La expansión de los ataques de Irán en el Golfo trunca la apuesta de Arabia Saudí por la distensión con Teherán
Los embates a la infraestructura petrolera y la embajada de Estados Unidos en Riad dan al traste con la estrategia de mejorar las relaciones
Arabia Saudí conocía por experiencia propia el daño que le podía infligir Irán antes de que en estos últimos días, con el estallido de la guerra, el país fuera alcanzado por drones que han afectado a una planta petrolífera y a la Embajada de Estados Unidos en Riad. En 2019, la mayor planta de procesamiento de crudo y el segundo mayor yacimiento de petróleo del país ...
Arabia Saudí conocía por experiencia propia el daño que le podía infligir Irán antes de que en estos últimos días, con el estallido de la guerra, el país fuera alcanzado por drones que han afectado a una planta petrolífera y a la Embajada de Estados Unidos en Riad. En 2019, la mayor planta de procesamiento de crudo y el segundo mayor yacimiento de petróleo del país fueron alcanzados por misiles de origen iraní, que interrumpieron temporalmente más de la mitad de la producción. Dos años más tarde, los rebeldes hutíes de Yemen, apoyados por Teherán, golpearon con un dron una gran terminal de almacenamiento en el puerto de Ras Tanura, en el este del país. Y en 2022, el grupo impactó otro depósito en Yeda, en la otra punta del reino.
Este lunes, Arabia Saudí revivió la tensión de aquellos sucesos al verse obligado a cerrar la planta de Ras Tanura, que alberga la mayor refinería del reino, por los daños causados por los restos de dos drones interceptados cuando se precipitaban hacia sus instalaciones, según informó el Ministerio de Defensa. En la madrugada de este martes, la Embajada de Estados Unidos en Riad fue alcanzada por otros dos drones, que ocasionaron un incendio y desperfectos limitados.
Estos últimos ataques, sin embargo, llegan en un contexto distinto. Si los primeros tuvieron lugar en un periodo muy hostil entre Arabia Saudí e Irán, los más recientes se producen tras tres años de distensión y de rivalidad contenida entre ambas partes. Teherán los enmarca en su respuesta a la ofensiva lanzada el sábado por Israel y Estados Unidos. Pero para Riad suponen un duro revés a su apuesta por la desescalada, entierran la arquitectura de seguridad que ha impulsado en el golfo Pérsico en los últimos años y le obligan a redefinir su estrategia regional.
“Los ataques de Israel y Estados Unidos a Irán y las represalias iraníes, centradas sobre todo en los Estados del Golfo, son, si no sorprendentes, ciertamente decepcionantes”, señala Umer Karim, experto en política saudí del Centro Rey Faisal de Investigación y Estudios Islámicos. “Todos ellos han invertido, a su manera, un gran capital político para mejorar las relaciones con Irán y esperaban que se respetara su soberanía y su integridad territorial”, prosigue, pero “como no ha sido así, es evidente que las relaciones se han visto considerablemente dañadas”.
Los líderes del régimen iraní y de la monarquía saudí se han observado con recelo desde la fundación de la República Islámica. Pero a principios de 2023, tras años sin relaciones, ambos optaron por romper con esta inercia y restablecieron vínculos diplomáticos. Para el príncipe heredero saudí, Mohamed Bin Salmán, la estabilidad regional era clave para impulsar un ambicioso plan de desarrollo económico en el reino. Para Teherán, mejorar las relaciones con los vecinos árabes, sobre todo con Riad, era una vía para reducir el aislamiento internacional.
Pese a este acercamiento, la relación nunca acabó de despegar. Los estrechos lazos de Arabia Saudí con Estados Unidos y su predisposición, al menos antes de la guerra en Gaza, a explorar un acuerdo de normalización de relaciones con Israel chocaban frontalmente con los intereses de Irán, cuyos aliados en la región han seguido siendo un motivo de preocupación en Riad.
Con todo, la concordia atravesó con éxito un gran test de estrés en junio de 2025, durante la anterior ofensiva de Israel y Estados Unidos contra Irán. En aquella ocasión, Arabia Saudí condenó los ataques en territorio iraní y Teherán respondió de forma mucho más calibrada que ahora, con un ataque contra una base aérea estadounidense en Qatar, del que alertó antes.
