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Compartir unas risas es compartir una visión del mundo

Cuando nos reímos, hacemos explícito algo que sabemos todos. Es una de aplicaciones del conocimiento común —lo que yo sé que tú sabes y tú sabes que yo sé—, fenómeno social que estudia el psicólogo y divulgador Steven Pinker en ‘Cuando todos saben que todos lo saben’, libro del que ‘Ideas’ adelanta un extracto

Los actores Omar Sy y François Cluzet en un fotograma de la película 'Intocable' (2011).GAUMONT

La risa trastoca el comportamiento de quien ríe, perturbando su respiración, vocalización y composición facial. Y se entromete en la conciencia de los perceptores, obligándolos a registrar los silbidos, relinchos y rebuznos. (Como decía Joubert, esto no requiere comprobación). Y dado que la visibilidad mutua crea conocimiento común, todo esto implica que la risa pública es conocimiento común: cuando ríes, sabes que estás riendo, y quienes están contigo lo saben, y tú sabes que ellos lo saben, y ellos saben que tú sabes que ellos lo saben.

Pero muchas otras cosas relativas a la risa sí ...

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La risa trastoca el comportamiento de quien ríe, perturbando su respiración, vocalización y composición facial. Y se entromete en la conciencia de los perceptores, obligándolos a registrar los silbidos, relinchos y rebuznos. (Como decía Joubert, esto no requiere comprobación). Y dado que la visibilidad mutua crea conocimiento común, todo esto implica que la risa pública es conocimiento común: cuando ríes, sabes que estás riendo, y quienes están contigo lo saben, y tú sabes que ellos lo saben, y ellos saben que tú sabes que ellos lo saben.

Pero muchas otras cosas relativas a la risa sí precisan demostración, y quien más lo ha demostrado es el neurocientífico Robert Provine, autor de Laughter: A Scientific Investigation (la risa: una investigación científica). (...) Un descubrimiento es que la risa suele ser pública, el distintivo del conocimiento común. Los individuos rara vez se ríen cuando están solos. (...). Incluso cuando un individuo se ríe en solitario, suele estar en presencia de personas virtuales en la televisión, en la radio o en sus lecturas. Otro descubrimiento es que la risa es contagiosa. Por eso las comedias de situación solían tener risas enlatadas y los chistes de los comediantes de vodevil venían marcados por una especie de redoble de risas (¡bada bing!). El carácter contagioso de la risa revela otra característica prominente: es involuntaria. No decidimos reírnos, y a veces tenemos que reprimir el impulso. De hecho, la risa es difícil de producir a voluntad. (...)

Provine comparaba asimismo la risa humana con su homóloga más próxima en los primates. Esta es una forma de jadeo acompañado por una cara de juego (boca abierta, dientes superiores cubiertos, dientes inferiores expuestos) que emiten cuando les hacen cosquillas o participan en juegos bruscos. (...) La risa tal como la conocemos es exclusivamente humana, aunque pudo haber evolucionado a partir de esas vocalizaciones lúdicas en paralelo con la exhalación controlada y las sílabas con núcleo vocálico del lenguaje.

Las cosquillas, los juegos de peleas y el juego brusco son prácticas para el combate real, y los sonidos de risa señalan que todo el alboroto es en broma, con lo que se garantiza que no desemboque en una agresión real. La agresión simulada, y a veces velada, subyace asimismo a muchas de las risas humanas. Casi siempre hay un blanco de una broma, un objetivo de las burlas o el escarnio. Con frecuencia es alguien que ha reclamado prestigio o dominación, y la mofa pincha el aura de dignidad que lo señala. La gente disfruta tumbando a la realeza, el clero, los jefes y profesores, junto con el fanfarrón del barrio, el matón, el charlatán, el mojigato o el sabelotodo. (...)

Con frecuencia el ataque contra la dignidad que impulsa la risa no es ni en broma ni involuntario, sino deliberadamente dañino. Los niños se sienten desgraciados cuando se ríen de ellos, y todo profesor o jefe al mando de una sala sabe que debe intentar no convertirse en blanco de la risa. A partir de 2011, Barack Obama tomaría el pelo a Donald Trump en la cena anual de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, donde se espera que los blancos de las bromas las encajen con deportividad. Aquel año, tras publicar su certificado de nacimiento para refutar la acusación de Trump de que había nacido en África, Obama anunció que ahora mostraría el vídeo oficial de su nacimiento. Procedió a proyectar la escena inicial de El rey león con la presentación del cachorro recién nacido Simba (añadiendo “quiero aclararle a la mesa de Fox News que se trata de una broma”). En otra ocasión bromeó sobre las aspiraciones presidenciales de Trump: “Hay un terreno en el que la experiencia de Donald Trump podría ser inestimable; me refiero al cierre de Guantánamo [el campo de prisioneros estadounidense en Cuba]. Porque Trump sabe un par de cosas sobre cómo llevar a la ruina las propiedades costeras”. Entre la algarabía, Trump hervía visiblemente de rabia, y algunos analistas especulan que la humillación le decidió a presentar su candidatura presidencial a modo de venganza y redención.

