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De instrumento de castigo a obra de arte: Rafael Lozano-Hemmer lleva las cámaras termográficas al último frontón histórico de Madrid

Mediante un sistema de partículas generadas por ordenador, ‘Deriva térmica’ capturará y mostrará el calor corporal emanado por el público que acuda al Beti Jai del 12 al 14 de marzo

El artista mexicano Rafael Lozano-Hemmer lleva su obra 'Deriva térmica' al antiguo frontón Beti Jai de Madrid. En la imagen, la instalación en Abu Dabi (2023).

Decía Michel Foucault en su libro Vigilar y castigar (1975) que la Ilustración no solo inventó las libertades, sino también la represión en forma de castigo. Y su correcta administración exigía la vigilancia del sujeto castigado, por lo que también entonces se inventó el panóptico, un tipo de construcción carcelaria que permite ver a sus moradores, los reclusos, sin ser visto por ellos. El artista mexicano Rafael Lozano-Hemmer (Ciudad de México, 58 años) retoma esta idea al llevar su obra Deriva térmica al antiguo frontón Beti Jai de Madrid, un icono arquitectónico cuya configuración recuerda a aquellas cárceles –sobre todo por sus pisos de gradas desde las que el público podía seguir el juego de pelota-, solo que le aplica un giro radical, porque la pieza no pretende imponer disciplina, sino muy al contrario generar un sentido de unión entre quienes participen en ella. “Los espectáculos y las obras de arte interactivas como esta nos sirven para crear comunidad”, cuenta a ICON Design en videoconferencia desde Montreal (Canadá), donde reside. “El músico Frederic Rzweski dice que el objetivo más importante del arte es juntarnos, y aunque suene muy hippy es algo fundamental. Para eso seguimos haciendo arte, para que la gente comparta experiencias, en un momento en que todos nos pasamos horas pegados al teléfono. Estas obras interrumpen la narrativa que tenemos a diario sobre quiénes somos”.

Su pieza será una de las 15 instalaciones artísticas que conformarán la tercera edición del festival LuzMadrid, que se celebrará en distintos puntos de la ciudad del 12 al 14 de marzo. Este año, el distrito de Arganzuela concentrará algunas de las instalaciones más interesantes, en ubicaciones como el Matadero Madrid o el Complejo Cultural El Águila. El Beti Jai se ubica más al norte, en el barrio de Chamberí, pero arquitectónicamente se corresponde con el mismo estilo de varios de los monumentos de esa zona, el neomudéjar, una tipología que tuvo su auge entre finales del siglo XIX y principios del XX, como reflejo de las corrientes orientalistas y nacionalistas de la época.

Deriva térmica se ha proyectado antes en otros lugares (de Kansas City a Abu Dabi), pero será la primera vez que lo haga sobre los 600 metros cuadrados de la pared de juego de un frontón. Mediante tecnología de cámaras termográficas y un sistema de partículas generadas por ordenador, se captura y se muestra la imagen del calor corporal emanado por el público y por otros elementos presentes. De manera que, sin ser una instalación inmersiva al uso, visitarla supondrá una experiencia –por emplear el término en boga- en la que se requiere la participación activa del espectador. “De hecho, quiero que se ponga un cartel avisando de que la obra depende de la participación del público para existir y que, por tanto, uno acepta que su imagen térmica sea capturada y representada de forma colosal”, explica Lozano-Hemmer. “Mi intención es que los que piensan que la tecnología es divertida tengan una experiencia siniestra, y quienes la vean como algo siniestro tengan una conexión con otras personas. Con ello basculo entre la violencia y la seducción, como en todas mis obras”.

