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Puro presente

Una exposición en la Residencia de Estudiantes repasa la Europa convulsa de la primera mitad del siglo XX y muestra las peligrosas coincidencias que se dan en la actualidad

Frontis de 'UHP', primer volumen de la obra de Ilyá Ehremburg 'Ispanya' (Leningrado, 1937). Las siglas UHP responden al lema revolucionario "Uníos Hermanos Proletarios", la fotografía es de David 'Chim' Seymour. En una imagen de la Residencia de Estudiantes.

Hay exposiciones que hablan del pasado para prevenirnos del futuro. España en una Europa convulsa se titula la que va a ocupar este texto, puro presente. Comienza señalando la brutalización del lenguaje político y la deshumanización del otro ―justo lo que se consigue cuando a un chaval que sale solo de su país para construirse un futuro se le llama “mena”―, puro presente. Pero no, el nombre completo de la muestra es Intolerancia. España en una Europa convulsa, 1914-1945. La colección de José María Castañé en la Residencia de Estudiantes, pura primera mitad del siglo pasado. La historia rima, conocemos las piedras en el camino, ¿por qué no las evitamos en vez de lamentarnos después de tropezar en ellas una y otra vez? Ahí está todo: los discursos violentos, el odio, la exclusión, las derechas radicalizadas, los derechos retrocediendo, la búsqueda de sociedades homogéneas... ¿Les suena?

Es una muestra extensa, tiene muchas capas, se puede visitar hasta el 12 de abril y merece la pena. Y también merece la pena la audioguía, algo poco habitual. Con demasiada frecuencia estas pecan de densas, aburridas y largas, por eso hay que señalar cuando no es así.

La exposición duele, asusta y enseña (ojalá). Duelen los grabados de la Primera Guerra Mundial de Bryan de Grineau con soldados muertos, cañones volcados... El problema llega cuando ya no nos afectan las imágenes de los conflictos. Llevamos lustros comiendo y cenando con imágenes de muerte y destrucción en los informativos, tenemos el estómago hecho, nadie se levanta a vomitar. Ahora forman parte del scroll infinito en el que vivimos: un whatsapp de tu prima, otra noche de bombardeos en Oriente Próximo, “la ETA” de Ayuso, interrumpido el servicio en la línea 3, mandas un audio, una cagada de paloma ―qué asco―, un ataque con drones en Kiev, la cara de Jim Carrey ―a ver, pinchas, amplias, uf, el protagonista de La máscara―.

Exaltación de las banderas: no me digan que no se emocionan cuando un caluroso día de verano llegan a la playa y ven izada y hondeando la bandera verde que indica que se pueden dar un baño tranquilo. Es la que más debería importarnos. Pero no, claro, las que se enarbolan en las imágenes de Intolerancia. España en una Europa convulsa, 1914-1945 son la de la Italia fascista y la Alemania nazi junto a la de España, también las de Portugal y el banderín del Cuerpo del Ejército de Marruecos que luchó en la Guerra Civil. Aparecen en postales, en portadas de revistas, en anuncios, en barajas y en láminas para que los niños coloreasen, así desde pequeños aprendían quienes eran los amiguitos de España y cómo ser buen español.

¿Quién evaluaba si se progresaba adecuadamente como español o se necesitaba mejorar? La colección de José María Castañé atesora multitud de documentos sobre malos españoles, aquellos que debían ser vigilados y/o castigados: certificados de prisión y ejecución; informes judiciales, en uno del depósito de cadáveres se describe el lugar donde fueron encontrados dos tiroteados con una nota al final: “Ambos son comunistas”. También el Gobierno estadounidense acusó a Alex Pretti de empuñar un arma y a Renee Good de querer atropellar a los agentes del ICE para justificar sus asesinatos. Por suerte, hoy, los vídeos muestran lo que ocurrió.

Me temo que los maestros no calificaban tampoco el grado de españolidad. De hecho, quienes hubieran colaborado de alguna manera con la República o defendido el ideario de la Institución Libre de Enseñanza estaban en el punto de mira: los sancionaron, los degradaron a otros puestos, los desterraron, incluso, los asesinaron. Se muestra el retrato que la política republicana Mercedes Núñez Targa le hace a la pedagoga Justa Freire en 1940, cuando las dos estaban en la cárcel de Ventas, y en un tristísimo y expresivo dibujo de Alfonso Daniel Rodríguez Castelao titulado La última lección del maestro (1937) donde dos niños lloran ante el cadáver de su profesor asesinado. Seguramente era su ventana al mundo.

Otra ventana al mundo es la prensa. Ahí se cuenta lo que está pasando y eso tan en boga de “dominar el relato” es presente y pasado. El poder siempre ha querido imponer su punto de vista, que se lo cuenten a los emperadores romanos. Quizá vivamos en la era en la que los bulos se multiplican y difunden más rápido, pero las patrañas tampoco las inventamos nosotros. En la colección José María Castañé se conservan muchos ejemplos: una portada de la revista Semana del 17 de septiembre de 1940 muestra a Hitler hablando por teléfono con gesto amable, en el pie de foto dice que está conversando con un niño, interesándose acerca del cuidado a los menores. En realidad, es una foto de estudio, ni charla ni niño ni nada. Lo de dulcificar a los políticos a través de los niños también es pretérito y actualidad. Y por supuesto, de todas las ideologías. En la muestra se expone un panel titulado Así mienten! con las dos versiones de una foto: una publicada en una revista londinense en 1941 donde se indicaba que lo que se veía era una mujer soviética llorando la muerte de su marido a manos de los alemanes; y otra, en el Völkischer Beobachter, uno de los principales periódicos de la Alemania nazi, con la indicación correcta: la viuda lloraba porque a su marido lo habían asesinado en una checa.

Hay un momento en la exposición que se explica que cuando llegaron los años treinta la democracia había retrocedido. Asusta. Se refiere a los del siglo XX. Nos queda poco para los del XXI, a ver si no repetimos. Puro futuro.

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