Ir al contenido

La búsqueda de una energía limpia y pacífica despliega sus alas en Granada

El proyecto IFMIF DONES, que dará sus primeros resultados en 2035, comenzará en breve la construcción de sus grandes infraestructuras con un coste de 174 millones

Detalle de los prototipos que se encuentran en el Centro de Investigación UGR DONES, que forma parte de las instalaciones del IFMIF DONES situadas en Escúzar (Granada). Álex Cámara / El País

Hace algo más de una década, Europa comprendió que debía apostar sin titubeos por la que está llamada a ser la energía del futuro: la fusión. Y en esta ocasión, España no solo se subió al carro a la primera sino que, además, optó por liderar esa búsqueda. En el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicos (CIEMAT) entendieron la importancia de esta carrera y se lanzaron a ella. El primer asunto práctico a solventar era localizar un lugar disponible y por aquello de que alguien conocía a alguien, preguntaron en Granada en primer lugar. Doble suerte para el territorio: que preguntara y que quien debía responder estuviera diligente y consultara hasta que consiguió que el proyecto fuera bien recibido. No ocurre siempre. Diez años después, la provincia acoge uno de los proyectos de investigación científica-tecnológica más relevantes para la humanidad y, en este momento, el más grande de España en inversión: 800 millones de euros para su puesta en marcha y alrededor de 40 millones anuales de gastos de funcionamiento.

Ese proyecto se llama IFMIF DONES (Instalación Internacional de Irradiación de Materiales de Fusión–Fuente de Neutrones Orientada a DEMO, en español) y supone una de las dos patas necesarias para alcanzar el objetivo de una fuente de energía que aún no existe: limpia, disponible en gran cantidad y, no menos relevante, geopolíticamente inocua. La primera de esas dos patas es perfeccionar el proceso de fusión en sí mismo. Eso no se hace en Granada. La otra, fundamental, dada la voracidad del choque de electrones de la que surge la fusión –los especialistas perdonarán la simplificación de conceptos en esta información–, es dar con materiales que soporten la violencia de ese choque y que, además, duren lo necesario para hacer sostenibles las infraestructuras que generan esa energía.

Sin los datos que se consigan en Granada, no se podrá autorizar ni diseñar un reactor comercial, porque ningún país invertirá miles de millones en una central sin saber cuánto durarán sus componentes. Ese será el valor estratégico de una instalación que, una vez adjudicada su construcción por 174 millones de euros, comenzará su fase de construcción en los próximos meses y se prevé terminada para 2029. Su localización está en la Ciudad Industrial, Tecnológica y Área de Innovación, CITAI, un parque empresarial y tecnológico situado en Escúzar (Granada), a media hora de la capital.

Aunque la construcción fundamental empieza ahora, hace algún tiempo que se ha ido generando un cierto ecosistema alrededor de este proyecto en el CITAI. Allí trabajan ya a diario más de 60 profesionales, entre los que se encuentra desde el principio Moisés Weber, ahora director interino del consorcio que dirige el IFMIF DONES. Conoce bien el proceso completo porque participó en la puesta en marcha del primer prototipo del mundo, en Japón, al principio de la década pasada, y está en el proyecto granadino desde sus orígenes. De hecho, él es uno de ese alguien que conocía a alguien que acabó con el proyecto en Granada.

Weber está convencido del éxito. Tras una primera experiencia en Oxford, en los años 90, que mostró que la fusión era posible a nivel industrial, el siguiente paso fue en Japón. “Donde demostramos sin dudas que funciona. Al menos, que funciona suficientemente como para ir adelante sin grandes riesgos. Esta, como cualquier gran instalación científica, puede tener incertidumbres, pero está bastante claro el camino a seguir y que tendremos éxito”, cuenta. Y para reforzar su seguridad en el entorno, remata: “España es un país potente en ciencia, aunque algunos indicadores no lo reflejen. Y construir una instalación internacional de este nivel nos coloca en un club muy reducido y mejora la imagen del país en un mundo tecnológico. Cuando se conoce la dimensión del proyecto, surge la pregunta: ¿por qué no en Francia o en Estados Unidos? Pues se hace en España. Ya hemos demostrado que somos capaces; ahora tenemos que hacerlo bien”.

