Los manifestantes se atrincheran en el palacio presidencial de Sri Lanka

Cientos de personas que protestaban por la crisis económica continúan ocupando la residencia oficial a la espera de que las dimisiones del primer ministro y el presidente sean efectivas

Los manifestantes se agolpaban en la residencia oficial del dimitido presidente Gotabaya Rajapaksa, este lunes en Colombo.Foto: Rafiq Maqbool (AP) | Vídeo: Reuters

Cientos de manifestantes ocupan el saqueado palacio presidencial de Sri Lanka a la espera de que las dimisiones anunciadas por los mandatarios del país asiático sean efectivas. La oficina de prensa del primer ministro comunicó este lunes que el presidente, Gotabaya Rajapaksa, y todo el Ejecutivo renunciarán y dejarán paso a un Gobierno de unidad “tal y como se anunció previamente”. Rajapaksa hizo público el pasado sábado que abandonará el...

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Cientos de manifestantes ocupan el saqueado palacio presidencial de Sri Lanka a la espera de que las dimisiones anunciadas por los mandatarios del país asiático sean efectivas. La oficina de prensa del primer ministro comunicó este lunes que el presidente, Gotabaya Rajapaksa, y todo el Ejecutivo renunciarán y dejarán paso a un Gobierno de unidad “tal y como se anunció previamente”. Rajapaksa hizo público el pasado sábado que abandonará el cargo el próximo miércoles, después de que miles de personas irrumpieran en su residencia oficial, en protesta por la grave crisis económica y de desabastecimiento que sufre el país, la mayor desde la independencia del Reino Unido en 1948. El aún líder esrilanqués no ha hecho declaraciones ni ha sido visto en público desde entonces, lo que ha provocado que aumente el escepticismo, puesto que, según la Constitución, su dimisión solo tiene valor oficial una vez renuncie por escrito ante el Parlamento, algo que aún no ha ocurrido.

“Todos los ministros consultados consideran que, en cuanto se alcance un acuerdo para formar un Gobierno multipartidista, estarán dispuestos a ceder sus responsabilidades”, afirman este lunes desde la oficina del primer ministro, Ranil Wickremesinghe. El propio Wickremesinghe también aseguró el sábado que dará un paso atrás, aunque no ha confirmado cuándo.

A pesar de que tanto Rajapaksa como Wickremesinghe, ambos de 73 años, sostienen que “garantizarán el traspaso pacífico de poder”, los líderes de las protestas que llevaron al asalto de la residencia presidencial y de la vivienda del primer ministro mantienen que los manifestantes continuarán ocupando estos y otros edificios oficiales hasta que ambos dimitan. El palacio presidencial, uno de los mayores símbolos de poder del país, continúa convertido en una atracción a la que acuden los curiosos para disfrutar de lujos como la piscina, el gimnasio e incluso la cama del presidente. En la mansión, los manifestantes encontraron 17,85 millones de rupias (49.000 euros) en billetes nuevos, que han sido entregados a la policía este lunes, según medios locales. “La policía recibió el dinero en efectivo y lo entregará hoy [por este lunes] a la justicia”, dijo un portavoz de la policía.

Expertos consultados por Reuters opinan que, una vez el presidente y el primer ministro abandonen sus funciones de manera oficial, el presidente del Parlamento, Mahinda Yapa Abeywardena, considerado un aliado de Rajapaksa, asumirá provisionalmente la presidencia y se iniciará el proceso de sucesión que, según lo autorizado por la ley, debe durar un plazo máximo de 30 días. Abeywardena ha anunciado este lunes que el Parlamento retomará sus funciones el próximo viernes y que los diputados elegirán un nuevo presidente el miércoles 20 de julio. Las próximas elecciones presidenciales están previstas para 2024.

La ocupación de las viviendas del presidente y el primer ministro ha sido la culminación a meses de protestas mayoritariamente pacíficas. Oficialmente, los enfrentamientos del sábado entre la policía y los manifestantes no han dejado ninguna víctima mortal, aunque sí varias decenas de heridos. Desde marzo, cientos de miles de personas en todo el país han exigido a las autoridades que asuman su responsabilidad ante la escasez de alimentos, combustible y medicinas, bienes básicos imposibles de importar debido a la falta de divisas extranjeras. Gran parte de la población culpa directamente a Rajapaksa del colapso de una economía enormemente dependiente del turismo y las remesas, que se ha visto terriblemente azotada por la pandemia de covid-19.

Unos manifestantes jugaban este lunes a carrom, un juego de mesa, en la residencia oficial del primer ministro, en Colombo.CHAMILA KARUNARATHNE (EFE)
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Actualmente se desconoce el paradero del presidente y su familia, un poderoso clan que ha dominado la escena política de este país insular de 22 millones de habitantes en las dos últimas décadas: dos hermanos han sido líderes del país, mientras que otros miembros han ocupado diferentes cargos del Ejecutivo y el Parlamento. Después de que fuentes del Ministerio de Defensa señalasen que Rajapaksa había sido escoltado a un lugar seguro antes de la llegada de la multitud a su palacio, han aumentado los rumores de que el presidente podría haberse instalado en una base militar a las afueras de Colombo, la principal ciudad del país, donde podría estar trazando su próximo plan.

Aunque esa hipótesis no ha sido confirmada, tiene un precedente reciente. Su hermano mayor, Mahinda, pidió ayuda militar el pasado mes de mayo, cuando fue destituido como primer ministro ante la presión popular. El sexto presidente del país (2005-2015) y premier desde 2019, se negó a abandonar su cargo mientras las protestas que pedían librar al Gobierno de todos los Rajapaksas se intensificaban. Mahinda tuvo que ser evacuado a una base naval en plena noche, después de que una multitud rodease su casa e irrumpiese en el recinto. En esas semanas, nueve personas murieron y cientos resultaron heridas en los disturbios. Los manifestantes acusan a esta dinastía política de corrupción y de haber llevado a una nación relativamente próspera a la ruina con su mala gestión. Los sucesivos gobiernos crearon y mantuvieron un doble déficit presupuestario y de cuenta corriente, lo que implica que el gasto nacional del país excede los ingresos, mientras que la producción de bienes y servicios es insuficiente. Actualmente la inflación rozó el 55% en junio y se prevé que alcance el 70% en los próximos meses.

En un esfuerzo por conservar el combustible, —los apagones de hasta 13 horas se producen a diario— a principios de julio Sri Lanka se convirtió en el primer país en restringir su venta a la ciudadanía desde la crisis del petróleo de los años setenta. Además, los agricultores con menos recursos están sufriendo las consecuencias de una prohibición que impidió el año pasado el uso de fertilizantes durante más de siete meses, en favor de cultivos orgánicos. Ahora, aunque dicho veto fue levantado, afrontan la escasez de químicos para trabajar sus tierras en plena crisis de alimentos.

El gobernador del Banco Central de Sri Lanka, Nandalal Weerasinghe, ha advertido de que, de prolongarse la situación actual, se producirán grandes retrasos en las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y otros organismos para un rescate. Sri Lanka necesita más de 5.900 millones de euros en ayudas para salir adelante los próximos seis meses, según las autoridades, quienes en las últimas semanas han acelerado las conversaciones con el FMI para obtener nuevas fuentes de financiación.

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