La santa enamorada de Emily Watson en ‘Rompiendo las olas’
Se cumplen 30 años del drama de Lars Von Trier que consagró la carrera de la actriz
Emily Watson fue la primera santa mártir de Lars Von Trier. Su bondadosa y enamorada Bess nos deslumbró (y destrozó) en Rompiendo las olas, estrenada en 1996, hace ahora 30 años. El cine dio un vuelco con la primera película de lo que hoy se conoce como la Trilogía del corazón, que se cerraba cuatro años después con otra víctima del sistema, la Selma de Björk en Bailando en la oscuridad.
En su emocionante discurso durante los SAG Actor Awards, la actriz Jessie Buckley le dedicó su premio a Watson, que da vida a su suegra en Hamnet. “Por tu salvaje imaginación, tu feminidad valiente y sin ataduras, por tu furiosa dulzura”, dijo. Sus palabras valdrían también para explicar al personaje de Bess. Rompiendo las olas, añadió Buckley, le cambió la vida, como a toda una generación de cinéfilas.
Rompiendo las olas es una película devastadora. Emily Watson solo tenía 29 años cuando la interpretó. Era su debut y a Jan, su marido, lo interpretaba Stellan Skarsgård, el padre de Valor sentimental. Watson le dio a su personaje expresiones propias del cine mudo. Sus vivos ojos verdes lo decían todo. Situada en una comunidad religiosa profundamente patriarcal de las Highlands escocesas en los años setenta, la historia empieza con la boda de Bess y Jan. Junto a él, Bess explora el sexo y los extremos de su incondicional amor. Cuando un accidente paraliza a su marido, Bess inicia un viacrucis perverso y suicida que pone a prueba la profundidad de ese amor.
Rompiendo las olas confronta la misoginia que sufre Bess con su extrema bondad. Durante toda la película, ella habla con Dios de forma inocente y sumisa. Bess desafía a su fe por Jan, cree que su amor podrá curarlo. El peso de la Iglesia como un estamento que oprime a las mujeres está siempre presente, pero el milagro de Bess se opone a ese poder. Su atroz sacrificio la convierte en una santa pagana, y Emily Watson encarnó ese misterio de una manera que abrió nuevos caminos en el arte de la interpretación. Cuando Jessie Buckley recordó lo que supuso Watson en Rompiendo las olas, compartió también su valioso consejo: “Tú me dijiste que siempre hay que volver al pozo de ser simplemente humanos. A la zona cero, cariño”. A Rompiendo las olas, 30 años después.