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Nadie rodará la serie que quiere ver Feijóo

La política en España solo deviene ficción audiovisual cuando es inofensiva

El chiste original de la pregunta de Feijóo del miércoles en el Congreso no era malo. Estaba bien tirado lo de Anatomía de un farsante, pero al trabarse y cerrarse el micrófono, el chiste mejoró muchísimo, hasta elevarse a la inmortalidad fugaz del meme (la inmortalidad, en estos tiempos, dura una semana): Anatop Ap es la serie que querríamos ver.

Entre atragantes y risas, se nos ha descuidado una verdad más que incómoda: ni Anatomía de un farsante, ni Anatop Ap, ni ninguna serie política inspirada en el presente es posible. No van a rodar una producción sob...

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El chiste original de la pregunta de Feijóo del miércoles en el Congreso no era malo. Estaba bien tirado lo de Anatomía de un farsante, pero al trabarse y cerrarse el micrófono, el chiste mejoró muchísimo, hasta elevarse a la inmortalidad fugaz del meme (la inmortalidad, en estos tiempos, dura una semana): Anatop Ap es la serie que querríamos ver.

Entre atragantes y risas, se nos ha descuidado una verdad más que incómoda: ni Anatomía de un farsante, ni Anatop Ap, ni ninguna serie política inspirada en el presente es posible. No van a rodar una producción sobre la corrupción en el gobierno de Pedro Sánchez, como no la van a hacer sobre la corrupción en el PP de Feijóo. La política en España solo deviene ficción audiovisual cuando es inofensiva.

Anatomía de un instante, la serie que intentó parafrasear el presidente popular, se ha estrenado 16 años después de la publicación de la novela de Javier Cercas en la que se inspira. De sus cuatro protagonistas solo vive el rey emérito, desactivado y desguazado en su jaima arábiga e inhabilitado en su derecho de réplica. Los otros tres, Carrillo, Suárez y Gutiérrez Mellado, están muertos. Cuando Cercas publicó su libro, vivían Carrillo y Suárez (este último, ya enfermo), y el rey aún era el Juan Carlos intocable. Conclusión: un solo escritor es más valiente que todas las cadenas de televisión juntas.

La literatura juega con ventaja porque no molesta tanto como el cine. A la letra impresa se le aplica aún esa máxima de Manuel Azaña de que quien quiera guardar un secreto en España debe publicarlo en un libro. Incluso aunque el libro sea de éxito, como es el caso. Los secretos solo se revelan cuando se adaptan a la pantalla. Al menos, así lo han entendido los jueces, muy estrictos con la aplicación del derecho al honor y a la propia imagen en las ficciones audiovisuales basadas en personajes reales, pero laxos con las ficciones literarias análogas. Es normal: el libro hay que leerlo para comprobar las acusaciones, y los jueces tienen mucho lío para ponerse a leer novelas. Una serie, en cambio, la ve cualquiera.

Nadie va a comprar las aventuras de Koldo y Ábalos en prisión, por hilarante que sea el episodio de los ronquidos y lo sensacional que se prevea su éxito. Ni Anatomía de un farsante ni Anatop Ap: este tiempo absurdo tendrá su serie cuando no queden mantas de las que tirar ni juzgados en los que litigar.

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