‘Durée’
Cómo se nos escapan volando los tiempos felices y cómo parecen alargarse, sin sentido, los traumáticos
Ha escrito el periodista Pedro García Cuartango un libro sobre Dios y su enigma a lo largo de los siglos, y entre medias se le ha escapado una tímida autobiografía, aspectos de una vida suya que a veces plasma en el diario Abc pero nunca con la intimidad con que lo hace en las páginas de ese libro. De El enigma de Dios (Ediciones B) no se hablará hasta mayo, cuando se publique. Mientras lo escribía, Cuartango cumplió 69 años, cinco más qu...
Ha escrito el periodista Pedro García Cuartango un libro sobre Dios y su enigma a lo largo de los siglos, y entre medias se le ha escapado una tímida autobiografía, aspectos de una vida suya que a veces plasma en el diario Abc pero nunca con la intimidad con que lo hace en las páginas de ese libro. De El enigma de Dios (Ediciones B) no se hablará hasta mayo, cuando se publique. Mientras lo escribía, Cuartango cumplió 69 años, cinco más que los que tenía su padre al morir. Y recordaba una foto de su abuelo con él en brazos, tomada a finales de 1955. Cuartango era un bebé y siempre había creído que en la imagen su abuelo era un anciano, cuando en realidad era mucho más joven (55 años) que lo que él es ahora. Me hace gracia porque, cuando estábamos en el instituto, fue noticia toda la semana habernos encontrado, en la mítica Carabás de Pontevedra, al padre de un amigo allí tomando una copa en la barra. Teníamos 16 años; aquel pobre hombre señalado y objeto de escarnio por frecuentar la noche, el padre de este amigo, tenía 36. Tengo 46: a mi edad, mi padre tenía un hijo de 25. Cuando lo recuerdo haciendo aspavientos por la casa por llegar tarde los fines de semana, imagino a uno de esos hombres rectos y viejos con bigote y poco pelo a punto del infarto. Bien, tenía 36 años, la misma edad que el padre de mi amigo que, vista la deriva, seguía por las discotecas. Cuartango cita a Bergson cuando refiere que la medida de la vida no es el tiempo cósmico newtoniano, sino ‘la durée’, la duración o percepción subjetiva del transcurso del tiempo interno. Cómo se nos escapan volando ciertos tiempos felices, haciendo difícil retener el recuerdo, y cómo parecen alargarse, sin sentido, los traumáticos, dejando una huella extraña: ¿por qué de aquellos meses de felicidad, o al menos paz, guardamos recuerdo más breve que unos pocos días de dolor? ¿Por qué duraban tan poco los días a los 20 años, se van alargando según uno envejece y, sin embargo, crece la sensación de que el tiempo empieza a volar?