Hay que tomar la iniciativa
Tenemos que confiar más en nuestras posibilidades, ser más inconformistas y tener más influencia en el ámbito nacional
Mis raíces están en varios puntos de España, pero sobre todo en Andalucía. Aquí está mi identidad, el orgullo de una herencia cultural, histórica y un modo de vida. Me duele cuando se utiliza un estereotipo andaluz para menospreciarlo, sin valorar nuestra creatividad, ingenio, compromiso con los demás y nuestra empatía. Y también otras cualidades, que se ven menos, como el talento, la entrega y la capacidad de adaptación.
Si algo nos ha faltado en ocasiones es confiar más en nuestras posibilidades, ser más inconformistas y tener mayor relevancia en el reparto de papeles e inversiones en el ámbito nacional. Por ejemplo, el desarrollo de infraestructuras. Sin dotaciones acordes al siglo XXI estamos en desventaja. No es un lujo, sino una condición imprescindible para competir en igualdad con otras comunidades y otros países de dentro o fuera de Europa. También nos faltan empresarios. Los ha habido y los hay muy buenos, pero pocos todavía. Y hay que evitar fugas de capital financiero o humano que nos han debilitado en el pasado, e incentivar su retorno.
Y si Andalucía es mi identidad, Persán es mi casa. En el sentido literal: mis padres vivían en un chalé en la carretera de salida hacia Málaga donde están hoy las oficinas centrales de la compañía. Yo nací aquí. Todas las personas importantes de mi vida han sido compañeros de trabajo en Persán. Mi abuelo fue uno de los tres fundadores; mi padre, director industrial, mi marido, José Moya, la refundó cuando recompramos su participación al resto de accionistas, y mis tres hijos (y socios) se encuentran firmemente comprometidos con la compañía. Con lealtad a un modelo de empresa familiar nos hemos convertido en una multinacional con un permanente esfuerzo económico, inversión en tecnología y personas, y captación de nuevos mercados.
Somos una industria sevillana, andaluza. Persán no se entiende hoy sin ese carácter andaluz que reivindico con orgullo: intensidad, rapidez, flexibilidad. Hemos conseguido un liderazgo nacional y europeo en detergencia con nuestras ocho fábricas repartidas por España, Polonia, Francia, Suiza, Reino Unido y Estados Unidos, donde contamos con grandes profesionales andaluces que trabajan eficientemente con el talento local. Una broma interna: a finales de los 90 tuvimos relación con una cadena de distribución de las más importantes de Inglaterra, y nuestro CEO, Antonio Somé, llegó a la conclusión de que sus ejecutivos solo eran mejores que los nuestros en el nivel de inglés. Ahora, hasta en eso estamos casi a la par. Esa es la actitud que debemos fomentar entre los andaluces. Dejar atrás el síndrome del impostor; nos tenemos que creer que podemos.
Actualmente Persán exporta a más de 50 países en los cinco continentes. Estos datos reflejan lo que considero clave en nuestro crecimiento, la internacionalización. Es un pilar estratégico para cualquier empresa andaluza que aspire a liderar su sector. Es decir, apostar por lo global manteniendo la esencia local.
Tener nuestra base en Andalucía, y nuestra sede social y fiscal, no es más que un ejercicio de coherencia. Nos permite contribuir al desarrollo de nuestro entorno y formar parte de una economía en expansión. Los empresarios tenemos una responsabilidad con la tierra en la que operamos, y en Persán lo asumimos con convicción y entusiasmo. Generamos oportunidades con empleo estable y de calidad. Y a través de nuestra Fundación, trabajamos en la formación e integración laboral de personas en dificultad e impulsamos el progreso socioeconómico de zonas en circunstancias adversas.
Tengo la suerte de trabajar con un gran equipo, en todas nuestras fábricas. Son los colaboradores formados aquí, en Sevilla, los que mejor transmiten nuestra idiosincrasia, valores, compromiso con la empresa y nuestra forma de hacer las cosas sin perder la identidad de empresa familiar y andaluza.
Desde que terminé Ciencias Económicas en la Universidad de Sevilla, llevo 48 años trabajando; 42 en Persán. He visto la integración de la mujer en la empresa y yo misma he pasado por distintos niveles de responsabilidad. He detectado que, en muchos casos de mujeres exitosas, no ha sido su empresa quien les ha frenado su ascensión, sino ellas mismas, otra vez el síndrome de la impostora, o su entorno familiar.
Persán en la década de 2010 tenía un Comité de Dirección paritario, sin buscarlo; por méritos surgió así. Y actualmente, de nuevo, vuelve a ser casi paritario. Creo que la responsabilidad personal de las mujeres que estamos en posiciones clave es fomentar que con naturalidad otras mujeres sean visibilizadas y asciendan en la responsabilidad de las empresas. Un claro ejemplo de esto es que, después de más de 500 años, en la Universidad de Sevilla contemos con una rectora. Tengo un gran compromiso con la universidad después de mis nueve años como presidenta del Consejo Social de la US y vicepresidenta de la Conferencia de Consejos Sociales de España. El talento, tan necesario en Andalucía, requiere de una universidad pública bien financiada y más conectada con la sociedad civil.
Me gustaría terminar con una llamada a la acción, a tomar la iniciativa para construir entre todos una Andalucía más próspera e inclusiva. Como dice nuestro himno: ¡andaluzas, andaluces, levantaos!