Marlen Estévez: “Un ‘no, ni de coña’ es solo el principio para lograr un acuerdo entre contrarios”
Abogada, socia de un gran despacho, mediadora en conflictos internacionales y fundadora del Club Hispanidad Futura, Estévez, de 42 años, confiesa su vocación de periodista y actriz: “Cada vez confío más en la intuición”
Nos vemos en la sala Octavio Paz de la Casa de América, en Madrid, un abigarrado espacio desde cuyas ventanas emplomadas se divisa el perfil del palacio de Linares, así que rompemos el hielo hablando del ...
Nos vemos en la sala Octavio Paz de la Casa de América, en Madrid, un abigarrado espacio desde cuyas ventanas emplomadas se divisa el perfil del palacio de Linares, así que rompemos el hielo hablando del fantasma que, según algunas crónicas, habita intramuros. Marlen Estévez —traje negro y blanco, joyas a tono, manicura y peinado impecables—, es una mujer alta y esbelta, guapa sin apabullar, que mira con franqueza a los ojos ofreciendo los suyos y trata de caer bien instantáneamente. Se la ve pletórica. Acaba de clausurar el primer foro del Club Hispanidad Futura, del que es fundadora, y esta tarde vuela a Colombia para una mediación entre partes. De pie ante una enorme e imponente mesa de reuniones, insiste en que sea yo quién elija primero dónde y cómo sentarme, y solo después se sienta ella y se ofrece a la charla.
¿Importa cómo nos sentemos? ¿Cómo se sienta cuando media entre partes?
Claro que importa, y mucho. Es deformación profesional. Normalmente, no me gusta estar uno enfrente de otro. Se marca, de inicio, una distancia que no es buena para la conversación. Es mucho mejor estar las dos en igualdad de plano. Si yo entro en una sala y veo que nadie quiere sentarse en una silla, me siento yo, le doy la vuelta y me pongo a tu lado. Me encantan las personas. Eso, Paz, genera cercanía y confianza. Yo no juzgo: observo y pregunto.
Perdón, pero me llamo Luz.
Ay, Luz, perdón. Qué horror, me acabo de tirar un tiro en el pie. Debe de ser que estoy cansada. Trato de recordar siempre el nombre de la persona que tengo enfrente, porque eso es lo mejor que puedes hacer para generar confianza, y la he cagado. Perdón, perdón, perdón.
En absoluto. He leído que quiso ser periodista. ¿Tiene que ver con su profesión?
Más de lo que puedas pensar. Lo que tiene que hacer un mediador o experto en resolución de conflictos es hacer las preguntas correctas. Y para eso hace falta curiosidad. Yo eso es algo que traigo innato, desde pequeñita, pero para mi trabajo, me interesa saber por qué ves las cosas desde un ángulo concreto. Trabajamos con lo que no se ve, algo que es precioso. Y también hay una parte psicológica que es apasionante, entonces, tienes que ir indagando para ver potenciales soluciones que no están sobre la mesa.
Imagino que, cuando llega a una reunión, se lo sabe todo de los presentes.
Me he estudiado absolutamente todo, pero luego dejo que fluya. Cada vez confío más en mi intuición. Y para eso hay que trabajar cuerpo, alma y mente. Tengo que estar muy trabajada al llegar. Que no me afecten las energías de uno ni de otros. Todos tenemos un sesgo, pero trato de dejar fuera el mío. Mi labor es hacer la tarta más grande para que las partes encuentren espacios que compartir que ni siquiera se les habían ocurrido.
¿O sea, que para usted, no existe el “no, ni de coña”?
Es que el “no” siempre va a ir de entrada. Si dos, o más, te llaman para que medies entre ellos es porque no se ponen de acuerdo. Entonces, un “no, ni de coña” es solo el principio de un acuerdo entre contrarios. ¿Que dicen que no? Bien, vamos a arremangarnos, aquí hay trabajo que hacer. Y se trabaja de muchas formas. Primero, tiene que haber voluntad por parte de las partes involucradas, y que estén en la sala las personas que tienen la capacidad de decidir adecuada. Cada maestrillo tiene su librillo.
¿Y cuál es el suyo?
Se aprende y se entrena, claro. Aparte de en Derecho, yo estoy cualificada en cuestión de arbitraje y mediación de conflictos. Doy clases en universidades, a directivos. Son habilidades que luego sirven para todo. Hay que saber leer la situación, y para eso es fundamental saber escuchar, no solo con el oído, hay cosas que suceden en una sala y que no se ven. Cómo se saludan, cómo se miran, el tono de voz, quién quiere llevar el liderazgo. Yo trato de canalizar mucho a través de la sonrisa. Mi trabajo es generar confianza, solo puedo trabajar bien si las dos partes confían en mí.
