¿Por qué cada vez hay más libros sobre arquitectura?
Caniche, Bartlebooth, Puente Editores y Como Ediciones son cuatro editoriales españolas cuyos libros abordan la obra de los maestros del siglo XX, el activismo o el pensamiento social
Menos ortodoxos, más abiertos y libres, dando voz no solo a arquitectos sino entrelazando otras disciplinas como el arte, las ciencias sociales, el activismo y otros intereses contemporáneos. Así son los nuevos libros sobre arquitectura: críticos, reflexivos y de nicho.
En los últimos tiempos estamos asistiendo a un auge de nuevas ediciones sobre arquitectura. Desde ensayos más clásicos que difunden el pensamiento de maestros proyectistas del siglo XX, la tendencia vira hacia reflexiones más libres que tocan la materia de manera quizá no tan directa pero igual de interesante. Lanzamos una pregunta al aire: ¿quizá es que el pensamiento relacionado con la arquitectura está haciendo avanzar el debate público?, ¿que está permeando la cultura posiblemente más que en otras épocas? Hablamos con cuatro editoriales expertas.
“Nuestra divulgación sobre la arquitectura siempre ha sido híbrida, heterodoxa, porque había un hueco disponible en el que mezclar el arte, la arquitectura y otras disciplinas de manera desprejuiciada y alejada de cualquier canon”, comienzan Isabel Lerma, Patxi Eguiluz y Carlos Copertone de Caniche Editorial. No en vano, su título más reciente vinculado a esta ciencia es Flotando en litio de Marina Otero Verzier, arquitecta e investigadora, donde la autora aborda ese elemento químico desde diferentes perspectivas y en toda su ambivalencia (transición energética, minería, termalismo, uso farmacológico), y se detiene en las arquitecturas del agua, los complejos termales construidos alrededor de los manantiales, en particular en Galicia y el norte de Portugal, como Mondariz, Guitiriz, Cuntis y La Toja, en Galicia, o Vidago y Pedras Salgadas, en Portugal. En estos lugares, el turismo, la vida social y la salud convergieron, entre mediados del siglo XIX y principios del XX, y la actual transición energética que se anuncia verde pone en peligro esta especie de arquitectura del bienestar.
Este es el último título en llegar al catálogo de Caniche (el siguiente será Cantarranas, nos confirman, del artista norteamericano Nicholas F. Callaway sobre los terrenos en los que se alza la Ciudad Universitaria de Madrid), pero durante estos diez años que llevan de vida, tienen grandes éxitos: Autobiografía de Miguel Fisac, Una casa fuera de sí de Víctor Navarro, sobre la historia de la alucinante casa Gehry, o los escritos esenciales de Gordon Matta-Clark en Atravesar la resistencia. También ha reflexionado con ellos sobre arquitectura David Bestué, en paralelo a sus trabajos escultóricos, en concreto sobre el Monasterio de El Escorial; con otro gran artista como Isidoro Valcárcel Medina han colaborado para editar un libro sobre sus proyectos arquitectónicos utópicos, pero también les interesan las nuevas mentes efervescentes de la arquitectura, como Langarita Navarro, MAIO, Guillermo Santomà…
“Para nosotros, el libro es una arquitectura. Pensamos en el libro físico como un dispositivo, un vehículo de comunicación en el que los artistas y arquitectos puedan recoger sus reflexiones y sus ejercicios de creación. Creemos que gracias al amplio abanico de temas que se tratan en los estudios de arquitectura en España, que no solo incluyen formación técnica sino también de humanidades, el pensamiento que surge de la arquitectura en la actualidad puede discernir con muchas herramientas sobre temas muy diferentes y complejos, no solo sobre sí misma, el urbanismo o la manera en la que nos relacionamos en la ciudad, sino también sobre medioambiente, cambio climático y otros intereses contemporáneos”.
Pablo Ibáñez y Antonio Giráldez fundaron Bartlebooth en Galicia en 2013, cuando ambos eran estudiantes de arquitectura en A Coruña. “Entendemos los proyectos editoriales como formas de investigación y de puesta en fricción de discursos alrededor de problemas urgentes. Más, quizás, que como formas de divulgación. En España sentimos que el panorama era y es bastante conservador, reaccionario incluso, aunque vamos encontrando cómplices. En Europa la tradición es, seguramente, algo más abierta. Y en Latinoamérica no dejamos de encontrar voces, públicos y proyectos amigos. Nosotros miramos la arquitectura desde fuera. La idea de práctica espacial crítica nos parece más interesante, entender la construcción del espacio desde distintos marcos, no solo desde dentro de la disciplina. Nos interesa generar espacios de diálogo entre voces que vienen de la arquitectura, pero también de otros, como las prácticas artísticas, el pensamiento crítico, las ciencias sociales, el activismo…”, afirman.
