Sergio Sancho, fundador de CAN Art Fair: “La palabra ‘coleccionista’ tiene mucho peso. A veces nos olvidamos de que hay compradores de arte”
La feria que se celebra en Matadero Madrid del 5 al 8 de marzo nació hace una década ligada al arte urbano y se ha consolidado como la alternativa joven, diversa y accesible a ARCO
En el calendario de la semana del arte de Madrid este año hay un nombre nuevo: CAN Art Fair. Sin embargo esta feria de arte que se celebra en la plaza central de Matadero a partir de este jueves es en realidad la evolución de un proyecto que lleva casi una década animando la programación cultural capitalina: primero fue Urvanity (2017), después UVNT y, desde este año, adopta la denominación del proyecto que Sergio Sancho, fundador y promotor de esta plataforma, lleva un lustro desarrollando en Ibiza. Cambia el nombre, pero la filosofía se mantiene. No en vano este nombre, tras su fachada balear (“can” significa “casa” en catalán), están las siglas de Contemporary Art Now. Es decir, arte contemporáneo de ahora. “El Now marca mucho lo que queremos hacer”, explica Sancho. “Es lo que hemos hecho durante estos diez años, y no queremos perder ese ADN. Si echamos la vista atrás, posiblemente hace diez años, el ahora era el arte urbano, aunque haya cambiado. Al final, es cuestión de sentido y coherencia”.
En efecto, hace diez años Sancho, que trabajaba en publicidad, tuvo una intuición. “Monté una feria de arte porque me encantaba coleccionar, había una línea de artistas que me flipaba y para mí aquello, más que un hobby, era una droga. Quise traer a los artistas que me apasionaban y que la gente los viera”. La línea de artistas que menciona estaba ligada a la calle, a lo urbano, y en eso no le faltaba sincronía con el zeitgeist: efectivamente, hace una década los muñecos y el grafiti dominaban una cierta escena que la otra escena, la de las galerías y los comisarios ligados a eventos más institucionales, miraba con recelo.
Por aquel entonces, varias ferias flanqueaban, desde el underground a las galerías rechazadas en ARCO, la semana del arte de Madrid. Pero aquel proyecto, que entonces se llamaba Urvanity, tocaba una tecla distinta. “El primer año nadie me conocía y a algunas tuve que ofrecerles venir gratis. Es decir, que el primer año me fundí todos mis ahorros y, cuando terminé la feria, había ido muy bien y pensé: ‘Tengo un proyecto, pero no tengo pasta”, recuerda.
La rentabilidad fue llegando poco a poco a través de proyectos paralelos, de colaboraciones y, también, de un público creciente. Con el tiempo, también la propia oferta de la feria fue cambiando. Se hizo más internacional y variada. Este año, la mitad de las galerías vienen de fuera: de Japón, Italia, Estados Unidos o Chile. En los stands hay obras coloristas que juegan con la estética pop, pero también pinturas de raigambre surrealista —de la alemana Justine Otto, el cántabro Emilio González Sáinz, el barcelonés Marc Badia—, escultura —Ana Rod, Sophie Aguilera—, obra gráfica o fotografía. Todo actual, pero con las mismas divergencias creativas de cualquier gran feria. “En los inicios, la feria puso el foco en artistas y galerías que venían de la calle. Y poco a poco fue evolucionando en su discurso. También creo que los chavales han dejado un poco de tener interés en la calle, en ese punto un poco más vandálico. También ha sucedido que antes había mucha gente que se hacía un nombre en la calle, pero ahora se abren un perfil en Instagram y llegan a mucha más gente”. También detecta cierto agotamiento de la estética que puso patas arriba las cifras del arte antes de la pandemia. “Creo que ha habido un momento en que se ha abusado mucho de los ojos grandes”, cuenta aludiendo a los personajes, como salidos de dibujos animados o cómics, que durante años poblaron obras de precios desorbitados. “Ha habido una evolución. Nosotros mismos hemos evolucionado en estos diez años y hay lenguajes que nos empiezan a parecer más interesantes. Y, en todo caso, siempre ha habido vasos comunicantes. Una artista como Nuria Mora, que empezó en la calle haciendo algo muy urbano, ahora mismo está haciendo una cerámica muy delicada, súper sofisticada. Esa es nuestra evolución también. Al principio parecía que el arte urbano era de segunda, pero el filtro de tiempo lo ha cambiado todo. Ahora hay artistas contemporáneos, súper puros, que empezaron en la calle y hoy están en ARCO”.
