Columna

Asuntos del jefe

Hay muchos vencedores en estas elecciones europeas. Pero no todos cuentan

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, en Bruselas, el pasado 28 de mayo. REUTERS

Hay asuntos que solo puede decidir el jefe. En alemán, Chefsache, asunto o cosa del jefe. Lo cuenta uno de los mejores conocedores de las entrañas institucionales de la Unión Europea, el historiador y politólogo Luuk van Middelaar, en su libro Cuando Europa improvisa. Diez años de crisis políticas. Según Van Middelaar, “un problema se convierte en una Chefsache a partir del momento en que los jefes del Ejecutivo reunidos en Consejo Europeo deciden hacérselo suyo”.

Sucede en función de las circunstancias y de las crisis, y de ahí la teoría de la improvisación, ...

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Hay asuntos que solo puede decidir el jefe. En alemán, Chefsache, asunto o cosa del jefe. Lo cuenta uno de los mejores conocedores de las entrañas institucionales de la Unión Europea, el historiador y politólogo Luuk van Middelaar, en su libro Cuando Europa improvisa. Diez años de crisis políticas. Según Van Middelaar, “un problema se convierte en una Chefsache a partir del momento en que los jefes del Ejecutivo reunidos en Consejo Europeo deciden hacérselo suyo”.

Sucede en función de las circunstancias y de las crisis, y de ahí la teoría de la improvisación, pero hay otros momentos en que no hay quien discuta la Chefsache y este será el caso del nombramiento de los altos cargos de la Unión Europea el próximo 21 de junio, cuando culminen las consultas iniciadas en la cena informal del martes, en la que salieron ya los primeros nombres y, sobre todo, los retratos robot de quienes deberán ocuparlos.

No todos los jefes tienen el mismo peso a la hora de las decisiones. Cuenta el peso de sus países. Alemania y Francia son los que más pesan, aunque el Brexit está transfiriendo peso a países como España, el mejor situado como tercero en discordia, sobre todo ante las ausencias de Italia y Polonia, dos países en manos de la extrema derecha que trabajan más a la contra que en favor de Europa.

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Cuenta también la composición del Parlamento Europeo, que deberá ratificar los nombramientos. El nuevo hemiciclo estará más fragmentado, contará con numerosos eurodiputados antieuropeos y se enfrentará a una recomposición como fruto del retroceso de los dos grupos centrales, populares y socialdemócratas. No habrá mayorías útiles sin contar con los liberales y los verdes en ascenso, con capacidad incluso para romper la tradición de reparto de los altos cargos entre los dos mayores grupos, vigente al menos desde hace 30 años.

El resultado electoral no gravita tan solo sobre la composición del Parlamento, sino que otorga más o menos fuerza a cada uno de los jefes. No hay nada que proporcione más autoridad que una victoria. Emmanuel Macron ha construido una opción centrista e incluso la ha situado como bisagra en Bruselas, pero Marine Le Pen le ha superado en las urnas. Angela Merkel tiene el grupo de eurodiputados más nutrido, pero ha perdido cinco escaños y casi un 8% de votos. Ambos llegan debilitados al momento del jefe.

Hay muchos vencedores en estas elecciones. Pero no todos cuentan. Unos porque no están en el Consejo, como es el caso de Matteo Salvini. Otros, como Viktor Orbán, porque juegan a la contra para evitar los castigos a su iliberalismo. El único vencedor rotundo, que se coloca en el centro de la Chefsache, es Pedro Sánchez, un recién llegado, fresco de dos victorias electorales consecutivas, de las que puede sacar fuerzas para pesar en los nombramientos y en el rumbo de la Unión. Será difícil que España encuentre en muchos años otra oportunidad tan clara para recuperar el terreno perdido en varias décadas de ausencia, despiste o rumbo equivocado.

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