derecha. También nos hizo, en su momento, falsas promesas el funesto Mazón. Un futuro desesperanzado e incierto nos espera a los valencianos hasta las próximas elecciones. Continuamos afirmando: “Por sus hechos los conoceréis, y amores son acciones, y no buenas razones”.

Víctor Calvo Luna. Valencia

El límite de la tolerancia.

Vivimos en un entorno donde la información circula más rápido que la comprensión, lo que vuelve las conversaciones reactivas y poco profundas. En ese clima, las personas racionales se retiran porque buscan diálogo y escucha, no confrontación ni sentencias. Y cuando la tolerancia termina justo en el límite de las propias convicciones, la posibilidad de un intercambio real simplemente desaparece.

Macarena Palou Frederick. Concepción (Chile)

Ni notario, ni periodista.

La frase más grosera, más insultante y más inapropiada, que nunca se haya oído en un juicio oral, la ha pronunciado Miguel Ángel Rodríguez en el Tribunal Supremo, para justificar que mintió. “Yo no soy notario, soy periodista”. Está clarísimo: justifica que mintió cuando filtró el bulo contra el fiscal General, y denigra a la profesión del periodista que puede mentir sin que pase nada. No Sr. Rodríguez: un periodista no miente, y si alguno osa hacerlo, desde ese momento ha dejado de ser periodista.

Julio García-Casarrubios Sainz. Ciudad Real

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