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Sílvia Orriols también sufre

El runrún de hastío que ahora impulsa a la líder de Aliança Catalana puede jugar menos a su favor con un examen mal preparado en las municipales de 2027

Silvia Orriols en la sesión de control al presidente Salvador Illa en el Parlament de Catalunya.GIANLUCA BATTISTA

Ingenuidad. Bonhomía. Error de cálculo. La respuesta de cuántas fuentes socialistas consultadas insiste en la teoría que los dos concejales del PSC en Ripoll, Enric Pérez y Anna Belén Avilés, tomaron en solitario la decisión de abstenerse ...

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Ingenuidad. Bonhomía. Error de cálculo. La respuesta de cuántas fuentes socialistas consultadas insiste en la teoría que los dos concejales del PSC en Ripoll, Enric Pérez y Anna Belén Avilés, tomaron en solitario la decisión de abstenerse en la votación de los presupuestos, votos que permitieron a Sílvia Orriols aprobar las cuentas y allanar el camino hasta 2027. No aparece una versión alternativa que cristalice tres semanas después, aunque el desconocimiento jerárquico también debería ser motivo de preocupación en el partido. La voluntad de evitar otro episodio de victimización de la alcaldesa de Aliança Catalana derivó en una crisis doméstica del PSC, torpemente gestionada, que deja un socavón en plena cuenta atrás hacia las elecciones municipales. En Ripoll, zona cero del combate democrático a la extrema derecha, el PSC no tiene un proyecto con categoría de alternativa pragmática a Orriols.

Ni cotizaba que la alcaldesa ultra se jactaría en el Parlament del desaguisado socialista en su ciudad, donde gobierna por incomparecencia rival -siete de los once concejales de la oposición han dejado el acta-, a pesar de no haber hilvanado ninguna solución a los problemas de sus conciudadanos. Orriols celebró en el hemiciclo el resbalón del partido de Salvador Illa, una manera de magnificar la ayuda involuntaria que le llega en el momento de más dudas de los últimos meses. No tiembla en Ripoll -feudo donde se encadenan patinazos de los adversarios-, pero sufre en el camino para cumplir las expectativas electorales en la trinchera local.

Pasan los meses y Aliança Catalana no consigue certificar candidato de relumbrón para los comicios municipales, su primer test de estrés, el más exigente para una formación de nueva gestación con estructuras territoriales todavía tiernas. Persisten incógnitas relevantes, como las de Barcelona y Manresa: ni en la capital ni en la ciudad de la Cataluña central que figuraba entre los objetivos prioritarios de la extrema derecha independentista hay aspirantes designados. Se acumulan las negativas y las contadas novedades en ciudades medianas -de Figueres a Tortosa- no son rutilantes. Flaqueza seductora, puede que por estigmatización de la marca. Déficit que se suma estos días a la defensa sin ambages de Trump e Israel, que por acrítica resulta histriónica. Incluso los votantes más frustrados entienden que la deriva trumpista encarece la lista de la compra y el depósito de gasolina.

Impulsada por el viento de cola de las encuestas -con un peso equivalente a Junts en unas autonómicas, según el CEO-, la dama ultra de la política catalana no ha tenido que gestionar reveses. El primero llegaría si la fuerza demoscópica que se le supone no le alcanza para colorear suficientes ayuntamientos con el azul de su partido. Para eso, además de una líder hacen falta alcaldables que arrastren votos. En la cocina de Aliança repiten que serán selectivos en la confección de candidaturas, para minimizar la erosión, pero se olfatean dificultades. Las aventuras de la extrema derecha suelen ser vaporosas si no consolidan objetivos. La desintegración de Plataforma per Catalunya empezó cuando más musculada se sentía, en la noche electoral del 28 de noviembre de 2010, momento en que constató que no tenía empaque suficiente para convertirse en fuerza parlamentaria. El runrún de hastío que ahora impulsa a Orriols puede jugar menos a su favor con un examen mal preparado la próxima primavera.

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