Rodalies, la irresponsabilidad organizada
Crece la idea de que las administraciones no tienen respuestas firmes y seguras para estas eventualidades y solo se pueden escudar detrás del dogma “el riesgo cero no existe”
¿Quién es el culpable del caos en Rodalies? La responsabilidad ha quedado diluida entre Renfe, Adif, el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, e incluso, la Generalitat. La percepción de la ciudadanía ...
¿Quién es el culpable del caos en Rodalies? La responsabilidad ha quedado diluida entre Renfe, Adif, el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, e incluso, la Generalitat. La percepción de la ciudadanía tras días de cierre, paros y retrasos de una de las infraestructuras más importantes para la movilidad del país es que nadie se atribuye directamente los errores. Esta crisis, que el día 20 de enero se cobró la vida de un joven aprendiz de maquinista y dejó varios heridos en la R4, nos ha recordado la teoría del sociólogo Ulrich Beck, denominada la irresponsabilidad organizada. Una situación que se produce cuando las instituciones de la Sociedad del Riesgo son incapaces de afrontar momentos críticos a pesar de estar organizadas para gestionarlos.
El ejemplo de Rodalies es un caso paradigmático de que las crisis actuales tienen una gran dificultad para encontrar un responsable. Podríamos denominar el tiempo que nos toca vivir como la época de la fragmentación de la culpa. En esta crisis ferroviaria hay quien denuncia que el caos ha sido provocado por el mal mantenimiento de las infraestructuras por parte de Adif y de sus empresas subcontratadas. Otras personas consideran que el problema es atribuible a la falta constante de información al usuario por parte de Renfe y, unos terceros, consideran que el problema es de la poca planificación del ministerio de Transportes en la red ferroviaria catalana. Todos tienen razón, porque la resolución de las crisis choca con la atomización del sistema, que adquiere una complejidad burocrática de administraciones, empresas, direcciones, comisiones, departamentos y gerencias imposible de digerir para la ciudadanía.
En tiempos de irresponsabilidad organizada se practica la política simbólica. Dada la incapacidad de garantizar la seguridad real, las instituciones infravaloran los riesgos o elevan los valores límites de seguridad, dice Beck. Lo hemos comprobado con el cierre de toda la red catalana por motivos de seguridad los días 21 y 22 de enero y la consiguiente reapertura al día siguiente. Los primeros días la circulación de los trenes supuestamente eran insegura, en cambio, el día 23 ya resultaba fiable. Pero la realidad es tozuda y nuevamente hubo desprendimientos y otra vez se cerraron todas líneas de tren los días 24 y 25. Crece la idea de que las administraciones no tienen respuestas firmes y seguras para estas eventualidades y solo se pueden escudar detrás del dogma “el riesgo cero no existe”.
Esta misma crisis tiene otra derivada, la comunicación al usuario. Si bien es verdad que las administraciones han hecho un gran esfuerzo para mejorar la comunicación de crisis, esta vez, una más, se olvidaron de las personas que tenían que coger el tren. Se cerró toda la red catalana el día 20 por la noche y no hubo nadie que lo comunicara con esmero por la mañana. Incluso falló algo tan simple como la megafonía. En situaciones de crisis los ciudadanos demandan que se les facilite el peso de las decisiones y esto obliga a las autoridades a comunicar con excelencia. La confianza en el servicio está quebrada por mucho tiempo porque la incertidumbre es el mejor sustantivo abstracto que define el servicio de Rodalies.