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Las voluntarias que abrazan bebés que están solos en Chile: “Es impresionante cómo los niños florecen”

En una residencia de menores y en el hospital San Juan de Dios de Santiago, se impulsa un plan para acompañar a niños de apenas semanas y meses que no son visitados, esperan su adopción o sus padres no están en condiciones de cuidarlos

Marjorie Jiménez, voluntaria de Abrázame, en el Hospital San Juan de Dios, en Santiago, el 9 de febrero.

Acaba de cumplir dos meses de vida y, aunque está sano, permanece en la unidad de Pediatría del Hospital San Juan de Dios, parte de la red de centros de salud pública de Santiago. Tampoco está claro cuándo Esteban —nombre ficticio para esta crónica— logrará ser dado de alta. La razón de que siga hospitalizado sin estar enfermo, es que no tiene madre o padre que lo pueda tener, cuidar y acompañar. Es la situación por la que pasan decenas de bebés en Chile que quedan en recintos hospitalarios tras su nacimiento debido a que fueron entregados para ir en adopción, fueron abandonados o porque los padres no están en condiciones de cuidarlos. Sin embargo, Esteban duerme plácido en los brazos de una de las dos voluntarias que se han comprometido a acompañarlo y brindarle un vínculo afectivo estable y diario hasta que se vaya a vivir con su familia de origen, adoptiva o de acogida, algo que se puede extender incluso por dos años.

Se trata de un plan piloto de la fundación Abrázame para prevenir lo que se llama carencia afectiva crónica, y lograr que aquellos niños de corta edad que no cuentan con sus padres, logren un mejor crecimiento, tanto en su alimentación y en su desarrollo neurológico como en sus contactos y vínculos afectivos, algo que se produce en las primeras horas, días y semanas de vida. Si no, se corre el riesgo de que el bebé se vaya apagando, y se generen problemas psíquicos y de comportamiento futuros.

El psiquiatra y psicoanalista Eduardo Jaar, considerado el inspirador de esta iniciativa, explica a EL PAÍS que “el recién nacido es un sujeto eminentemente social, que busca el contacto desde los primeros instantes de su vida (…). El contacto piel a piel con su figura cuidadora, el tomar en brazos al bebé, fomenta un ajuste del tono muscular y de la postura corporal recíproca entre el niño y el adulto. Es un ajuste que tiene un carácter contenedor de las emociones del bebé”. La repetición “de ciertos comportamientos de cuidado promueven la familiarización, el aprendizaje, la anticipación y la entrega de sentido en los actos en el bebé”, agrega. Eso promueve la “instalación de lazos primitivos” entre bebé y esa figura cuidadora, que son la “base de su desarrollo emocional”.

Pero cuando todo eso no está, el bebé, entre otras cosas, es más propenso a las enfermedades, pues hay un “retraso global en su desarrollo, pérdida del apetito, tendencia al retraimiento, evita el contacto con los adultos”, asegura Jaar. “El niño va a desarrollar un cuadro de carencia afectiva y sensorial temprano”, dice.

Un reportaje del medio The Clinic, de marzo de 2025, estimó que al menos unos 400 bebés quedaron al cuidado de hospitales de Chile desde 2018 por abandono, por haber sido dados en adopción o porque sus padres no se podían hacer cargo de ellos. Una situación que no ha hecho más que crecer en los últimos años y donde el problema se complica aún más por la larga espera de esos recién nacidos y niños pequeños para que llegue la decisión de un juez de familia y decida cuál es su próximo destino.

Para la pediatra-neonatóloga Carolina Méndez, jefa del Servicio de Neonatología del Hospital San Juan de Dios, una institución médica no es un lugar para niños sanos. “Lamentamos que los niños pasen hospitalizados porque no existe otro lugar donde puedan estar esperando a esa familia [de origen, de acogida o adoptiva], porque un juez los deja aquí meses”, afirma a EL PAÍS. “Un hospital no es un lugar para un niño sano. Porque hay niños con enfermedades, porque hay infecciones”, sostiene.

