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Andalucía también exporta arquitectura

Un pabellón pediátrico en Camerún, un hotel en Indonesia o piezas para el Salone del Mobile de Milán, son algunos proyectos internacionales desarrollados desde la comunidad

Los arquitectos Julio Sánchez y María Amador, en su estudio de Sevilla. PACO PUENTES

Su primera obra fue la recuperación del restaurante Manantiales de Félix Candela, en México. La arquitecta Elisa Valero nació en Teba (Málaga, 3.078 habitantes) y viajó por toda España siguiendo los pasos de su padre, fiscal. Estudió en Valladolid y después de aquel primer trabajo volvió a sus raíces para hacer una tesis sobre la luz en la arquitectura. Quiso estar cerca de la Alhambra y se asentó muy cerca de allí. “Soy una persona del mundo que vive en Granada, en el que considero que es el mejor sitio del planeta. Es un lujo haber podido elegir quedarme aquí”, dice quien hoy, desde su estudio en el Albaicín, dirige obras en Italia, Camerún o Tanzania. “Para cambiar las cosas no hace falta irse lejos”, relata la también catedrática de Proyectos Arquitectónicos en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Granada.

Valero es un buen ejemplo de quienes, como ella, han decidido trabajar desde su tierra. Entre los alrededor de 7.000 arquitectos colegiados en Andalucía hay muchos más casos, como el de ella, de profesionales que exportan arquitectura desde distintos puntos de la comunidad, sin que ello suponga ningún hándicap en sus carreras. Más bien al contrario, han sabido aprovechar el conocimiento y la historia local para hacerse hueco en un sector de gran competencia.

Hay innumerables estudios que podrían aparecer en un reportaje como este, como Yamur Arquitectura, que llevan unos años de incursión en Arabia Saudí enfocados a la restauración y protección del patrimonio, gracias al buen trabajo que han realizado en la ciudad romana de Acinipo (Ronda) o las alcazabas de Almería y Vélez-Málaga. También el estudio malagueño Flow81, donde Ignacio Merino se ha hecho hueco en la arquitectura de lujo de la Costa del Sol y Sotogrande, al tiempo que recibe premios internacionales como los recibidos en eventos como los New York Architectural Design Awards, German Design Awards y WAN Awards. Y hay muchos casos, desde el Premio Internacional Europe 40under40, que el arquitecto gaditano Konstantino Tousidonis y el sevillano Fernando Mena recibieron en 2022, hasta el Rebuild Advanced Architecture, OffSite y Design Educated, otorgado en 2025 al estudio sevillano Hombres de Piedra por su terminal de cruceros de Tarragona.

“A veces en vez de un avión tienes que tomar dos para ir a tu destino, pero creo que vale la pena. Mucha gente me pregunta por qué no me voy a Madrid, pero yo ni me planteo moverme de aquí. Este es un sitio maravilloso con gran calidad de vida. Y eso es también una opción: la de vivir más despacio”, destaca Valero sobre su decisión de quedarse en Granada, ciudad que la mayoría del mundo ubica gracias a la Alhambra. También gracias a su universidad, referente que atrae también conocimiento. “Es una institución muy relevante y mucha gente viene aquí gracias a ella a enseñar, trabajar o dar conferencias. Atrae talento”, destaca quien desarrolla una relevante labor investigadora, mientras trabaja estos días en una catedral en Tanzania y terminó recientemente un pabellón pediátrico en Camerún. Cuenta con proyectos en Bari (Italia) y Jerusalén (Israel), pero también en Vigo, Chiclana o Valencia. Y es profeta en su tierra, como deja claro la fantástica parroquia del Espíritu Santo, en el barrio de Almanjáyar.

Sidney, Indonesia, Berlín, Atenas, Texas

Valero recomienda a las nuevas generaciones formarse. “No deben conformarse con lo que ya saben”, subraya. Es lo que hizo el malagueño Álvaro Carrillo, de 40 años. Estudió en la Universidad Europea de Madrid y después se fue a Sidney (Australia) a trabajar y aprender inglés, “pero también a coger olas”, subraya. Dio clases en la Universidad Tecnológica de Sidney como profesor asistente y cuando tenía pensado volver a Madrid, a principios de 2015, quedó finalista para diseñar el Guggenheim de Helsinki. Aquello le devolvió a tierras australianas, de donde volvió para dar clases en Madrid y Alicante. Hasta que recibió el encargo de reforma del cortijo Boquera Morilla en Cabo de Gata, que le cambió la vida. “Fue un máster en toda regla, aprendí muchísimo en esa obra”, relata. Entonces trabajaba en el salón de la casa de su madre. En 2016 alquiló una oficina y abrió su propio estudio.

Ahora reside la mitad del año en Indonesia —donde ha ampliado el hotel Boa Vida en Lombok— y la otra en Málaga, donde hace poco firmó la casa Nuez Moscada. “Esta ciudad no está en el gran circuito de arquitectura, pero tiene una escuela muy interesante [donde el propio Carrillo da clases] y buenos proyectos. Además, hoy las herramientas digitales te permiten hacer una visita de obra en cualquier parte del mundo con la cámara del Whatsapp”, destaca. Tiene proyectos en Andalucía, pero también en la isla San Martí (en el Caribe). “Donde mejor se está es en casa. Y si tienes el plus de tener proyectos interesantes fuera, es genial”, añade el arquitecto, que ahora también prepara una exposición de maquetas para el MuCAC Málaga que se inaugurará en el mes de abril.

Entre los participantes de esa muestra estará el equipo del estudio de arquitectura POOF POOF, de cierto aire experimental, y formado por el almeriense Julio Sánchez y la sevillana María Amador. Ambos estudiaron en Sevilla y pasaron por Barcelona para hacer un máster. Él trabajo después en la ciudad condal y Berlín. Ella en Londres, Texas y Atenas. Durante el covid se vio construyendo un hospital pandémico y unas torres de viviendas de lujo en Málaga. “Lo dejé porque era como mi antitrabajo”, recuerda. Con el tiempo, ambos volvieron a coincidir en Sevilla y, en 2024, levantaron su estudio. Con su primer proyecto de obra nueva entre manos (una casa en Las Cabezas de San Juan), su horizonte es diverso. Trabajan con mobiliario —lo que les lleva cada año a exponer en el Salone del Mobile del Milán o el Madrid Design Festival— y también se han especializado en escenografías de eventos, sobre todo con flores en sociedad, con un negocio de Lisboa al que reformaron su local.

“Trabajas desde la periferia, pero no es ningún drama. ¿Para qué ir a Barcelona o Madrid con la competencia que hay allí? Aquí tienes que pelear más por que se valore tu trabajo o que tus ideas salgan adelante, pero se puede trabajar bien y tenemos un círculo muy creativo alrededor. Son más las ventajas que los inconvenientes”, explican quienes, además, tienen la suerte de viajar mucho gracias a sus proyectos escenográficos. “En el fondo da igual que haya que irse fuera o no para formarse. Luego, las cosas se pueden cambiar desde aquí. Hay que ser ambicioso y dar pasos para abrir horizontes grandes, algo que también, claro, se puede hacer desde Andalucía”, concluye Valero desde la experiencia.

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