La verdad sobre el ‘caso Zabalza’, pendiente cuatro décadas después
Los partidos nacionalistas reclaman desclasificar los papeles sobre la muerte del joven en 1985 y Sánchez lo fía todo a la reforma de la ley de secretos oficiales. La familia mantiene viva su memoria mientras pide justicia
“En torno a lo que pasó con mi hermano Mikel [Zabalza] se construyó una mentira gigante que nadie se ha atrevido a desmontar. Han pasado 40 años y seguimos pidiendo lo mismo que el primer día: que se sepa la verdad y se haga justicia”. Idoia Zabalza asegura, en declaraciones a este diario, que no han perdido la esperanza de saber lo que realmente sucedió con su hermano tras ser detenido y aparecer 20 días después muerto, aunque apenas confía en que los poderes públicos favorezcan la desclasificación de los documentos relacionados con r...
“En torno a lo que pasó con mi hermano Mikel [Zabalza] se construyó una mentira gigante que nadie se ha atrevido a desmontar. Han pasado 40 años y seguimos pidiendo lo mismo que el primer día: que se sepa la verdad y se haga justicia”. Idoia Zabalza asegura, en declaraciones a este diario, que no han perdido la esperanza de saber lo que realmente sucedió con su hermano tras ser detenido y aparecer 20 días después muerto, aunque apenas confía en que los poderes públicos favorezcan la desclasificación de los documentos relacionados con rel caso Zabalza, como se ha debatido esta semana en el Congreso.
En 1985 el País Vasco vivía un momento del alto voltaje político y militar. ETA desplegaba en esos tiempos toda su artillería sangrienta, el terror era su máxima expresión entonces. La “guerra sucia” también estaba a flor de piel. El 26 de noviembre de ese año, la Guardia Civil detuvo a las dos de la madrugada en el barrio donostiarra de Altza a Mikel Zabalza, un chófer de autobuses de 32 años. Solo un día antes, ETA había cometido dos atentados mortales. En aquella redada también fueron apresados la pareja sentimental de Zabalza, Idoia Aierbe, y otros familiares, que fueron conducidos junto al chófer al cuartel de Intxaurrondo (San Sebastián), donde permanecieron incomunicados y sometidos a la ley antiterrorista. Cuando la madre de Mikel, Garbiñe Garate, acudió al acuartelamiento para saber el paradero de su hijo, fue despachada de forma displicente: “Pregunte [por su hijo] en objetos perdidos”, le espetó el guardia de turno.
El 15 de diciembre, 20 días después de su detención, en una zona del fluvial que unas jornadas antes había sido rastreada intensamente por los buceadores de la Cruz Roja, el cuerpo sin vida de Zabalza se encontró flotando y esposado ante una patrulla de la Guardia Civil. El caso sigue siendo una incógnita: “No sabemos nada, no sabemos cómo murió exactamente, en manos de quién. No tenemos la verdad de lo que pasó”, lamenta su hermana Idoia.
Desde el primer momento, surgieron voces que apuntaban a la hipótesis de que Zabalza había muerto a consecuencia de las torturas sufridas en el cuartel de Intxaurrondo. Los testimonios de quienes fueron detenidos en la misma operación policial avalaron la versión de que Zabalza habría perdido la vida tras aplicársele técnicas de asfixia, como torturarlo con una bolsa o sumergirlo en una bañera. Todos los intentos por aclarar lo ocurrido han sido en vano. En 2010, la Audiencia provincial de Gipuzkoa dio carpetazo al caso sin que nadie fuera juzgado como responsable de la muerte del joven, nacido en Orbaizeta (Navarra).
“En aquellos tiempos le podía haber pasado a cualquier otra familia vasca inocente. Lo excepcional es que no hubiese más muertes como la de mi hermano. Nosotros éramos una familia normal y corriente, pero eso es irrelevante”, comenta Idoia Zabalza, que entonces tenía 25 años y que recuerda el ambiente de mediados de los 80. Los Zabalza siempre han defendido que Mikel (Miguel Mari para la familia) no era miembro ni simpatizante de ETA.