Este tipo de cámaras de infrarrojos se usan por lo general en contextos bélicos o de vigilancia carcelaria, y también para identificar posibles migrantes en zonas fronterizas. Todos ellos son usos en efecto siniestros que Lozano-Hemmer evoca y revierte al mismo tiempo. “Políticamente es una manera de subrayar y visibilizar estos sistemas de control”, explica el artista. “Ahora que está surgiendo un nuevo tipo de radicalización, los artistas tenemos el reto de pensar diferente. También en España, donde vemos surgir nuevos extremismos que yo pensaba que estaban superados, pero al parecer no. Yo mismo viví allá durante 20 años en dos épocas distintas, así que he sido migrante en España. Este tipo de cámaras generan reflexiones interesantes, porque ante ellas somos todos muy parecidos: no importa el color de piel, el género o la clase, sino cómo emanamos calor. Para ellas somos seres de 37 grados. Y hay algo en esto que invita a pensar que tenemos mucho más en común que diferencias. Hoy puedes ser un país rico y quizá mañana un país que genera emigrantes: eso le ha pasado a México, y también a España”.

Lozano-Hemmer acaba de inaugurar Jardín inconcluso, una gran exposición en el Museo de Arte Moderno de Ciudad de México que lo ha llevado a trabajar en su país natal durante seis semanas. Desde Canadá, hace años que está integrado en un contexto muy distinto, por lo que ha acusado especialmente el impacto emocional de la violencia desatada en México tras la muerte del narco Nemesio Oseguera, El Mencho, a manos del ejército nacional. “Es complicado entender qué sucede y qué no, porque la velocidad a la que la gente acapara estas imágenes y las distribuye es increíble”, reflexiona. “Hay muchos intereses por llevar la conversación a un sitio o a otro, y el ciudadano frente a eso está indefenso a la hora de esclarecerlo. Yo me estoy cuidando mucho de no leer las cosas sin cierta distancia, porque no puedes simplemente reaccionar, que es lo que las redes quieren. Desde Canadá, con unas temperaturas de menos 25 grados, tiendo a romantizar México, que con todos sus problemas sigue siendo de los mejores lugares del mundo. Al estar allá, veo por un lado a mucha gente muy preparada para el arte contemporáneo, y por otro que también están los malos más malos de la película. Eso es México, un contraste de mundos opuestos que coexisten”.

Los dispositivos de control al estilo del Gran Hermano de 1984 de George Orwell y la crítica a la elevación de muros y fronteras no son novedades en la obra de Lozano-Hemmer. La idea de la vigilancia ya aparecía en la videoinstalación que le dio reconocimiento en 1992, Tensión superficial, donde un enorme ojo humano seguía al espectador allá donde fuera. Mucho más tarde, en 2019, instaló entre Ciudad Juárez y El Paso -que constituyen una zona metropolitana a ambos lados de la frontera de México y Estados Unidos- su Sintonizador fronterizo, otra obra monumental que permitía comunicarse a los habitantes de las dos ciudades mediante luz y sonido: “Allí no quería hablar del muro que los separa, porque hay tantísimas conexiones entre ellos que mi trabajo no consistió en tender puentes sino en resaltar los que ya había. A pesar de las políticas de división, la gente tiene allá una realidad cívica de coexistencia e interrelación”.

Pese a haber logrado reconocimiento internacional con el uso artístico de tecnologías como la inteligencia artificial, Lozano-Hemmer ha incorporado en su trabajo la obra de creadores literarios del estilo de Sor Juana Inés de la Cruz, James Joyce o Adolfo Bioy Casares. Ahora valora especialmente que Deriva térmica vaya a instalarse en el frontón Beti Jai, un elemento del patrimonio arquitectónico diseñado por el arquitecto cántabro Joaquín Rucoba (1844-1919) que ha atravesado, hasta llegar al presente, un largo periplo durante el cual a punto estuvo de ser derribado o convertido en un hotel de lujo.

