Los amigos de Gérard Depardieu

La extrema derecha francesa ha convertido al actor, acusado de violencia sexual, en su nuevo héroe

El presidente francés, Emmanuel Macron, habla durante una entrevista en el programa de televisión 'C à vous', en el Palacio del Elíseo, en París, el pasado 20 de diciembre.LUDOVIC MARIN (AFP)

Desde hace unos días desfilan en las redes sociales francesas mensajes de amigos y defensores de Gérard Depardieu, a cual más compungido. Están muy arrepentidos. Carole Bouquet dice sentirse “profundamente incómoda”. Pierre Richard está “apenado, disgustado”. Algunos incluso se sienten “violados”, como el actor Jacques Weber. ¿El motivo? Haber firmado unos días antes una tribuna en defensa del artista acusado de violencia sexual por 13 mujeres y con tres denuncias por agresión y violación sin saber que ésta había sido escrita por un actor y editorialista de extrema derecha, cercano a Éric Zemmour. Ni el texto, que no menciona siquiera a las víctimas, ni el hecho de que éste se publicara en el diario reaccionario Le Figaro —en el que firma Zemmour con regularidad—, les llamó la atención. Lo que primaba entonces era defender al amigo Gégé, el “último monstruo sagrado del séptimo arte”, en peligro de cancelación “pese a la presunción de inocencia”. Por eso muchos de ellos ni se tomaron el tiempo de leer el texto.

Actores conocidos por su proximidad con la izquierda y sus combates históricos han estado legitimando por pereza intelectual un texto enfocado en la eterna y rancia defensa del hombre blanco víctima de la locura vengativa feminista. Esa que no entiende de razones ni de justicia y que arrasa con todo, incluso con uno de los mayores símbolos de la grandeur y de la influencia cultural francesa en el extranjero. Una idea repetida hasta la náusea por la extrema derecha estos días en las redes y en los medios de comunicación afines, en particular en la Fox News francesa, alias la cadena CNews, donde Depardieu es considerado un auténtico héroe y las agresiones sexuales, o la obscenidad notoria del actor en la industria del cine, son vistas como meras anécdotas que solo entretienen a los defensores del wokismo. La cuenta de X del autor de la tribuna, el actor —totalmente desconocido— Yannis Ezziadi, y sus intervenciones en las tertulias de CNews, donde clama contra el “terror” que ejerce la ola Me too sobre los hombres, son un claro reflejo de ello.

Cuando un tema da mucho que hablar, lee todo lo que haya que decir.
Suscríbete aquí

Como recalca la prensa gala, desde Le Monde hasta Mediapart, la extrema derecha ha conseguido con el caso Depardieu acaparar una vez más el debate, imponer su visión de la sociedad y de la cuestión de las violencias sexuales en los entornos de poder, como es la industria del cine. Pero más sorprendente aún, subrayan, esta ha logrado algo impensable hasta hace nada: poner un pie en un mundo, el de la cultura, del que siempre fue vetada.

Por si fuera poco, la extrema derecha francesa ha encontrado además un aliado inesperado, nada menos que en un presidente de la República visiblemente aquejado de amnesia, él que prometió hacer de la lucha contra la violencia de género una prioridad de su mandato y que en 2017 no esperó a que Harvey Weinstein fuera condenado por la justicia para retirarle la legión de honor. Emmanuel Macron no solo ha salido en defensa del monstruo sagrado, retomando el discurso de la tribuna sobre el linchamiento de un hombre que encarna como nadie el “orgullo” de toda una nación, sino que ha descreditado la investigación periodística realizada por la televisión pública que constituyó el detonante de la polémica. El presidente ha puesto en duda la honestidad del montaje, cuando este, además, fue supervisado por un perito judicial. Un reportaje que dejó a muchos admiradores del artista tristes y asqueados, y que no deja dudas posibles sobre el trato que reserva el actor a las mujeres.

Que Depardieu se haya convertido en el nuevo héroe de la extrema derecha es entendible. Incluso tienen los mismos amigos. Pero “¿qué hace Macron en esa cloaca?”, se pregunta la revista económica Challenges. ¿Acaso no fue suficiente con la ley de inmigración?, me pregunto yo. Los votantes suelen preferir el original a la copia. Haría bien el presidente francés en entenderlo porque de la grandeur a la décadence solo hay un paso.


Sobre la firma

Más información

Archivado En