“La Guardia Civil me lo llevó vivo y muerto me lo devolvió. Esa es la única verdad”. Esta afirmación corresponde a Garbiñe Garate, madre del fallecido, y fue recogida en la película-documental Non dago Mikel? (“¿Dónde está Mikel?“, en euskera) que se proyectó en el Festival de Cine de San Sebastián en 2020. Un año después de su estreno, el diario Público sacó a la luz la grabación de una conversación entre el ex jefe de operaciones del Cesid y excoronel Juan Alberto Perote y el capitán de la Guardia Civil Pedro Gómez Nieto. En el audio, Perote afirma que “el tema de Zabalza está muy feo” y Gómez Nieto ofrece una valoración sobre lo ocurrido: “Un juicio rápido mío de valores es que se les ha ido la mano, que se les ha quedado en el interrogatorio”.
La figura de Zabalza ha sido reconocida por los gobiernos del País Vasco y de Navarra como una víctima de la violencia policial. Fue homenajeado en 2020 por el Ayuntamiento de San Sebastián, un acto que supuso un paso adelante hacia una convivencia sin odio porque reunió a todos los grupos políticos, incluidos el PSE-EE y el PP. Un informe oficial del Ejecutivo vasco concluyó que Zabalza sufrió “una muerte de naturaleza violenta, de etiología médico-legal homicida”. En un artículo publicado en 2021 en El Correo por Consuelo Ordóñez, hermana del concejal del PP Gregorio Ordóñez, asesinado por ETA en enero de 1995, abogó por “clarificar la verdad sobre la muerte de Mikel Zabalza y hacer justicia”. “Es imposible no empatizar con su familia y el sufrimiento que les debe de causar que el caso no esté esclarecido judicialmente”, dejó escrito.
Pero la familia sigue insistiendo que hay una penumbra total sobre lo ocurrido. La verdad sigue pendiente, encapsulada en unos documentos que ninguno de los gobiernos de la democracia ha ordenado desclasificar. Los partidos nacionalistas han sido persistentes en su petición de sacar a la luz estos documentos que permanecen bajo la llave de la ley de secretos oficiales, vigente desde 1968. Esta semana, el PNV y Bildu han vuelto a pedir al Gobierno de Pedro Sánchez que los desclasifique. Maribel Vaquero, portavoz peneuvista en la Cámara Baja, le recordó que “el Estado tiene aún muchas zonas oscuras” y le afeó que ha incumplido la promesa que hizo el jefe del Ejecutivo hace tres años: “Se comprometió en 2022 a una reforma rápida de la ley de secretos oficiales, pero todo sigue igual. Ustedes se niegan a esclarecer los hechos, niegan la verdad a la familia y a la sociedad”.
Jon Iñarritu, diputado de Bildu en el Congreso, le echó en cara a Pedro Sánchez que esté contribuyendo al “silencio oficial, las mentiras y la impunidad” que rodean al caso Zabalza, y le exigió también desclasificar todo lo relacionado con esta muerte: “Un gobierno comprometido con la profundización democrática y la memoria histórica no debería mantener bajo llave documentes que podrían esclarecer lo ocurrido”. Sánchez, en su defensa y tras expresar su respeto y solidaridad a la familia de Zabalza, le fía todo a la reforma de la ley franquista que protege los secretos oficiales, que cuenta con un texto presentado por su Gobierno en 2022: “Confío en que tengamos una mayoría de grupos parlamentarios para sacar adelante una de las leyes más importantes probablemente de esta legislatura”, dijo este miércoles en el hemiciclo.
El PNV sostiene que el Consejo de Ministros podría desclasificar lo referido a Zabalza, sin esperar a una reforma legislativa que requiere de la mayoría del Congreso. Y la izquierda abertzale va más allá: “No es una cuestión jurídica, sino de falta de voluntad. Está en su mano. Si quieren, pueden”, le advirtió Iñarritu a Sánchez. Idoia Zabalza reconoce tener la sospecha de que “hay información secreta en algún lado”: “Seguramente, si podemos acceder a esos papeles, se aclararía lo que hizo la Guardia Civil. Nosotros hemos preguntado a la fiscalía y al ministro del Interior, pero no hay voluntad de investigar”.
Mientras, las organizaciones ciudadanas que tratan de conservar fresca la memoria de Zabalza han organizado estas fechas una sucesión de actos de recuerdo por municipios vascos y de Navarra. Un autobús similar al que conducía Zabalza en los 80, con una exposición sobre su figura a bordo, se abre al público para dar a conocer lo sucedido. “Tenemos que seguir adelante, hay mantener viva la llama, no podemos dejar que caiga en el olvido”, dice su hermana Idoia.