Este año, CAN Art Fair cuenta con cinco secciones paralelas: Foco LATAM (dedicada al arte latinoamericano), Counterflow (que reúne artistas de vanguardia difíciles de encasillar), Young Galleries (para espacios con menos de tres años de trayectoria), Solo/Duo (con proyectos monográficos) y CAN Design, una nueva sección comisariada por la experta en diseño Marisa Santamaría que presenta piezas de diseño coleccionable de Alicia Framis o Andrés Jaque. “Creo que no podemos ser conformistas, tenemos que ver lo que sucede en el mundo”, reflexiona Sancho. “A veces visitas una feria y piensas que podría haber sido la edición del año anterior. Y para mí eso es un problema. Por eso intentamos que siempre haya artistas nuevos, galerías nuevas. Queremos que la gente venga a descubrir artistas y galerías, y que luego sigan sus carreras”.
Más que en la consolidación de una tendencia u otra, el mayor logro de Sancho posiblemente resida en haber sabido acompañar a un nuevo público. “Somos una feria joven, que quiere acercar el arte”, apunta. “Si nunca has tenido contacto con el mundo del arte, entras en ARCO y hay veces que te abrumas. Nosotros somos una feria más fácil. Mucha gente empieza con nosotros, coge ritmo y luego salta a otro tipo de artistas. Es una evolución lógica”. También, cuenta, ofrece un soplo de aire fresco a coleccionistas con más experiencia. “Hay coleccionistas más consolidados que no se quieren perder lo que está pasando en la escena más joven. Y ese coleccionista se encuentra más relajado con nosotros. No les importa preguntar quién es tal artista, porque no tienen por qué conocerlo. Se divierten más”.
Los precios también marcan una diferencia, sobre todo a la hora de iniciarse en la compra de arte. Sancho cuenta que la primera obra que compró, años antes de fundar la feria, fue una pieza de Julio Falagán que pagó a plazos. “Costaba 600 euros, me hizo un descuento del 25% porque compartíamos estudio y se lo pagué en tres plazos de 150 euros”, recuerda. En las galerías más jóvenes de esta edición de CAN Art Fair hay obras desde 800 o 900 euros. Lo cual no impide que el visitante vaya a encontrarse con piezas importantes, de hasta 40.000 euros. “Siempre se ha dicho que en España no hay coleccionistas. Pero a lo mejor un chaval de 25 años no quiere comprar lo mismo que compra su padre, y nadie se lo estaba ofreciendo. Además, a veces la palabra coleccionista tiene demasiado peso. Hay personas que son compradores de arte. Que empiezan comprando un cuadro para ponerlo en su casa, les gusta y, tras romper esa barrera, van comprando de año en año. Quizá algunos empiecen a tomar conciencia de que su colección está vertebrada con una lógica, pero de esos coleccionistas no hay tantos. Los compradores de arte de los que hablo pueden suponer el 70% de facturación de una galería al cabo del año. Esos clientes pequeños, sumados, hacen una cuenta grande en una galería. Y ese cliente nos interesa mucho, y es el que viene a la feria”.
Charlamos con Sergio Sancho en sus oficinas de Madrid, en una nave industrial en el barrio de Delicias llena de obras de su colección. Sobre la mesa, como en toda conversación sobre arte, está la cuestión del impacto real del arte contemporáneo en la geografía de una ciudad con precios al alza y crisis inmobiliaria. “Lo que estamos haciendo es iniciar a gente joven en el mundo del arte, y en ese sentido veo a Madrid en un buen momento”, explica Sancho. “También es cierto que tenemos que tener cuidado para no convertir la ciudad en un parque temático, pero veo que hay un underground cada vez más interesante en los barrios. Hay chavales montando pequeños estudios y galerías en los barrios. Los años 2000 fueron un valle en Madrid, no sucedía nada. Y creo que ha habido un resurgir. Es cierto que está trayendo un problema muy grande de vivienda, subidas de precios muy bestias, pero también hay barrios que están evolucionando y resurgiendo. La ciudad se está volviendo más dinámica”.