La mayoría de los fallecidos por la dana murieron antes de la alerta de la Generalitat
El sumario revela el elevado número de ancianos que quedaron atrapados en garajes y plantas bajas antes de recibir el mensaje que advirtió de la magnitud de la tragedia
La mayoría de los 224 fallecidos y tres desaparecidos que dejó la dana en Valencia eran ancianos con escasa movilidad que perdieron la vida, quedaron atrapados o desaparecieron antes de recibir la alerta masiva que la Generalitat mandó a los teléfonos de la población, según el sumario del caso al que ha tenido acceso EL PAÍS. El aviso llegó a los móviles a las 20.11 horas de la fatídica jornada, cuando ya se habí...
La mayoría de los 224 fallecidos y tres desaparecidos que dejó la dana en Valencia eran ancianos con escasa movilidad que perdieron la vida, quedaron atrapados o desaparecieron antes de recibir la alerta masiva que la Generalitat mandó a los teléfonos de la población, según el sumario del caso al que ha tenido acceso EL PAÍS. El aviso llegó a los móviles a las 20.11 horas de la fatídica jornada, cuando ya se había desbordado el valenciano barranco del Poyo, decenas de municipios estaban inundados, y el 112 se encontraba colapsado.
Francisco R., de 74 años, vecino de Catarroja (Valencia, 29.316 habitantes), bajó al garaje a las 19.00 horas a sacar su coche. Y ya no regresó. Nicasio C., de Massanassa (Valencia, 10.345), hizo lo mismo. “A las 18.15 se fue con su esposa a recoger el vehículo al parking”, señala su atestado. Eugenio T., policía de Benetússer (Valencia, 16.322), 47 años, se enfundó su uniforme y trató de ayudar a unos vecinos a las 20.00 horas. Corrió la misma suerte que el resto.
Una joven de 27 años llama a su madre a las 19.30 en el barrio de La Torre de Valencia. Le dice que está muy asustada. Que hay agua “por todos los lados” y que le preocupa su coche. La madre le insiste en que se olvide del vehículo. El cuerpo de la chica aparece un día después. A las 19.45 horas, una mujer denuncia la desaparición de su marido en las inmediaciones del supermercado Lidl de Benetússer. Y en Catarroja, donde la inundación dejó 25 muertos, un hombre baja a las 18.52 a poner unas compuertas en el garaje. Y ya no sube.
Otra secuencia del horror. Un anciano con movilidad reducida recibe varias llamadas de familiares y amigos en su casa de Picanya a las 19.00 horas, cuando el agua ya entraba en esta población de 11.622 habitantes. No contesta. El cuerpo aparece seis días después en Catarroja, a cinco kilómetros.
Son las 19.45. Una viuda y su hijo se encuentran en una floristería de Catarroja. El agua sepulta las calles. Pasa una furgoneta flotando y se suben al techo. Se agarran a la rejilla de una tienda, pero el vehículo se mueve. La anciana, que no sabe nadar, pierde la vida, según el sumario.
La planta baja se convirtió en una ratonera para otra mujer de Catarroja dependiente de segundo grado. Pasan las 19.00 horas cuando su casa se inunda. Su hija le llama, dice que va a recogerla, pero no puede. “Me voy a morir ahogada”, le confiesa la anciana por teléfono.
Otra víctima de esta población relata como a las 19.15 horas varios conocidos le enviaron WhatssApps para advertirle del desbordamiento del barranco del Poyo. “A los 20 minutos, el agua ya llegaba a los dos metros”. Su padre, que salió pasadas las 19.00 horas a mover el coche, fue hallado por un perro diez días después en un descampado de la vecina Albal, a dos kilómetros de distancia. Con él, yacían tres fallecidos más.
La hija de una vecina de Masanasa –doce muertos por la riada- relata como su madre, aquejada de un ictus y dependiente, murió ahogada a las 20.08 horas, cuando el agua superaba los 1,80 metros y los muebles flotaban en su casa.
