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Qué vergüenza, coño

A Irene Moreno le quedan dos años de contrato, pero su edificio fue adquirido por un fondo buitre, que ya tiene fecha para echar a todos los vecinos

Protestas en las gradas del Congreso de los Diputados después de que el pleno derogase la prórroga de los contratos de alquiler.FERNANDO VILLAR (EFE)

Los amabilísimos ujieres del Congreso de los Diputados suelen ser los encargados de decirnos, una vez sentadas nuestras posaderas en el asiento de la tribuna, cuáles son las normas de comportamiento. Mucho cuidado con el uso de los móviles, nada de aplausos ni protestas, ni se os ocurran los improperios, las alegrías, mucho menos el vocerío. Es la grada del decoro, de la compostura, de las buenas maneras. Es la grada en la que una tiene que poner cara de nada, aunque esté ardiendo por dentro. A veces he soñado con poder darle la vuelta a la tortilla y que sea ahí abajo, donde se sientan sus se...

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Los amabilísimos ujieres del Congreso de los Diputados suelen ser los encargados de decirnos, una vez sentadas nuestras posaderas en el asiento de la tribuna, cuáles son las normas de comportamiento. Mucho cuidado con el uso de los móviles, nada de aplausos ni protestas, ni se os ocurran los improperios, las alegrías, mucho menos el vocerío. Es la grada del decoro, de la compostura, de las buenas maneras. Es la grada en la que una tiene que poner cara de nada, aunque esté ardiendo por dentro. A veces he soñado con poder darle la vuelta a la tortilla y que sea ahí abajo, donde se sientan sus señorías, donde reinen la buena educación y la esgrima y sea arriba donde nos dejen dar rienda suelta al desmelene.

En esta enésima semana de ruido, hubo una mujer que se ha saltado las normas. Acudió a la tribuna justo el día en el que se debatía el decreto sobre la prórroga del contrato de los alquileres. Y un poco antes de que se iniciara la votación, que acabó con el decreto denegado tras el voto en contra del PP, Vox, Junts y la abstención del PNV, se levantó —primera norma incumplida— y gritó: “¡Sinvergüenzas, haced algo ya, coño! ¡Sois culpables de esta situación!”. Ese “coño”, por un instante, fue España entera.

Por supuesto, siguiendo las normas del Congreso, fue expulsada del hemiciclo. Habló luego con algunos periodistas y les contó lo que había sentido en la Carrera de San Jerónimo. Dijo que le sorprendió la frialdad de los diputados, lo vacío de los discursos. “Esto no es un show televisivo, estáis hablando de nuestras vidas y lo estamos pasando muy mal”, contó a los compañeros de El intermedio.

Esa mujer se llama Irene Moreno, es jerezana y reside en el madrileño barrio de Chamberí desde hace tres años. Aunque le quedan dos años de contrato, su edificio fue adquirido en diciembre del año pasado por un fondo buitre, que ya tiene fecha para echar a todos los vecinos y cuyo objetivo es reformar los pisos y convertirlos en residencias de lujo.

El caso es que historias como la suya me suenan, y no sé de qué. O será que entre 2026 y 2027 vencen un millón de contratos de alquiler que afectan a 2,7 millones de personas. Debe ser eso. Algunos lo llaman tacticismo político, aritmética parlamentaria, la vida —que no es la nuestra— es así. Qué vergüenza, coño.

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