Editorial:

Bajo sospecha

EL CERCO sobre Andreas Papandreu se estrecha. El Parlamento surgido de las elecciones del 18 de junio -en el que su partido, el PASOK, está en minoría- decidió en la madrugada de ayer crear una comisión que investigue sus presuntas responsabilidades, y de cuatro de los que fueron sus ministros, en el escándalo Koskotas. Un caso que puede resumirse así: escamoteo de unos 27.000 millones de pesetas de fondos estatales que, supuestamente, fueron a parar, al menos en buena parte, a manos de altos dirigentes del PASOK y de su administración.No es el único escándalo que ha ensom...

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EL CERCO sobre Andreas Papandreu se estrecha. El Parlamento surgido de las elecciones del 18 de junio -en el que su partido, el PASOK, está en minoría- decidió en la madrugada de ayer crear una comisión que investigue sus presuntas responsabilidades, y de cuatro de los que fueron sus ministros, en el escándalo Koskotas. Un caso que puede resumirse así: escamoteo de unos 27.000 millones de pesetas de fondos estatales que, supuestamente, fueron a parar, al menos en buena parte, a manos de altos dirigentes del PASOK y de su administración.No es el único escándalo que ha ensombrecido en el último año la vida política del país que inventó la democracia. Ya la semana pasada se creó una comisión que investigará la venta fraudulenta de maíz yugoslavo a la CE, donde se presentó como si fuera griego. No pasarán muchos días hasta que se creen otras dos: sobre supuestas comisiones ilegales en la compra de misiles franceses y aviones norteamericanos y sobre escuchas telefónicas ilegales a personalidades políticas y militares. Pero es el caso personificado en el banquero Georgios Koskotas, encarcelado en una prisión de Salem (Massachusetts, EE UU) y pendiente de extradición a Grecia, el que más directamente amenaza a Papandreu, que con la salud quebrantada y el estigma de su reciente derrota electoral corre el peligro de ser enjuiciado e incluso de dar con sus huesos en la cárcel.

La comisión parlamentaria y los jueces dirán la última palabra, pero no es fácil que la sombra de la sospecha desaparezca por completo. El país está en estado de catharsis, la purificación que la insólita y provisional coalición de conservadores y comunistas ha prometido llevar hasta sus últimas consecuencias. Y la pieza principal que se quiere cobrar en esa cacería es el veterano dirigente socialista.

Entre tanto, la vida política griega vive una precaria situación de interinidad, con un Gobierno que no puede gobernar sobre la mayoría de los asuntos claves, dadas las diferencias ideológicas irreconciliables entre las dos formaciones que lo componen y sin más programa consensuado que la catharsis y la preparación de las próximas elecciones, a celebrar en octubre. Todo apunta a que, para entonces, habrá salido a la superficie basura suficiente como para que el PASOK confirme el retroceso ya iniciado el 19 de junio. Constantino Mitsotakis, el dirigente de la conservadora Nueva Democracia, haría así realidad su sueño de llegar a la jefatura del Gobierno, y los comunistas tendrán que someter a la prueba de las urnas una actitud que, a fin de cuentas, ha abierto a la derecha, su enemigo ancestral, la puerta del poder.

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