El Colegio de Médicos de Barcelona registra más de 30 agresiones a facultativos este año

El órgano colegial avisa de que los casos que recibe solo son “la punta del iceberg”

Barcelona -
Cola de pacientes esperando en un centro sanitario de Barcelona.CARLES RIBAS

La consulta médica no está libre de violencia. El Colegio de Médicos de Barcelona (COMB) ha contabilizado 846 agresiones, físicas o verbales, a médicos a través de su unidad de asesoramiento y atención a estos casos. En los últimos años, las agresiones reportadas al COMB se cuentan a razón de algo más de una a la semana. En lo que va de 2020, sin embargo, se han reducido a 32 (en 2019 fueron 63), un fenómeno que el equipo del COMB atribuye a la caída de visitas presenciales a causa de la pandem...

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La consulta médica no está libre de violencia. El Colegio de Médicos de Barcelona (COMB) ha contabilizado 846 agresiones, físicas o verbales, a médicos a través de su unidad de asesoramiento y atención a estos casos. En los últimos años, las agresiones reportadas al COMB se cuentan a razón de algo más de una a la semana. En lo que va de 2020, sin embargo, se han reducido a 32 (en 2019 fueron 63), un fenómeno que el equipo del COMB atribuye a la caída de visitas presenciales a causa de la pandemia. En cualquier caso, el órgano colegial advierte de que los casos que les llegan son los más graves, pero apenas suponen “la punta del iceberg” de todas las agresiones que se producen contra sanitarios durante el ejercicio de su profesión.

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“Recogemos cualquier situación de intimidación que pueda recibir el facultativo. La mayoría de veces son agresiones verbales o amenazas”, explica Josep Arimany, director del Servicio de Responsabilidad Profesional y del Área de Praxis del COMB. La unidad ofrece asesoramiento jurídico y de seguridad a los profesionales afectados.

“Hay muchos más casos de los que reflejan las frías estadísticas”, avisa Arimany. Este año, de hecho, las agresiones reportadas han caído, pero es un fenómeno motivado por la propia pandemia. “Ha habido muchos menos actos médicos de consultas y primeras visitas. Hubo confinamientos y la gente también ha tenido miedo a acudir a los centros sanitarios”, matiza.

Arimany admite que “la visión paternalista de la relación médico-paciente ha cambiado”. El enfermo está más informado y la toma de decisiones es compartida. Pero el auge de las redes sociales y el acceso a la información ha llevado a cuestionar, en ocasiones, el criterio médico. Tampoco ayuda la presión asistencial a la que están sometidos los centros sanitarios, que obligan a dedicar un tiempo muy limitado para cada paciente. “Es muy importante la habilidad comunicativa del médico, pero también el tiempo de visita, que tengamos tiempo para explicar la situación, los riesgos”, apunta Arimany.

El médico ha publicado un artículo en la revista científica Medicina Clínica en la que reflexiona, precisamente, sobre el llamado “paciente difícil” y cómo tratarlo. Dentro de esta figura entran los hiperfrecuentadores, “los que muestran insatisfacción no motivada con la atención recibida”, los pacientes que tienen dudas infundadas con lo que indica el médico, los de trato difícil o los agresivos, entre otros. Para tratarlos, Arimany propone tirar de paciencia y mano izquierda: evitar interrupciones en la consulta o irritar al paciente, no discutir ni intentar convencerlo y, sobre todo, evitar la confrontación y el conflicto.

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