Teherán, sin embargo, ya avisó de que, si sufría otro ataque a gran escala, respondería con más contundencia. La advertencia no pasó desapercibida para los países del Golfo, que en los compases previos a la ofensiva que se inició el sábado redoblaron los esfuerzos diplomáticos para evitar precisamente una acción militar que les arrastrara a un conflicto que ninguno de ellos quería.
Entre bastidores, no obstante, la posición de Riad supuestamente dio un giro. En las semanas previas a la ofensiva, el príncipe Bin Salmán y su hermano, el ministro de Defensa, Jalid Bin Salmán, mantuvieron contactos con altos cargos estadounidenses, incluido el presidente Donald Trump, en los que presuntamente abogaron por un ataque a Irán, según un artículo del pasado sábado del diario The Washington Post que cita a cuatro personas familiarizadas con estas discusiones.
La noticia del medio estadounidense no revela la nacionalidad de las fuentes y el portavoz de la embajada saudí en Washington, Fahad Nazer, negó, tras su publicación, que presionaran al Gobierno de Trump para atacar. Aun así, existe la posibilidad de que en los prolegómenos de la ofensiva Riad ya se resignara a consentir alguna operación para influir en el desenlace.
De una forma u otra, sus peores presagios empezaron a cumplirse en las horas posteriores al embate inicial de Israel y Estados Unidos. Entre los blancos de la réplica de Teherán figuraron Riad y la provincia oriental de Arabia Saudí, donde se concentra la infraestructura petrolera y no se conocen activos militares estadounidenses. El reino reaccionó con enfado y tachó el ataque de “agresión injustificada” y “cobarde”, ante la que se reservó la opción de responder.
“Para Arabia Saudí, el daño es significativo y probablemente ha llevado los lazos con Irán a sus tiempos anteriores a la primavera árabe [de 2011], cuando Irán era la principal amenaza y toda su política exterior se orientaba a contrarrestar a Teherán”, considera Karim. “Esto también significa que ahora [Riad] está aprendiendo que, a menos que haya estabilidad en Irán y entre Irán y Estados Unidos, la estabilidad en el Golfo seguirá siendo difícil de alcanzar”, observa.
A pesar del tono de algunos de sus comunicados, Riad ha intentado minimizar públicamente el alcance de los ataques que ha sufrido, afirmando que los daños han sido limitados. También ha canalizado la respuesta hasta ahora a través de cauces diplomáticos, y una de las primeras medidas que adoptó fue convocar al embajador de Irán en Riad para condenar los ataques.
Para algunos analistas, dinamitar el reajuste de las relaciones entre Irán y sus vecinos árabes es de hecho uno de los objetivos de Israel. “Uno de los blancos de Israel en esta guerra es la distensión entre Irán y los [países árabes] del Golfo, muy especialmente con Arabia Saudí. Al ampliar sus objetivos, Irán está ayudando activamente a Israel a lograrlo”, ha escrito en X la directora del Golfo y la Península Arábiga en el think tank Crisis Group, Yasmine Farouk.
Al mismo tiempo, los ataques iraníes contra todos los países árabes del Golfo han conducido a un acercamiento momentáneo de posturas en la región, incluido entre sus dos grandes pesos pesados, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, que recientemente se habían enfrentado por sus posiciones e intereses divergentes, sobre todo en Yemen, Sudán y Somalia. Desde el sábado, en cambio, los líderes de ambos países han cerrado filas y han proyectado una respuesta coordinada.
Hasta dónde llegará la paciencia de Riad, sin embargo, es incierto. “Los Estados del Golfo están a punto de alcanzar sus límites con Irán, tras lo cual será difícil tolerar [más] ataques iraníes y no responder”, anticipa Karim, que no descarta que “en los próximos días podrían presenciarse importantes operaciones defensivas y posibles acciones ofensivas contra Irán, especialmente si siguen atacando infraestructura energética y civil”.