Tribuna:

Escasas novedades y pequeño volumen de negocio

Los mercados nacionales de acciones iniciaron su andadura, en esta última semana del mes de julio, con más pena que gloria, limitándose a cumplir con las obligaciones que formalmente le están atribuidas, esto es marcar cambios, sin pretender en ningún caso trascender a estas obligaciones puramente formales.Las vacaciones estivales, y el propio entorno económico por el que discurre la actualidad nacional, constituyen elementos apriorísticos escasamente favorables para los mercados de renta variable.

Ayer, por ejemplo, el centro de los comentarios de los escasos asistentes a la reunión de...

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Los mercados nacionales de acciones iniciaron su andadura, en esta última semana del mes de julio, con más pena que gloria, limitándose a cumplir con las obligaciones que formalmente le están atribuidas, esto es marcar cambios, sin pretender en ningún caso trascender a estas obligaciones puramente formales.Las vacaciones estivales, y el propio entorno económico por el que discurre la actualidad nacional, constituyen elementos apriorísticos escasamente favorables para los mercados de renta variable.

Ayer, por ejemplo, el centro de los comentarios de los escasos asistentes a la reunión del mercado madrileño lo constituyeron las diversas hipótesis que se montaban en torno a las recomendaciones que el Banco de España cursó a la banca privada, en uno de cuyos apartados se apuntaba la conveniencia de que, por el momento, no se realizasen más ampliaciones de capital liberadas.

La confusión de los propios rumores, en los que no quedaba claro si esta recomendación afectaba sólo a los valores bancarios o a la totalidad de las sociedades que cotizan en bolsa, dotaba de una mayor transcendencia de la que realmente tenían a las apreciaciones de los desocupados.

La carta que cursó el banco emisor a las entidades de crédito privadas contenía un par de mensajes claros: que la situación de la banca no permite grandes alegrías, y que el desvío de depósitos desde las fórmulas tradicionales hacia los nuevos activos -pagarés y letras de cambio avalados- está suponiendo una disfunción importante en los agregados monetarios, aparte de representar, en cierta medida, una elusión de los coeficientes de inversión obligatoria. De esta forma se recomendaba a estas entidades que no avalasen pagarés de empresas ni letras de cambio en un plazo de tres meses, y que procurasen evitar acometer ampliaciones de capital liberadas.

Las razones de estas recomendaciones parecen bastante claras. En el primero de los casos el efecto de la traslación de depósitos hacia los pagarés y las letras de empresas avaladas estaba generando un curioso fenómeno, de marcado carácter inflacionista: mientras las disponibilidades líquidas crecían a un ritmo del 11,4%, los activos líquidos en manos del público lo hacían a una tasa próxima al 18%. En cuanto a las ampliaciones de capital, su proliferación, aparte de representar una retribución paralela a los dividendos, y por tanto contraria a la política gubernamental de moderación de rentas, supone un claro riesgo para las propias entidades por cuanto significan de obligación retributiva cara al futuro.

Con estos componentes a los que se une la continua marcha descendente de la peseta frente a las principales divisas, y las previsiones de evolución alcista de los tipos de interés en el mercado interior, se obtiene una idea bastante clara de las escasas posibilidades objetivas del mercado de renta variable.

Por tanto, y en opinión de los especialistas, cada vez queda más claro que todas las esperanzas para las próximas reuniones se centran en actuaciones más o menos aisladas, marcadas siempre por un claro matiz especulativo.

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