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Blogs / Cultura
La Ruta Norteamericana
Por Fernando Navarro

Jeff Tweedy y la compasión humana a la que atender

Al igual que Dylan, Springsteen o Neil Young, el líder de Wilco ha alcanzado un nivel de profundidad y dominio de la música norteamericana que se erige ya como un coloso

Jeff Tweedy, durante su concierto en Barcelona el jueves 12 de febrero.Christian Bertrand

Cuando entrevisté a Jeff Tweedy en febrero de 2025 para EL PAÍS, hubo una parte de la charla final que no se publicó. Después de formularle todas las preguntas, me lancé a hacer algo que no hago con los entrevistados: agradecer el valor de su música en mi vida. Pocas veces lo he hecho, pero con Tweedy sentí que no podía callarme. Con la mano en el corazón, le dije que sus canciones habían sido parte de mi banda sonora desde que conocí a Wilco con Summerteeth en torno al año 2001 poco antes de publicar Yankee Hotel Foxtrot, que me habían acompañado en los buenos y malos momentos, casi como hace un ser querido, y que, para mí, él era tan importante como lo eran Bob Dylan, Bruce Springsteen y Neil Young.

Hubo un silencio al otro lado del teléfono de apenas cinco segundos, que se me antojaron diez minutos. Y entonces respondió con un “guau”, seguido de unas palabras de agradecimiento que parecían tan sinceras como las mías. Justo cuando pensé que ya había acabado de darme las gracias, soltó una risita y fue él quien me lanzó una pregunta: “¿Sabes lo que siento cuando escucho a esos tres que has nombrado?”. Respondí que no. “Siempre he sentido que su música apela a ser mejor personas. Como si existiera una compasión humana a la que atender”, añadió.

La palabra compasión en inglés -compassion- se pronuncia muy parecida al español. Y, por tanto, resonó nítida, de una forma familiar, con la misma fuerza que da oírla en mi idioma y en estos tiempos en los que apenas se oye en ningún sitio, ni en la calle, los discursos políticos, las mesas familiares o las barras de bar. No pude quitármela de la cabeza durante unos días. De hecho, a día de hoy, todavía siento que, a veces, la escucho.

Durante el concierto de Jeff Tweedy en Madrid el pasado miércoles, la palabra me llegó como un pájaro en llamas. Resonó en mi cabeza con una intensidad extraordinaria mientras el líder de Wilco ofrecía un concierto sublime. El adjetivo no es gratuito: sublime es la palabra exacta para definir una actuación de tal calibre. Belleza, equilibrio, ímpetu, delicadeza o maestría son otras palabras que quedaron impregnadas a la música de Tweedy interpretada sobre el escenario en compañía de su banda, formada por sus hijos Spencer y Sammy y Sima Cunningham, Macie Stewart y Liam Kazar. Hubo algo de ternura aplastante al ver a un tipo como Tweedy, de 58 años, con un grupo de chavales que no llegaba ninguno a los 30 años. El propio Tweedy parecía rejuvenecer con un acompañamiento tan fresco, inocente, entusiasta.

Si me resonó la palabra con la que Tweedy vinculó a la música de Dylan, Springsteen y Neil Young, fue, primeramente, porque yo también volví a igualar su grandeza artística con la de ellos. Tweedy ha alcanzado un nivel de profundidad y dominio de la música norteamericana que se erige ya como un coloso, al igual que ellos. Es un artista capaz de brillar en esos matices de maestro, un músico capaz de ofrecer destellos tan definitivos y deslumbrantes que no puedes por menos que maravillarte por hacerlo, encima, tan sencillo, cuando, a todas luces, no lo es.

En Madrid, dejó fuera su papel de líder de Wilco y esas recreaciones sonoras de pura artillería instrumental tan asombrosas, tan marca de la casa Wilco. Se limitó a un papel de songwriter conseguidísimo en su último triple álbum en solitario, Twilight Override, una obra en la que el año pasado me sumergí con pasión y hallé toda la hondura de un artista con un universo propio. Porque Twilight Override guarda una atmósfera y una coherencia lírica y sonora sobresalientes y nos enseña en 30 canciones cuánto sufrimiento y desorientación hay en un mundo que pasa por encima de tantas personas. No es nuevo. Ya lo hizo en otros discos en solitario, pero también en los últimos tiempos de Wilco. Si hay algo que me ha fascinado de Wilco, más allá de sus hitos de sobra aplaudidos, fue un disco como Cruel Country, publicado en 2022, un trabajo que en su día alabé muchísimo por ofrecer una radiografía dolorosa y certera de un país como Estados Unidos lleno de rencor y paranoia y crear un ambiente delicadísimo, de justo equilibrio, en su country-folk contemporáneo, con un ligero adorno pop, que se distingue como una nueva e increíble vuelta de tuerca al género de la Americana.

Sobre el escenario, Tweedy defendió con la suficiencia de un venerable todo lo dicho, es decir, todo lo que en disco venía haciendo. De hecho, fue más fascinante verlo y sentirlo en directo. A la palabra sublime habría que acompañarla de otra: exquisito. La exquisitez tan detallista con la que tocó todo el repertorio se ve muy poco. Canciones tan sencillas como ‘New Orleans’, ‘Out in the Dark’, ‘Stray Cats in Spain’, ‘Cry Baby Cry’, ‘Feel Free’ o ‘Lou Reed Was My Babysitter’ sonaban como confesiones sagradas. Bajo fondos de telones morados, rojos o verdes, y mientras caían papelitos como restos de una fiesta ya acabada, cuando solo quedan los naufragios, las canciones parecían como sonar en el salón de una casa, con toda la intimidad hermosa de un momento único. Qué contención. Qué aplomo. Qué elegancia. Cuánta belleza.

Como si existiera una compasión humana a la que atender. Eso me dijo Jeff Tweedy cuando le igualé a Dylan, Springsteen y Neil Young. Era y es solo una opinión más, sin mucha importancia, pero, al verlo sobre el escenario, cobró todo el sentido del mundo. Es uno de ellos. Tweedy invita a esa compasión como un cirujano salva la vida de un paciente o una persona buena decide no vengarse para no crear más mal en un mundo dañado.

En estos tiempos, en los mismos en los que tantos líderes políticos son arrogantes y presumen de ser poderosos y no tener escrúpulos, la música de Tweedy es consuelo. Invito para ello escucharlo sin prisas. En estos tiempos, en los mismos en los que mucha gente se mueve guiada por el miedo y el odio, las canciones de Tweedy son pura fraternidad. Invito para ello estudiar los tres discos que forman Twilight Override. En estos tiempos, en los mismos en los que hay muchos adultos y gente de la generación del líder de Wilco tirando la toalla o jugando la baza del cinismo, la actitud de Tweedy es maravillosa. Invito para ello a verlo en directo acompañado de sus hijos y más chavalería.

En estos tiempos, en definitiva, Jeff Tweedy es un grande entre grandes. Porque se esfuerza con un talento descomunal en ofrecer posibilidades, hacer crecer la esperanza.

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