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Las petroleras rusas exploran cómo frenar los drones ucranios

Un documento confidencial expone que el gigante energético Rosneft experimenta con múltiples barreras de protección levantadas con redes metálicas, andamios o contenedores marítimos

Depósitos de petróleo protegidos con mallas antidrones, en una imagen del informe de Rosneft de 2026Dallas Analytics

Noche tras noche, Ucrania ataca con sus drones bomba al sector petrolero ruso. El Kremlin financia con el crudo y el gas su maquinaria de guerra, y el objetivo de Kiev es poner palos a las ruedas a Rusia, sobre todo en un momento en el que la crisis bélica en Oriente Próximo ha disparado el precio de los combustibles y los ingresos del enemigo. El centro estadounidense Carnegie para Rusia y Eurasia estimó el 24 de marzo que el Estado ruso está ganando,...

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Noche tras noche, Ucrania ataca con sus drones bomba al sector petrolero ruso. El Kremlin financia con el crudo y el gas su maquinaria de guerra, y el objetivo de Kiev es poner palos a las ruedas a Rusia, sobre todo en un momento en el que la crisis bélica en Oriente Próximo ha disparado el precio de los combustibles y los ingresos del enemigo. El centro estadounidense Carnegie para Rusia y Eurasia estimó el 24 de marzo que el Estado ruso está ganando, desde que estalló la guerra en Irán, más de 4.300 millones de euros adicionales al mes con su petróleo en el mercado internacional.

Los beneficios rusos serían probablemente mayores si no fuera por los drones ucranios. La agencia de noticias Reuters calculó esta semana que los ataques de este marzo han bloqueado, por lo menos temporalmente, un 40% de la capacidad exportadora de crudo de Rusia. Una de las refinerías que quedó inutilizada el 21 de marzo, según medios rusos, es la que el mayor productor de petróleo del país, Rosneft, tiene en la región de Saratov, a 500 kilómetros de Ucrania.

Rosneft ha sufrido desde 2024, cuando dio inicio la campaña ucrania contra la industria energética rusa, bombardeos en 11 de sus centros de producción. La compañía ha elaborado este 2026 un documento interno en el que detalla ocho mecanismos de protección que está probando en sus instalaciones. El documento fue obtenido por el grupo ucranio de inteligencia Dallas Analytics, especializado en la publicación de información confidencial rusa pirateada. Dallas, que colabora con el Gobierno ucranio, asegura que estos datos son de gran valor para su ejército porque Moscú (y también Kiev) mantiene bajo un enorme secretismo sus sistemas de protección de la industria energética.

La conclusión de los expertos de Rosneft es que si los drones llegan al objetivo, poco puede evitar que se produzcan daños por la metralla que proyecta la explosión. El documento advierte de entrada que el armamento radioelectrónico que interfiere en la señal del dron es en la mayoría de casos inútil porque el aparato no está pilotado remotamente, es autónomo y sigue un curso programado para llegar a las coordenadas de destino y explotar. Lo más que pueden lograr, valora Rosneft, es mitigar los desperfectos.

Lo más llamativo es que este gigante de los hidrocarburos, controlado por el Estado ruso, no plantea levantar protecciones fijas, que serían más eficientes. Lo descartan porque supondría modificar la estructura de las refinerías, sería más costoso y requeriría largos procesos administrativos. El informe de Rosneft también da a entender que no contempla que la amenaza sea a largo plazo.

Rosneft, por ejemplo, propone cubrir la maquinaria de bombeo del crudo con un tejado de aluminio y en los laterales, incorporar un enrejado. Este detendría al dron, pero no impediría que las esquirlas de la explosión puedan dañar la maquinaria.

Las empresas eléctricas ucranias optan, por el contrario, por sarcófagos de hormigón para cubrir los transformadores de las subestaciones, que tienen unas dimensiones similares a las bombas de crudo de una refinería. Estos sarcófagos están, además, cubiertos por mallas.

La estructura de hormigón es prácticamente infalible contra drones bomba pero su instalación no está pensada solo para estos aparatos sino para rebajar el daño de los misiles, de mayor capacidad destructiva, y que Rusia dispara periódicamente contra la red eléctrica del país invadido. Los misiles no son una amenaza que Rusia haya afrontado hasta ahora, con algunas excepciones, como el uso puntual por parte de Ucrania de su todavía limitado arsenal de misiles de producción nacional Flamingo.

Mihailo Babiichuk, director de seguridad y resistencia de DiXi, consultora ucrania en energía, detalla que su país lleva más tiempo desarrollando tres niveles de defensa en instalaciones energéticas. Los tres niveles descritos por Babiichuk no difieren en exceso respecto al ruso, excepto en que el plan de protección es inherente en el diseño de estas infraestructuras y no algo temporal. “El objetivo no es una protección total, sino la limitación de daños, una recuperación más rápida y mantener la red operativa ante ataques repetidos”, apunta el experto de DiXi.