Corrió la sangre debido a una característica del humor señalada por James Joyce: "In risu veritas. En la risa está la verdad". Para ser más exactos, en la risa está el conocimiento común. La reproducción de la secuencia de Disney por parte de Obama fue divertida porque todos sabían que la teoría conspirativa de Trump era tan solo un estereotipo caricaturesco. Su pulla adicional presuponía una comprensión común de que Fox News era crédula respecto de cualquier cosa que denigrara a los liberales. El golpe más cruel de todos fue la broma que evocaba las bancarrotas de Trump, ya que socavaba el mayor orgullo de este: que era un exitoso hombre de negocios.

Con cada remate de chiste, todos los miembros del público que “entendían la broma” debían de haber conocido tácitamente la premisa comprometedora. (...) Su risa conspicua, involuntaria y contagiosa evidenciaba que todos los demás conocían la premisa, y sabían que todos los demás la conocían, y así sucesivamente; que el hecho dañino, que podía haber sido conocimiento privado ampliamente distribuido, era ahora conocimiento común. Y este nuevo conocimiento común hacía explotar el equilibrio de la aceptación mutua de la dominación que había prevalecido hasta aquel momento. Esta es la base de aforismos como el de Mark Twain “Nada puede resistir un ataque de risa” y la regla número 5 del activista Saul Alinsky: “El ridículo es el arma más poderosa del hombre”.

Y esto nos conduce a una explicación de la función de la risa. Como muchas especies sociales, los humanos tenemos jerarquías de dominación (...). Los humanos formamos asimismo jerarquías de prestigio y estatus, gobernadas por juegos de líderes y seguidores y otros similares, que se establecen mediante un reconocimiento común de la competencia, la confianza y la beneficencia. Ahora bien, muchas especies que reconocen el dominio también poseen instintos de contradominio, que permiten a los subordinados coordinar sus esfuerzos y destronar a un alfa. La risa puede considerarse nuestro órgano de contradominio; más en general, de contraautoridad, incluidos el contraestatus y el contraprestigio. Al convertir en una debilidad un conocimiento común superior, algo que la risa está bien diseñada para hacer, los subordinados pueden socavar la jerarquía imperante en su beneficio. El carácter tácito de la premisa despectiva proporciona una cobertura, la involuntariedad de la risa indica que la premisa ya se conocía en privado (más que adoptarse de manera oportunista para la ocasión con el fin de unirse a una coalición) y el contagio ofrece seguridad numérica.

La lógica de los modelos relacionales también explica el lado benigno de la risa: la agradable chanza entre amigos y familiares que constituye uno de los mayores placeres de la vida. No se trata de ascender en una jerarquía, sino de bajarse de la jerarquía. Se trata de optar por un modelo relacional de compartición comunitaria en lugar de un grado de autoridad. La mayoría de los individuos no desean subir los peldaños de cada medio social en el que habitan. Es agradable estar en la cima, pero no es divertido estar constantemente cubriéndote las espaldas o temer que tus aliados te abandonen en el momento en que otra estrella brille más que la tuya. La amistad no funciona de esa manera. Los amigos te aceptan por ser cómo eres y están ahí en las buenas y en las malas.

Pero esto plantea un problema de señalización: ¿a qué juegos estás jugando? Como observara Samuel Johnson: “No hay dos hombres que puedan pasar media hora juntos sin que uno de ellos adquiera una evidente superioridad sobre el otro”. ¿Cómo indicar que, pese a tu superioridad en cuanto a aspecto, destreza, inteligencia, riqueza o encanto, o la de tu contraparte, ninguno de los dos desea imponerse al otro? Una respuesta es la burla cordial y el autodesprecio. Cuando alguien crea el conocimiento común de una indignidad acontecida a uno de vosotros, seguido por el conocimiento común de que ninguno de ambos lo considera una amenaza directa, ello denota una comprensión común de que la base de la relación es la amistad igualitaria más que el grado jerárquico. Tanto mejor si los dos “entendéis las bromas del otro”, es decir, sois capaces de completar las premisas tácitas que hacen gracioso un chiste. Compartir sentido del humor es una prueba sensible de un entendimiento compartido del mundo, y no es de extrañar que sea una de las claves de la atracción romántica.

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