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Foto: Carlo Echegoyen | Vídeo: EPV/Getty

México abre la puerta al ‘fracking’ tras los años de veto de López Obrador

El Gobierno de Claudia Sheinbaum da pasos para emplear esta polémica técnica como vía para elevar la producción de gas natural

En el sexenio anterior, el fracking fue una línea roja en la política energética mexicana. Un veto claro y defendido desde el poder. Hoy, esa línea empieza a desdibujarse. La fractura hidráulica permite extraer gas y petróleo atrapados en formaciones rocosas profundas. El Gobierno de Claudia Sheinbaum ha abierto la puerta a emplear esta polémica técnica para elevar la producción de gas natural del país y así reducir las importaciones de este vital insumo desde EE UU.

El cambio de paradigma, sustentado en la idea de que México deje de depender de las importaciones de gas de Estados Unidos, ha abierto un debate dentro y fuera de Morena, el partido en el poder. Internamente, el nuevo rumbo energético representa una ruptura respecto del tabú impuesto por el líder moral de la izquierda mexicana Andrés Manuel López Obrador. Hacia afuera, el debate es más complejo, entre quienes ven en el fracking una herramienta necesaria para avanzar en la autosuficiencia energética y quienes consideran que el pregonado progreso no justifica el daño que dicha técnica trae para el medio ambiente y las comunidades.

El ajuste implica un cambio de rumbo con implicaciones políticas, económicas y ambientales profundas para el país. Organizaciones en contra de esta técnica como Greenpeace aseguran que la técnica requiere un uso intensivo de agua y supone un riesgo para las comunidades debido a la contaminación de los mantos freáticos.

Por otra parte, los defensores del fracking argumentan que México cuenta con suficiente gas natural para satisfacer todas las necesidades del país y tener excedentes para exportar. Lo único que se necesita es que las autoridades generen y autoricen los proyectos para explotarlos. Además, afirman que el avance de la tecnología ha reducido el impacto ambiental, como demuestra la experiencia de EE UU, donde esta técnica es ampliamente utilizada.

El Gobierno tiene ante sí el desafío de avanzar en la soberanía energética del país al tiempo que sanea las finanzas de la paraestatal Pemex y mantiene sus compromisos de protección al medioambiente. Lo que está en juego no es solo una técnica de extracción, sino el modelo energético que México adoptará en la próxima década.

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