Murallas de contenedores

Rosneft trabaja con dos niveles de protección. Uno a mayor distancia, y el otro, inmediatamente alrededor del objeto que quiere defender. El primer nivel supone levantar una barrera de hasta 36 metros de altura. Esta debería detener al vehículo explosivo al final de su descenso. Este muro propone la compañía que esté formado por rejas de metal, columnas de contenedores de barcos o, incluso, una gran capa de protección sujetada sobre grúas de obras. Esta última opción es la más experimental; la alternativa, la de los contenedores, Rosneft admite que requeriría miles de unidades para sus plantas en todo el territorio ruso.

La segunda capa de protección es donde la empresa ya ha aplicado más mecanismos sobre el terreno. Sobre todo hay ejemplos de coberturas con redes metálicas, parecidas a lo que sería la carpa de un circo. Un portavoz de Dallas Analytics estima, a partir de información pública, que un 80% de estas infraestructuras industriales, no solo Rosneft, han introducido barreras similares, aunque con grandes diferencias en cuanto a calidad.

Lo que estas redes no impiden, subraya la compañía, es que si un primer dron abre con su explosión una brecha en la malla metálica, un segundo aparato golpee de nuevo allí y cause daños mayores. Dallas Analytics ofrece imágenes de un depósito de crudo de Rosneft que fue destruido el pasado febrero pese a que estaba cubierto por red. Las centrales eléctricas y gasísticas ucranias utilizan desde 2024 rejas de acero para contener el impacto de los drones rusos, obstáculo que debe reemplazarse periódicamente por los ataques diarios enemigos. Rosneft también propone la posibilidad de rodear los depósitos con andamios de obras, aunque no hay pruebas de que haya sido utilizado.

Las torres de destilación del petróleo, uno de los puntos más importantes de las refinerías, son más vulnerables, indica Rosneft, porque requiere ensamblar estructuras de metal y al final garantizan escasa seguridad. La conclusión final del informe es que lo esencial es mantener lo depósitos lo más vacíos posibles y que los componentes más fundamentales de la refinería deben ser cubiertos con materiales resistentes como el kevlar.

“Rendición rusa”

Dallas subraya que la industria rusa tiene pocas opciones más allá de confiar en que aviones y ametralladoras antiaéreas derriben a los drones antes de llegar a su objetivo. Mijailo Gonchar, experto en seguridad y energía del centro de estudios ucranio Strategy XXI, opina que Rusia relativizó la amenaza de largo alcance ucrania y ahora va tarde: “Las empresas rusas no se lo tomaron en serio. Esto se debe en gran medida a la propaganda rusa, que creó la percepción, no solo en la sociedad, sino también entre la alta dirección de estas empresas, de que la victoria de Rusia era inminente y, por lo tanto, no había necesidad de gastar dinero”.

Grif, nombre en clave del jefe de Investigación y Desarrollo del 7º Cuerpo del Ejército ucranio, asegura que el documento es en sí mismo una “rendición”: “El documento prueba que Rusia intenta solucionar un desafío digital [drones que operan de forma autónoma con inteligencia artificial (IA), como los Liutyi] utilizando métodos de la I Guerra Mundial”.

Este alto rango militar ucranio reitera que las estructuras de defensa propuestas por Rosneft son inoperantes ante enjambres de drones que se coordinan de forma autónoma con sus cámaras y mediante la IA: “El documento es un intento de ampliar soluciones de trinchera a escala de enormes instalaciones industriales. Evidencia una total falta de confianza en sus propios sistemas de defensa aérea y de guerra electrónica”.

Un aspecto que sorprende en especial a Grif es que Rosneft no plantea medidas para detener la propagación del fuego en instalaciones que albergan tanto combustible, y que incluso reconoce que estas estructuras de mallas dificultan el trabajo de los servicios de emergencias y favorecen que la climatología las derribe.

El Kremlin y sus compañías quieren pisar ahora el acelerador, como demuestra el documento de Rosneft y el hecho de que el ejército ruso iniciara en otoño del año pasado una movilización parcial de sus reservistas para reforzar estas instalaciones energéticas.

Ucrania castigó la semana pasada los puertos estratégicos de Primorsk y Ust-Luga, situados en la región de Leningrado, en las inmediaciones de San Petersburgo. Los drones de Kiev incendiaron varios días seguidos estas instalaciones clave para las exportaciones petroleras rusas hasta el punto de que suspendieron la carga de crudo.

Varios canales proguerra rusos de Telegram con cientos de miles de suscriptores han acusado a los países bálticos de permitir el paso de los drones ucranios sobre su territorio para alcanzar estos puertos. Sin embargo, los países de la Unión Europea desmienten haber cooperado con Kiev. El Ministerio de Defensa letón recalcó que Letonia, Lituania y Estonia no participan “ni en la planificación ni en la ejecución de los contraataques ucranianos contra Rusia”.

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