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El papa Francisco viajará a Perú y Chile pero evita de nuevo su país, Argentina

Francisco ha rodeado a su tierra, donde es un referente político: Brasil, Paraguay, Bolivia, Ecuador y prepara Colombia

Francisco precide la procesión romana del Corpus Christi desde la Basílica de San Juan de Letrán, el domingo 18 de junio.
Francisco precide la procesión romana del Corpus Christi desde la Basílica de San Juan de Letrán, el domingo 18 de junio. AFP

El primer Papa latinoamericano de la historia vuelve a concentrar algunos de sus viajes en el continente donde transcurrió toda su vida hasta que fue nombrado Pontífice. El Vaticano confirmó las fechas del próximo viaje latinoamericano del papa Francisco: irá en enero de 2018 a Chile y Perú. Los gobiernos de estos dos países aplaudieron la decisión. Con este viaje, que sin duda será tan multidudinario como los anteriores, y el que tiene previsto ya en septiembre a Colombia, el Papa habrá cubierto buena parte de Sudamérica. Sin embargo, se quedará fuera un país muy significativo para Bergoglio: su patria, Argentina, donde es un referente político que aparece en todas las conversaciones y análisis de fondo tanto del Gobierno como de la oposición. El Papa visitará así todos los países fronterizos con Argentina -salvo Uruguay- pero no su tierra.

El Papa tiene una notable influencia en el Continente, y viajó a Cuba para facilitar el reencuentro entre la isla y EEUU, que ahora la política de Donald Trump pone en cuestión. También está detrás de las negociaciones para buscar una salida al conflicto de Venezuela. Y ha tenido una participación importante en el proceso de paz colombiano.

La iglesia católica ha ido perdiendo peso en Latinoamérica frente a los evangelistas y el primer Papa de este continente tiene entre sus objetivos frenar esa sangría. De hecho uno de sus primeros viajes fue a Brasil, uno de los países donde mayor es la penetración de los evangelistas. La visión apostólica de Bergoglio está muy influida por su relación con la pobreza y la desigualdad en Latinoamérica, que vivió de cerca toda su vida porque acudía todas las semanas a las villas miseria de Buenos Aires, adonde viajaba en autobús y sin ningún tipo de protección.

En Perú, la confirmación de la fecha fue recibida con entusiasmo. "Esto va a marcar un antes y un después; antes agitación, después moralidad y tranquilidad, y por eso es tan importante esta visita", señaló el presidente, Pedro Pablo Kuczynski, en una comparecencia con el arzobispo de Lima, Juan Luis Cipriani. "Estoy absolutamente seguro de que esta visita va a ser un inmenso éxito" remarcó antes de agregar que "va a requerir de muchos preparativos", porque el Papa se desplazará desde Lima a la selvática Puerto Maldonado y a la norteña Trujillo.

En Chile, un país que vive en este momento en plena campaña electoral -para entonces ya estará elegido el nuevo presidente, ya que los comicios son en noviembre- también hubo aplausos. “La llegada del Santo Padre tendrá una significación especial para nuestro país ya que nació en la vecina República de Argentina, es el primer Papa latinoamericano, y además vivió y estudió en Chile por lo que conoce muy de cerca nuestra realidad”, señaló la Cancillería.

Será el primer Papa que visite este país desde los 80. Algo similar ocurre en Perú. Juan Pablo II visitó Chile en plena dictadura de Augusto Pinochet, en 1987. El Papa “llegará a un país con pleno Estado de Derecho, que recuperó su democracia en 1990, que es mucho más diverso en distintos ámbitos, con un creciente número de inmigrantes, y que, pese a tener muchos desafíos, ha logrado importantes avances en materia de reducción de la pobreza, equidad, e igualdad de oportunidades para sus ciudadanos”, señaló la cancillería chilena.

Es difícil imaginar a alguien más argentino que Bergoglio. El Papa apenas salió de su país más que para viajar periódicamente al Vaticano. Sigue siendo un fanático del fútbol argentino, un hombre sencillo del barrio de Flores, uno de los más populares de Buenos Aires, que siempre está pendiente de su tierra y recibe con frecuencia a políticos, sindicalistas, artistas, famosos y deportistas argentinos. Sin embargo, sigue retrasando su viaje a su país sin ofrecer una explicación clara, aunque en su entorno insisten en que el problema es precisamente su figura como referente político.

El Papa, de orígen político claramente peronista, fue en su momento una especie de líder de la oposición al kirchnerismo. Pero después, cuando ganó Mauricio Macri, los peronistas lo convirtieron en una especie de líder de la oposición al macrismo. Él rechaza estos atributos pero lo cierto es que nadie niega que es un Papa con una visión política fuerte y todos sus movimientos se interpretan así en su tierra. Muchos católicos cercanos al macrismo lo critican por eso y poco a poco ha ido creándose un cierto movimiento de opinión pública de oposición al Papa. El riesgo de que un viaje a su país alentara esa división y se convirtiera en un nuevo episodio de la llamada "grieta" política que divide al país parece desaconsejar de momento ese destino.

Bergoglio salió de Buenos Aires como arzobispo y líder de la iglesia argentina para participar en el cónclave que lo eligió Papa hace cuatro años y no volvió nunca más a su tierra. Lanza mensajes, recibe a todo el mundo, contesta cartas, incluso envía rosarios a un personaje controvertido como Milagro Sala, una activista kirchnerista encarcelada por presunto desvío de fondos de ayuda social. Influye desde la distancia, como lo hacía Pérón en sus 18 años de exilio, pero no se anima a volver ante el riesgo de no ser profeta en su tierra.

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