Les gustan sobre todo autores que politizan y problematizan la construcción del espacio. Acaban de publicar a Helen Hester, filósofa xenofeminista que explora el trabajo doméstico, también a Eyal Weizman o Paulo Tavares, que utilizan las herramientas de la arquitectura para investigar procesos de violencia contra comunidades y ecosistemas, pero también trabajos sobre ecología o clima –como los de Holly Jean Buck–, automatización y trabajo –Víctor Muñoz Sanz–, o políticas de la imagen y la tecnología –Andrea Muniáin y Paula Ramos Mollá, entre otros–. Sobre sus publicaciones más recientes, destacan Nuevos formatos, nuevos imaginarios, que investiga las nuevas realidades y herramientas posibilitadas por la tecnología y lo digital, explorando temas como la arquitectura forense, los memes, la resurrección biológica o las violencias en Internet. Y Futuros mejores, en la que se recogen voces y prácticas con la intención de ayudar a esbozar futuros espaciales más justos, hablando de antiespecismo, antirracismo, antiedadismo, otras pedagogías o formas alternativas de cuidado en la ciudad. “Con respecto al panorama actual, desgraciadamente somos más pesimistas o escépticos. La arquitectura ha sido, tradicionalmente, cómplice de poderes y dinámicas violentas o excluyentes. Sentimos que el momento actual es pobre en pensamiento y en compromiso con la realidad, frente a los años inmediatamente posteriores a la crisis de 2008, por ejemplo, cuando comenzamos a estudiar”, aseguran.
Puente Editores es un proyecto unipersonal creado por Moisés Puente en 2016 y, quizá de todas, es la editorial más tradicional, en cuanto a que se caracteriza por una permanente reflexión en torno a la arquitectura. Su fundador es arquitecto, editor, comisario y traductor, y también el responsable de algunas de las mejores colecciones que se publican en la actualidad sobre esta disciplina. “Publico aquello que creo que merece imprimirse en papel para permanecer en el tiempo. A pesar de la mucha información que hay en la red, hay un enorme hueco para ensayos de arquitectura más largos que necesitan del libro como soporte (es muy difícil leer 200 páginas en pantalla)”, dice Moisés.
Lo suyo son los temas que definen el debate arquitectónico contemporáneo, tanto en nuestro país como fuera. De dentro, se hace eco de autores locales que están marcando el discurso teórico. desde Iñaki Ábalos a Andrés Jaque, o Pol Esteve, y desde Anna Puigjaner a Marina Otero (ahora mismo está trabajando en libros de estas dos autoras). Suya es también la publicación más completa hasta la fecha de los textos del maestro Mies van der Rohe, que ha recibido el Premio FAD de Pensamiento y Crítica 2025, y también el rescate de textos olvidados, nunca traducidos al castellano, de autores como Dolores Hayden, Reyner Bahnham y Alison & Peter Smithson. “Somos casi la única editorial de arquitectura en castellano que está traduciendo libros fundamentales del pensamiento arquitectónico contemporáneo. Si bien el público cada vez sabe más idiomas, el hecho de traducir textos y de colocarlos en las librerías españolas y de Latinoamérica hace que la difusión sea mucho más efectiva”, continúa. Asegura que son malos tiempos para la palabra en un mundo guiado y dominado por la imagen. A este respecto, ya en 2020 Moisés escribió Cháchara y otros escritos de arquitectura, editado por Caniche: “Teatrales e impacientes, en los acontecimientos, foros y congresos que reúnen al sector, la premura y la publicidad especulativa sobre uno mismo gobiernan sobre la exposición de las ideas. Son actos de autopromoción sobresaturados de imágenes efectistas en los que la ausencia de debate es evidente y llamativa. ¿Dónde queda el espacio crítico?”, se quejaba.
Pau Ardid y Octavi Aballí son Como Ediciones desde 2012. Tienen un libro titulado El futuro bajo los pies del arquitecto Jack Self (donde sostiene que las cafeterías son las fábricas de las clases creativas) y, aunque no solo se centran en la arquitectura, también han contribuido a nuestro debate: “Después de unas décadas en las que ha tenido mucha relevancia y visibilidad cierta arquitectura caracterizada por la espectacularidad, y centrada en arquitectos-estrella que la entendían como un medio de expresión personal, como un campo de juego de experimentaciones formales, desde las sucesivas crisis más recientes, el foco se ha vuelto a situar en el lugar del que no debiera haberse desplazado, es decir: lo social, lo colectivo, lo común”, comienzan. Su visión de la arquitectura se centra precisamente en esas dinámicas, y aspira a abordar problemas reales. “Forma parte de la oscuridad de nuestros días el elevado coste del acceso a la vivienda, las dificultades que los jóvenes encuentran para emanciparse, la debacle social que supone no ya que un parado, sino alguien que trabaja a jornada completa no pueda hacer frente a los costes del alquiler y de los suministros básicos”, enumeran. “No son problemas nuevos, pero son los que deberían ocupar el centro del pensamiento relacionado con la arquitectura. No diríamos tanto que el pensamiento arquitectónico permea la cultura, sino que los acuciantes problemas que sacuden a nuestra sociedad han acabado por permear en los foros de debate arquitectónico. Esas cuestiones nunca han estado ausentes, pero ahora parecen recuperar su indispensable centralidad”. La solución, plantean los editores pasa por pactos de estado y políticas claras relacionadas con la vivienda, y también por una transformación en los discursos. “Sería de esperar que, desde los medios de comunicación más progresistas, se ejerciera una mayor presión, y que en las páginas y secciones destinadas a la arquitectura, el lujo dejara de ser el marco de referencia ejemplarizante para, en su lugar, destinar esas espacios a difundir proyectos realmente relevantes, propuestas esperanzadoras y dar voz a una disidencia constructiva”.