El Beti Jai se inauguró en 1894, en un momento en el que el juego de pelota vasca o Jai Alai experimentaba una fuerte difusión nacional e internacional (“Beti Jai” significa en euskara “siempre fiesta”, y “Jai Alai” se traduce como “fiesta alegre”), y de hecho existían otras construcciones de esta tipología en la capital española (hoy es la única que queda de su estirpe). Con el cambio de siglo inició un lento declive durante el cual tuvo los usos más diversos, que incluían los de centro de pruebas aeronáuticas, eventos deportivos, oficinas, comisaría, local para ensayos de bandas municipales, fábrica de coches o garaje. También se reconvirtió parcialmente en viviendas a modo de corrala, como puede apreciarse en una escena de la película Madrid (1987), de Basilio Martín Patino. La sociedad que era su propietaria a principios del siglo actual lo mantenía en estado de ruina, acaso con la intención de proceder a su demolición y construir nuevas viviendas, un gimnasio o un hotel de lujo (llegó a haber un proyecto de hotel firmado por el premio Pritzker Rafael Moneo), a lo que se oponían varias plataformas ciudadanas. Este peligro se conjuró primero al ser declarado Bien de Interés Cultural en 2011 y después al proceder el Ayuntamiento a su expropiación en 2015, bajo el gobierno de Manuela Carmena.

El proyecto de restauración del edificio, que mayoritariamente respetaba su configuración original y que estuvo dirigido por la arquitecta municipal Mariluz Sánchez Moral, obtuvo en 2025 el Premio Nacional de Restauración y Conservación de Bienes Culturales. Tras haberse musealizado como monumento histórico, actualmente está abierto a visitantes, además de acoger diversas actividades y eventos. El Plan Especial que el Ayuntamiento publicó en 2023 contempla su destino para usos educativos, así como la posibilidad de construir una cubierta sobre el edificio (irónicamente, el día de octubre de 2024 en que fue inaugurado el Centro de Interpretación por el alcalde José Luis Martínez Almeida, la lluvia deslució el acto), y ambas cuestiones han constituido un caballo de batalla para las plataformas ciudadanas. En este sentido, la asociación Madrid Ciudadanía y Patrimonio y la plataforma Salvemos el frontón Beti-Jai de Madrid presentaron un recurso contencioso administrativo para derogar el Plan, que bajo su consideración daría vía libre a la conversión del frontón en un centro comercial o un polideportivo con destino a una universidad privada. Finalmente, el año pasado el Tribunal Superior de Justicia de Madrid desestimó la demanda. Sin embargo, según declara a ICON Design el Área de Gobierno de Cultura, Turismo y Deporte de Madrid, no hay de momento planes para cambiar el uso del edificio: “Beti Jai es hoy un espacio abierto al público que puede visitarse libremente y de forma gratuita y que incluye un centro de interpretación que contextualiza la historia del espacio. Tiene además un intenso programa de visitas guiadas y actividades para darlo a conocer, además de exhibiciones de juegos de pelota durante los meses de mejor clima. El objetivo es continuar con todo ello. En cuanto a la cubierta, está permitida por el Plan Especial, pero por el momento tampoco hay intención de hacerla”.

Para Rafael Lozano-Hemmer, que cuando residía en Madrid tenía su domicilio en la zona de Alonso Martínez, muy cerca del antiguo frontón, es importante que el patrimonio arquitectónico se mantenga como testigo de la historia. “Edificios como este tienen una singularidad y rompen la homogeneidad del desarrollo contemporáneo, así que me parece maravilloso que no se haya convertido en un hotel”, afirma. “En realidad me gustaría que más gente jugara a pelota y que así pudiera reactivarse en su función original. Pero el arte ofrece un canal muy viable para mantener la integridad estética o social de un sitio como este sin una intervención que sea demasiado costosa o que desvirtúe la calidad del edificio”.

En esa línea, el creador mexicano tiene ideas que aplicaría a los ruedos taurinos, que en España también se han diseñado con frecuencia bajo un estilo neomudéjar (la plaza madrileña de Las Ventas es un ejemplo típico): “Tengo un proyecto para resolver el problema de la tauromaquia, porque creo que debe dejar de existir, pero al mismo tiempo sí deberían conservarse los grandes ruedos y la noción del riesgo que los toros implican. Mi apuesta sería reemplazar los eventos taurinos con una enorme turbina que se localizará en el centro de la plaza, y que generaría una corriente de aire contra la que se lucharía, mezclándose el deseo de seguir vivo con el memento mori, que es lo que te da la posibilidad de una cornada en San Fermín. De momento no he encontrado una plaza que se interese, pero sería una pieza fenomenal. Y con una intervención estética mínima en el ruedo”.