Ribera critica la inacción de Von der Leyen ante Venezuela y Groenlandia: “No podemos estar en silencio”
La vicepresidenta de la Comisión Europea reclama una “alianza” entre la UE y los gobiernos del continente
Diez días después de la intervención militar sobre Venezuela y de las continuas bravatas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre Groenlandia, la respuesta de la Comisión Europea sigue siendo ...
Diez días después de la intervención militar sobre Venezuela y de las continuas bravatas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre Groenlandia, la respuesta de la Comisión Europea sigue siendo un escueto comunicado escrito en el lenguaje de madera de los diplomáticos en el que ni siquiera se cita a Washington. La vicepresidenta comunitaria Teresa Ribera ha señalado este martes directamente a Trump y ha advertido contra la inacción de Europa. Frente al “de alguna manera vamos a quedarnos con Groenlandia” que ha repetido Trump en las últimas horas, Ribera rechaza de plano “las amenazas de los aliados basadas en hechos alternativos: Groenlandia no está en venta”. Pero tal vez lo más inusual en su comparecencia —en el Forum Europa de Bruselas— ha sido un ataque velado a la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, completamente desaparecida en esta crisis: “No podemos permanecer en silencio o ser indiferentes”.
“No necesito leyes internacionales. Mi propia moral. Mi propia opinión. Eso es lo único que puede detenerme”, afirmó Trump en una entrevista en The New York Times. En Bruselas no hay respuesta a esas fanfarronadas. La Comisión Europea está petrificada. Ha optado por la contención desde la llegada de Trump a la Casa Blanca, una política de apaciguamiento con magros resultados en la guerra arancelaria, en Gaza, en Ucrania y ahora en Venezuela y sus consecuencias.
Ribera, que también ha sido una de las voces más críticas del Ejecutivo europeo frente a la inacción del bloque ante la masacre en Gaza, que ha calificado abiertamente de “genocidio”, ha ofrecido ahora la primera respuesta más o menos incómoda frente a la Administración estadounidense: “Bruselas no consigue elevar la voz porque teme la reacción de Trump en Ucrania”, según las fuentes consultadas. Sin buscar un enfrentamiento directo, Ribera sí invita a pensar que en las próximas horas puede haber movimientos en las instituciones. “La UE no estaba preparada para un mundo en el que los aliados tradicionales iban a romper las leyes internacionales”, ha admitido tras criticar la intervención militar en Venezuela por ir contra las normas internacionales. En este sentido, ha hecho una llamada “a un uso racional de la fuerza” y ha alertado que olvidar los principios del derecho internacional “solo puede llevar a consecuencias negativas para el futuro”.
Bruselas sigue preparando los eventuales escenarios ante una posible irrupción estadounidense en Groenlandia: en suelo europeo (Dinamarca) y dentro del territorio OTAN, lo que podría acabar dinamitando la Alianza Atlántica. Nada se sabe aún de la posible respuesta europea. Se especula con el posible envío de tropas, con sanciones, con una sacudida diplomática que incluye conversaciones con socios como Canadá y Noruega. Ribera no ha dado pistas de por dónde van a ir los tiros. “El contexto es de lo más desafiante”, ha advertido. “Tenemos los medios, las fortalezas, las capacidades y la visión para construir las respuestas”, ha asegurado. Lo más parecido a esa posible respuesta es una “alianza” entre las instituciones europeas y los gobiernos continentales, con coaliciones de voluntarios que eviten la regla de la unanimidad. Por ahí pueden ir los tiros si las amenazas de Trump se concretan. Aunque no hay nada específico todavía: ni siquiera una condena con todas las de la ley a las últimas acciones y amenazas del trumpismo.
Ribera, de momento, está completamente sola en ese mayor nivel de agresividad verbal. El secretario general de la OTAN, el holandés Mark Rutte, ha pasado hoy en la Eurocámara, como suele, de puntillas por ese jardín, ante la necesidad de mantener su buena sintonía con Trump. La jefa de la diplomacia europea, la estonia Kaja Kallas, apenas ha mencionado a Groenlandia en una comparecencia conjunta con el ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius.
Von der Leyen reúne mañana a su colegio de comisarios y es posible que despierte después de más de 10 días de letargo. Groenlandia fue una suerte de antecedente del Brexit: allá por 1985 decidió salir de la UE por una disputa relativa a la política pesquera. Nadie supo ver entonces su futura importancia como enclave geopolítico, ahora que el deshielo del Ártico la convierte en un enclave apetitoso, ni anticipó que podía ser un territorio valioso por su riqueza geológica. La era de la geopolítica fuerte que impone Trump ha cogido a Europa mal equipada en esa disputa. Sin una defensa común. Sin una política exterior digna de ese nombre. Con una toma de decisiones endiablada, con la camisa de fuerza de la unanimidad impidiendo avanzar. Y con el reto de responder al aliado histórico, Estados Unidos, que parece decidido a replicar en Groenlandia el modelo de intervención venezolano. Esta vez la excusa es la seguridad. Pero la verdadera razón es la posición geográfica de esa gigantesca isla y sus yacimientos de minerales: posee 25 de las 34 tierras rara identificadas por la UE como claves para el desarrollo tecnológico.