Una mujer denuncia la desaparición de sus hijos, de cinco y tres años en Torrent (Valencia, 89.401 habitantes), donde la dana dejó ocho muertos. Asegura que sus familiares estaban en casa a las 18.30 horas cuando la pared se desplomó. El agua penetró como un alud en el inmueble y expulsó a sus familiares. El padre consigue salvar la vida tras agarrarse durante dos horas a un árbol. Cuando baja el nivel del agua, no encuentra a sus hijos, según las diligencias.
Las declaraciones recogen también la historia de un hijo que cuenta como su padre, que vivía en una planta baja en Catarroja, salvó la vida tras agarrarse a una librería. La inundación arrolló la vivienda. “A las 19.15 horas, el agua llegaba a los dos metros de altura en la casa”, recuerda el familiar, que destaca que la alerta a los móviles llegó “pasadas las 20.00 horas″.
Otro víctima -según los atestados- relata que su madre, de 62 años, le llamó a las 19.00 horas para informarle de que se encontraba atrapada en su coche a la altura de Sedaví -donde la inundación dejó 11 muertos- y que el agua estaba entrando en el vehículo.
Los testimonios de 60 familiares han llevado a la jueza de Catarroja (Valencia) que dirige la investigación a concluir que la “palmaria ausencia de avisos a la población” pudo causar “el abrumador número de muertos”. Y, por eso, la clave de sus pesquisas pasa por conocer a qué respondió la alerta tardía a móviles que llegó a los ciudadanos a través de Es Alert, un sistema del que la exconsejera de Justicia e Interior Salomé Pradas –que fue cesada por Carlos Mazón cuatro semanas después de la tragedia- reconoció que no sabía ni que existía.
Los familiares revelan dramáticas secuencias de muertos y desparecidos. Coinciden en denunciar ante la magistrada que nadie avisó de la dimensión de la tragedia. El Cecopi (Centro de Coordinación Operativo Integrado), órgano de emergencias reunido en L’Eliana (Valencia), envió la alarma tras una discusión de dos horas sobre el contenido y la forma de la misiva.
Las pesquisas chocan con las tesis de defensa del Ejecutivo de Mazón. El presidente ha endosado esta semana de nuevo la responsabilidad de la catástrofe al Gobierno de Pedro Sánchez y, tras cuatro meses de evasivas, ha confesado que llegó al Cecopi a las 20.28 de aquel martes, 17 minutos después, de que se lanzara la alerta masiva a los móviles. La Generalitat ya respondió a la instructora que la responsabilidad de enviar los SMS masivos fue del Cecopi dirigido por la dimitida consejera Pradas y en él figuraba también como miembro del comité la delegada del Gobierno, la socialista Pilar Bernabé.
Casas y garajes se convirtieron en las principales trampas para las víctimas de la dana. Un total de 103 cuerpos sin vida fueron hallados en las plantas bajas de las viviendas y en los aparcamientos y sótanos (35), según el Centro de Integración de Datos (CID). La violenta tromba de agua azotó localidades con casas tradicionales de pueblo en las que plantas bajas se usan como vivienda. El mayor porcentaje de muertos (24%) tenían entre 80 a 89 años, que suele corresponder a personas con problemas de movilidad, una de las razones por las que vivían a pie de calle. Casi la mitad de las víctimas tenían más de 70 años.
La causa de la dana ya acumula una decena de acusaciones particulares, que ejercen familiares de fallecidos, y populares (Vox, CGT y Podemos). La instructora, Nuria Ruiz Tobarra, ha aceptado este miércoles la personación como acusación particular de la Asociación de Damnificados Horta Sud, la primera entidad de víctimas en constituirse tras acreditar que, entre sus 380 miembros, hay familiares de cinco fallecidos. La asociación presentó una querella contra cinco altos cargos de Mazón y el presidente de la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ), Miguel Polo.
La magistrada también ha dado luz verde a la personación como acusación popular del PSPV, que deberá desembolsar 6.000 euros de fianza. Y ha rechazado una querella del sindicato CGT contra Mazón por su condición de aforado.