El cura de Maruri se va entre una salva de aplausos y gritos de "¡libertad!"

Larrinaga deja su pueblo por las amenazas de ETA

La consigna ayer en el diminuto pueblo vizcaíno de Maruri-Jatabe era única: "¡Hasta siempre, don Jaime!". Don Jaime era hasta ayer el párroco que ha mantenido el calor diario con los feligreses durante los últimos 36 años. Cuando aún resonaban en el pórtico de la iglesia los gritos de "¡Libertad, libertad!", Jaime Larrinaga estrechaba manos, regalaba besos y bendecía con su mirada a las familias que se acercaban para mostrarle el calor de buena parte de los que se habían acercado para escuchar la última homilía del primer cura rural que ha tenido que llevar escolta en el último año por sentirs...

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La consigna ayer en el diminuto pueblo vizcaíno de Maruri-Jatabe era única: "¡Hasta siempre, don Jaime!". Don Jaime era hasta ayer el párroco que ha mantenido el calor diario con los feligreses durante los últimos 36 años. Cuando aún resonaban en el pórtico de la iglesia los gritos de "¡Libertad, libertad!", Jaime Larrinaga estrechaba manos, regalaba besos y bendecía con su mirada a las familias que se acercaban para mostrarle el calor de buena parte de los que se habían acercado para escuchar la última homilía del primer cura rural que ha tenido que llevar escolta en el último año por sentirse amenazado por los terroristas de ETA.

"Se marchan todos los buenos y se quedan ellos". Un corrillo después de la última homilía acercaba al extraño el ca

so Larrinaga de este modo

. Y ayer los extraños habían venido de Sevilla, Barcelona, Asturias, Madrid, Zaragoza, Lugo, Cantabria "y muchos lugares de Vizcaya" para conocer las razones de Larrinaga para abandonar, después de tantos años, su parroquia. "Se han dedicado a provocar, perturbar y descalificar a los portadores de otras opiniones". A modo de despedida era la homilía de Larrinaga, que arrancó un aplauso entre los feligreses como no se conoce en la historia de este pueblo, hasta hace un año conocido sólo por sus excelentes alubias y por sus gentes de bien, las mismas que ayer parecían molestas por tanto revuelo mediático.

Un entregado al cura de Maruri le presentó una de las 400 fotocopias de su alocución para que estampara su firma, con dedicación incluida. Era un día para el recuerdo contra lo que los constitucionalistas que se acercaron ayer hasta la iglesia de Maruri llaman el "nacionalismo obligatorio".

Los feligreses habituales acudieron a una misa y se encontraron con un enjambre de periodistas y escoltas que llenaban la explanada de la pequeña parroquia, donde Larrinaga recibió a muchos de los que durante el pasado año le han apoyado. Entre ellos, Ascensión Pastor, única concejal del PP de Maruri, y Carlos Iturgaiz, que interrumpió sus vacaciones en Menorca para acudir a la despedida. Vidal de Nicolás, presidente del Foro de Ermua, repartía entre los periodistas un poema inspirado por el párroco que rezaba: "Quiero saber por qué no nos permiten ser nosotros mismos, únicos, extraños a ese espeso rebaño de uniforme pelaje".

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Como es habitual en las despedidas, hubo lágrimas entre los bancos rebosantes de feligreses que escuchaban el mensaje de Dios, que tampoco faltó a la cita. Porque ayer, ni Él faltó a la cita.

Jaime Larrinaga se prepara para oficiar su última misa en Maruri.LUIS A. GARCÍA

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