¿Y tiene líneas rojas?
Por supuesto que sí. La primera, es el código deontológico del Estatuto de la Abogacía. Esa es la oficial. Y luego está la personal. Afortunadamente, no me ha pasado, pero si tú sabes que, por detrás, se está cometiendo una ilegalidad, o de lo que se está hablando es intolerable, no lo haces. Yo concibo esta carrera a largo plazo, me gusta construir relaciones, quiero que me vean como el partner adecuado, la persona de confianza para todo lo que te quieran llamar, y eso hay que ganárselo.
Pero un abogado puede defender a un asesino múltiple. ¿Usted lo haría?
Por supuesto, faltaría más, es que, además, la defensa es un derecho. Yo no hago penal, sino resolución de conflictos en el ámbito civil y mercantil. No me han tocado temas que para mí sean delicados emocionalmente. Es cierto que hay veces que te toca estar en un lado de la mesa y preferirías estar en el otro. Pero, cuando tienes unas cartas, tienes que jugarlas de la mejor manera posible.
¿Mediaría entre un tirano opresor y el colectivo oprimido?
Sin ningún tipo de problema. Es que tenemos que hablar, tenemos que construir. No se me ocurre prácticamente nadie con quien yo no me pudiera sentar a tomar un café. Cuando te sientas a tomar un café, realmente escuchas. Aquellos que escuchan cambian el mundo.
¿Y entre una banda terrorista y un Gobierno?
Habría que ver el contexto, pero no me negaría. En una negociación, lo que tratas de ver es los posibles puntos de acuerdo. Por definición soy una persona abierta al acuerdo y a encontrar puntos en común. Por supuesto, esos puntos tienen que respetar la legalidad. Tengo muy claros mis valores y principios, y nunca defendería un acuerdo que no respeta esos valores y esa legalidad.
Imagino que no se escandaliza fácilmente.
No, en absoluto. Además, me gusta. Me da miedo esta sociedad en la que todo se lleva a los extremos, el que nos dejemos encasillar, que no tengamos pensamiento crítico y nos creamos todo lo que nos cuentan. Tenemos que generar más pensamiento crítico, tenemos que ser capaces de decir: de esto no sé. No tenemos que saberlo todo. Hay miedo a cambiar de opinión. Y yo creo, sin embargo, que los auténticos líderes son los que, gracias a un proceso de escucha, son capaces de mejorar su opinión y complementarla con la de otros.
Tiene dos hijos preadolescentes. ¿Teme a las negociaciones que se le avecinan en casa?
Ni te imaginas, y ya están empezando. Las tarea más difícil que hemos venido a hacer es educar a los hijos, y es para la única que no nos han formado, con lo cual estoy leyendo muchísimo, y trato de ejercitar mucho la paciencia personal, porque creo que es mi mayor responsabilidad: dejar a dos personas formadas y darles libertad para elegir. En el lecho de muerte la gente se arrepiente de no haber vivido la vida que querían vivir, y yo no quiero ser esa madre que imponga a sus hijos nada, sino darles la posibilidad de conocer culturas, religiones, formas de vida, de que respeten, se hagan respetar y elijan en libertad.
También hay quien se arrepiente de no haber pasado más tiempo con los suyos. ¿Es su caso?
Sé que todo el mundo espera que diga que sí, pero la realidad es que no. Eso no quiere decir que no haya días en los que llegue a casa y diga que no llego a nada, pero, en general, estoy viviendo mi vida desde la autenticidad, haciendo lo que creo que tengo que hacer y no estoy en un sitio pensando que tengo que estar en otro. Mis hijos son importantísimos en mi vida, pero eso no quiere decir que lo tenga que vivir solo de una forma que es la que parece que está escrita. No lo vivo desde el sufrimiento, el arrepentimiento o la frustración, sino desde la ilusión de que la vida me está permitiendo tener todas estas experiencias, conocer a gente maravillosa, poder ayudar, enseñar a mis hijos que hay mucho que ellos pueden hacer por el mundo y que lo vean en casa. Soy muy afortunada y me acuesto muy tranquila.
Abogada de élite, mediadora. ¿Cuánto machismo ha visto a su alrededor?