Conseguir la construcción en Granada no ha sido fácil. Los 800 millones proceden de varias fuentes. El Gobierno andaluz y el español aportarán cada uno algo más de 210 millones de euros, de los que ya han comprometido 100 cada parte. La Unión Europea, a través del organismo Fusion For Energy, se hace cargo del 25%, alrededor de 210 millones. El resto, en cantidades variables, recae sobre Croacia, Japón e Italia. Esto asegura la fase de construcción y, en la práctica, el coste anual de operaciones.

La ministra de Ciencia, Innovación y Universidades, Diana Morant, que conoce el proyecto y las instalaciones, lo considera algo fundamental porque “es esencial para generar la energía limpia del futuro, combatir la dependencia energética y, además,el que quizás es el principal problema global de nuestro tiempo: el cambio climático, que daña la salud de la gente, de la economía y del planeta que habitamos”. Desde Andalucía, el consejero de Universidad, Investigación e Innovación del gobierno andaluz, José Carlos Gómez Villamandos, destaca que esta inversión “sitúa a Andalucía como una región líder en investigación en materia energética, en I+D+I y en la futura energía”.

Un vez garantizada la financiación de puesta en marcha, el director interino es más que optimista respecto a futuras ampliaciones y ensanches del proyecto. Weber asegura que hay países preguntado por algo similar a una segunda ronda de inclusión de nuevos socios. Eso permitirá por ejemplo que el acelerador planificado, que cuando se construya será ya el más potente que exista en su ámbito,se convierta en un acelerador doble, multiplicando su potencia. Una explicación muy básica de este acelerador: un tubo de unos 140 metros lineales –no circulares, como otros– por el que viajan los neutrones a toda velocidad para chocar contra un núcleo de litio con el que, en el choque, se genera la energía que se busca.

La UGR como valedora

Que Granada sea sede de IFMIF DONES supone, además, la generación de un ecosistema potente de conocimiento. El objetivo es que a la larga, la instalación genere 300 o 400 empleos cualificados –físicos, ingenieros, etc– además de, como explica el director interino, “otros laboratorios y empresas interesadas en estar cerca”.

Un valedor relevante de este proyecto es la Universidad de Granada, que hace años puso en marcha el proyecto UGR DONES. Se trata del primer edificio allí construido y en el que se viene haciendo investigación en el ámbito de la fusión desde hace años. El consejero Villamandos asegura sobre este perímetro, que debe rodear al proyecto principal, que están atentos a él y que el esfuerzo andaluz no queda solo en su aportación al IFMIF DONES, sino que se dirigirá también a “la creación del ecosistema que permita a esta infraestructura rodearse de un entorno que favorezca su avance y crecimiento”.

A Weber le gusta definir la fusión como “una energía basada en el conocimiento”. De hecho, la UGR puso en marcha un programa completo de física de fusión para adelantarse a este proyecto. Pero además de basada en el conocimiento, será una energía limpia –aunque genera residuos, tienen baja actividad a largo plazo y son manejables–; cara, en un principio, porque las infraestructuras están todas por construir, pero con el tiempo competitiva en precio; disponible en cantidad razonable si la industria apuesta por construir suficientes generadores; y, finalmente, geopolíticamente estable: para generar esta energía hace falta deuterio y tritio. El primero es abundante en la naturaleza y fácil de obtener del hidrógeno; el segundo, aunque escaso e inestable, surgirá a partir del litio, abundante y disponible. En definitiva, no se prevén tensiones internacionales por esos dos materiales. Al menos por ahora.

Los plazos de una infraestructura científico tecnológica de la magnitud del IFMIF DONES no son de meses, sino de años. En agosto de 2026 se iniciarán unas obras que terminarán tres años después. Se tardarán otros tantos en equiparlo, dotarlo y tenerlo operativo, lo que culminará en 2032, aproximadamente. En 2034, asegura Weber, se iniciarán las irradiaciones a plena potencia para tener los primeros datos significativos sobre 2035 o 2036. ¿Y cuándo estará disponible esta energía?. “La construcción de las primeras centrales de fusión comerciales, basadas en los datos generados en Granada, ocurrirá en la década de los 50”, estima el director de la instalación. Será entonces, en 25 o 30 años, cuando el esfuerzo y la inversión de esta instalación llegue a la sociedad y se comprenda la magnitud y las bondades del proyecto.

Archivado En