Además, los niños pequeños que no son visitados regularmente por un ser querido en el hospital no reciben los cuidados, la atención y el vínculo que requieren. Bárbara Valdivieso, psicóloga de Neonatología del San Juan de Dios, afirma que los bebés necesitan de “un otro para poder construir lo que va a ser en un futuro su mente, todas sus características sicológicas”. Esa persona —la madre, el padre— debe ser alguien estable en el tiempo, a quien reconozca sus manos, su olor, su voz, con lo que se establece el vínculo afectivo. En ese proceso, “en un primer momento los bebés son más demandantes, lloran más, se ponen más irritables. Están intentando que el mundo los contenga de alguna manera. Pero si esto se prolonga [y nadie los atiende], eventualmente llega un punto en que ese bebé deja de llorar, deja de tener este contacto con el mundo, ya no hace contacto visual y duerme mucho. Eso quiere decir que este niño psíquicamente se está apagando, porque no tiene este sostén que necesita”, afirma Valdivieso.

“Si llegamos antes, la historia cambia”

Precisamente, para ir en ayuda de esos bebés de semanas o meses, el hospital se sumó a un programa piloto de Abrázame una fundación que surgió en 2015 y que formalizó su labor en 2017, y que comenzó con un programa que apoya a niños en residencias de menores. Según cifras oficiales de diciembre pasado, 5.190 niños viven actualmente en ese tipo de hogares. En el programa inicial de Abrázame hoy participan unos 450 voluntarios, con trabajo semanal en 22 residencias de las regiones Metropolitana, de Valparaíso, O’Higgins y Biobío, donde viven casi 500 niños y cuyas edades van de cero a 18 años.

En 2024, con el apoyo del doctor Jaar, la fundación decidió avanzar y crear el programa Abrázame Más, aún en fase piloto, de apoyo diario a bebés. Se llamó a una convocatoria, y tras meses de selección y preparación, se comenzó con el trabajo de ocho en voluntarios para cuatro bebés en una residencia en el municipio de Providencia, en Santiago.

Es un proceso de preparación muy largo porque, como dice Cecilia Rodríguez, directora ejecutiva de Abrázame, “el compromiso es indefinido, hasta que el niño se va con su familia de origen, adoptiva o de acogida, y eso puede ser entre los tres meses y los dos años”. Es un trabajo intenso el que deben hacer las voluntarias, porque los educadores de las residencias “hacen todo lo posible por estar presentes [con esos bebés], pero trabajar con 15 o 20 niños es no parar. No tienen el tiempo para dedicarse a uno. Y tampoco pueden hacerlo, porque el resto también requiere asistencia”.

Son dos voluntarias a cargo de un bebé, que deben visitarlo diariamente por al menos dos horas, de lunes a domingo, al menos los primeros tres meses, para generar un vínculo, y luego puede turnarse. “Lo central es el compromiso, no fallar, el amor (…) y es impresionante cómo los niños florecen”, dice a EL PAÍS. “Por eso es importante la preparación, la contención y el seguimiento”, afirma Rodríguez, y explica que, por ahora, la falta de recursos económicos para tener equipo de profesionales de apoyo a los voluntarios impide que el programa Abrázame Más deje de ser piloto.

El año pasado Abrázame alcanzó un convenio con el Hospital San Juan de Dios para ir en ayuda de los bebés que nadie visita. “Sabemos que, si llegamos antes, la historia cambia”, destaca Rodríguez. Así, se hizo una nueva convocatoria, en la que se seleccionó y capacitó a 10 voluntarias.

Y dos de esas voluntarias, y luego de cinco meses de preparación, están desde enero acompañando a Esteban. Cada día, a las 11.30 de la mañana Marjorie Jiménez (48) llega al hospital San Juan de Dios, y es relevada a las 14:00 horas por Jacqueline Duhalde (58). Lo bañan, mudan, le cambian la ropa y le dan la mamadera (biberón). También lo arrullan, le hablan, le cantan y le cuentan de sus propias vidas. Hasta se llevan sus ropas para lavarlas en casa.

“Él ha sido muy receptivo con nosotras. La primera vez que lo tuve en mis brazos, el corazón se me arrugó, porque dije: a tan poquitos días de nacer y ya tiene que librar una batalla muy grande”, afirma emocionada Jiménez, mientras el bebé hace caso omiso al barullo de las visitas y continúa con su tranquilo y protegido sueño.

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