Pues la verdad es yo no he sentido la diferencia por ser mujer. Fui a un colegio religioso, pero muy abierto. He estudiado y trabajado fuera. Soy socia de un gran bufete de abogados. Sí sentí machismo cuando mi marido y yo decidimos ser padres, y la gente, incluso mi familia, me preguntaba: “Y ahora, ¿qué? Y yo no entendía la pregunta ni por qué a él no se lo preguntaban. Fue un shock cultural. Esa pregunta, que sigue estando ahí, me hizo replantearme muchas cosas. Llamé a un cura, Luc, con el que había estado en Camerún, se lo conté y me dijo: para que unos hijos sean felices, su madre tiene que ser feliz. Entonces, no hay una respuesta correcta, hay 250.000 respuestas correctas. Depende de tu propósito. Me parece fenomenal quien haga lo contrario, pero a mí me encanta mi trabajo y no quería dejar de trabajar.
¿Cree que hay un estilo de liderazgo femenino?
Lo que creo es que hay un liderazgo humanista, de hombres y de mujeres, y que para llegar alto en cualquier profesión hay que trabajar muchísimo. Esto va de meritocracia y de autenticidad. Yo considero que un líder es quien ha venido a servir a otros y a sacar su mejor versión. Y para eso hay que trabajarse mucho uno mismo el autoconocimiento.
¿Qué pretenden conseguir con el Club Hispanidad Futura?
He tenido la suerte de trabajar muchos años en un despacho chino y me sorprendió mucho que allí ven a España conectada con Latinoamérica de una forma orgánica, natural. Y creo que faltaba una voz común hispana para construir un futuro juntos. Desde la sociedad civil, sin ánimo de lucro, y al margen de la política se pueden hacer muchas cosas y tenemos una responsabilidad: llevar la voz hispana a los principales foros de opinión del mundo.
La presidenta de México sigue exigiendo que España pida perdón por la conquista. ¿Qué le diría?
La política es para los políticos y el pasado es pasado. No es nuestro objetivo. Queremos generar un sentimiento de pertenencia. Si somos capaces de construir lazos civiles con alma, este proyecto va a ser imparable.
Dígaselo a Trump y su política de deportación masiva de hispanos.
Nosotros no vamos a entrar ahí, y habrá quien diga: me parece fatal. Pues que haga un movimiento en ese sentido, pero nosotros no vamos a entrar en ser un contrapeso. Siempre habrá cosas en una decisión que te puedan gustar más o menos, pero no es nuestro cometido, este es un proyecto que nace de la sociedad civil para la sociedad civil. Lo cual no quita que lo vayamos a elevar a los foros internacionales, y si lo quiere coger Pedro Sánchez, fenomenal, y si lo quiere coger Milei, fenomenal. Queremos que lo que proponemos suceda, sin egos, pero dejamos la política a los políticos y lo tenemos clarísimo.
¿Qué queda de la periodista y actriz que quería ser de niña?
Al final, Luz, he conseguido hacerlo, pero desde el otro lado. Este es el mensaje. A veces, te puedes centra en lo negativo, pero yo trato de ver lo positivo, Y creo que no hay caminos rectos. Hay gente que, con mi perfil, tiene clarísimo lo que quiere. Yo no, no sé lo que haré en cinco años. Me dejo llevar. Sigo soñando que no he aprobado Mercantil, o que salgo desnuda de una piscina delante de todo el mundo. Pero sigo trabajándome la cabeza y tirando para adelante cada día para poner mi granito de arena contra las injusticias. Es mi forma de intentar cambiar el mundo.
LOS RENGLONES TORCIDOS DE MARLEN
De pequeña, Marlen —“Me llamo Elena, pero me llamaron así para distinguirme de otras Elenas de la familia”— Estévez (Madrid, 42 años) quería ser periodista o actriz. De familia de juristas y artistas, la niña Estévez no soportaba la injusticia ni siquiera en su grupo de amigas y se decantó finalmente por estudiar Derecho. Con un aplastante currículo, Estévez es, a sus 42 años, socia y directora del Departamento de Litigación, Arbitraje y Mediación y miembro del Consejo de Administración de RocaJunyet Abogados, fundadora de Women in a Legal World y fundadora del Club Hispanidad Futuro, entre otras labores. Las aborda, afirma, con una mezcla de disciplina, pasión y cabezonería, y le han servido su curiosidad y su pasión de periodista y actriz en potencia, “aunque no sea por el camino recto”. Lo que más le impone, sin embargo, es su inminente papel de mediadora y negociadora en la adolescencia de sus dos hijos. Ahí no tiene ni experiencia ni hay nada escrito.