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Siria: el difícil regreso a casa

Los desplazados regresan a Homs, la tercera ciudad más grande del país, donde barrios enteros han quedado destruidos tras años de conflicto y sin servicios de salud operativos

El centro de Homs, Siria, que sigue muy dañado tras la guerra y el asedio, en marzo de 2025.SOPA Images (SOPA Images/LightRocket via Getty Images)

Tras años de desplazamiento por la guerra civil, muchos sirios que se vieron obligados a abandonar sus hogares están empezando a regresar a sus ciudades de origen, decididos a reconstruir sus vidas entre los escombros de la guerra. Sin embargo, a medida que cambian los patrones de desplazamiento, también lo hacen las necesidades sanitarias de las comunidades, que se enfrentan a la falta de servicios de salud operativos.

Las necesidades médicas que antes se atendían en las clínicas móviles y en los puestos de salud que las organizaciones humanitarias instalaron en campos de desplazados y diversos puntos del noroeste de Siria están ahora emergiendo en zonas rurales y barrios urbanos, que siguen luchando por recuperarse de años de conflicto y falta de inversión. El regreso de muchas personas a sus casas trae consigo la necesidad de atender enfermedades crónicas, reanudar tratamientos interrumpidos, atender necesidades urgentes de salud materna y abordar profundos traumas psicológicos. Todo ello, en ciudades que están semidestruidas y cuyos sistemas de salud, extremadamente frágiles, carecen de los recursos necesarios.

“Al día siguiente de la liberación, volví a casa”, me cuenta Aisha, una madre que acude al Centro de Atención Primaria de Salud de Khalediya, en Homs; un centro que cuenta con el apoyo de Médicos Sin Fronteras (MSF). “Fui a ver qué quedaba de ella y comprobé de primera mano que lamentablemente estaba muy dañada. Intenté arreglar lo que pude y comencé a vivir de nuevo en ella junto a mi familia”. “Por aquel entonces [durante la guerra], caían bombas y se producían masacres en Khalediya”, continúa. “Había francotiradores y nuestros hijos no podían ir al colegio. A veces ni siquiera podíamos salir para conseguir pan. Sentía que no podía cubrir las necesidades más básicas de mis hijos”.

Había francotiradores y nuestros hijos no podían ir al colegio. A veces ni siquiera podíamos salir para conseguir pan. Sentía que no podía ni tan siquiera cubrir las necesidades más básicas de mis hijos
Aisha, una desplazada siria

En Homs, la tercera ciudad más poblada de Siria, barrios enteros han quedado gravemente destruidos tras años de conflicto, y el barrio que rodea el Centro de Atención Primaria de Khalediya sigue cubierto de escombros y edificios dañados. A pesar de la devastación, las familias que regresan poco a poco están decididas a reconstruir sus vidas desde cero. Y muchas de ellas, como la de Aisha, se están instalando de nuevo en hogares que solo están parcialmente reparados o que siguen gravemente dañados. Simplemente, porque no tienen otro lugar adónde ir.

El camino hacia una recuperación económica significativa, y hacia una reconstrucción al menos parcial, será todavía muy largo. La realidad, hoy en día, es que la mayoría de las familias carecen de ingresos estables y tienen dificultades para cubrir incluso las necesidades más básicas.

“Nos desplazaron por la fuerza de nuestros hogares, en contra de nuestra voluntad, y acabamos en Idlib”, dice Tareq Aeshro, un ciudadano de la zona rural de Homs que también ha regresado recientemente. “Vivíamos en tiendas de campaña en un terreno montañoso. Muchas familias se habían desplazado allí antes que nosotros. Vivimos en esas condiciones durante ocho años. Algunas personas se quedaron incluso más tiempo: 10 años, otras 12″. “Las tiendas no ofrecían protección frente al calor o el frío. Nuestros hijos sufrían mucho en aquella región, a causa del calor del verano, del barro, de las lluvias y del frío invierno. Por eso, cuando gracias a Dios llegó la liberación, decidimos volver. Nuestro pueblo fue arrasado y casi desapareció del mapa; quedó convertido en un desierto. Por eso decidimos venir a Homs y establecernos aquí”, cuenta frente a la montaña de escombros en la que él y su familia tratan de levantar un nuevo hogar.

Para muchos, la vida cotidiana se ha convertido en una sucesión de decisiones difíciles. Los recursos limitados obligan a las familias a priorizar una necesidad urgente sobre otra: hay que decidir, por ejemplo, si pagar la consulta del médico para un niño enfermo o gastar el dinero en reparar las ventanas y puertas rotas de los hogares.

En lo que respecta a nuestro trabajo, ya no es solo que las necesidades sanitarias estén cambiando con respecto a las que nos encontrábamos en los campos de desplazados. Tampoco se trata solamente de adaptar los servicios médicos que antes prestábamos allí a unos nuevos servicios en las ciudades. La realidad es mucho más compleja.

Durante los años de desplazamiento, especialmente en los campamentos alrededor de Idlib, los servicios de salud se diseñaron en gran medida para atender afecciones agudas, brotes de enfermedades transmisibles, atención materna de emergencia y otras necesidades inmediatas, que se cubrían mediante respuestas humanitarias a corto plazo.

Ahora, a medida que la gente se reasienta en zonas urbanas como Homs, hay que pensar a medio y largo plazo. Años de interrupción de la atención sanitaria han provocado que numerosas personas que regresan vivan ahora con enfermedades no tratadas, como hipertensión o diabetes. Otras se enfrentan a lesiones, discapacidades y los efectos psicológicos duraderos del conflicto y el desplazamiento.

Al mismo tiempo, las familias intentan restablecer rutinas sanitarias básicas. Los niños suelen necesitar vacunas de recuperación y apoyo nutricional tras años de interrupción de los servicios, mientras que las mujeres embarazadas necesitan recibir atención constante durante el embarazo y después del parto, algo que, obviamente, ya era necesario cubrir durante los años de desplazamiento, pero que no siempre fue posible hacer.

Nos desplazaron por la fuerza de nuestros hogares, en contra de nuestra voluntad
Tareq Aeshro, un ciudadano de la zona rural de Homs

La implementación de la estrategia integrada del Gobierno para equipar los servicios de salud de todo el país toma forma gradualmente, pero, hasta que pase un buen tiempo, la falta de servicios de salud operativos en muchas de estas zonas seguirá siendo uno de los retos más críticos para el frágil sistema sanitario de Siria.

La historia del retorno a Siria no se limita a la reconstrucción de hogares, se trata de recuperar la dignidad, la continuidad de la atención sanitaria y la esperanza en el futuro. A medida que familias como las de Aisha y Tareq empiezan a reconstruir sus vidas en lugares aún marcados por la destrucción, el acceso a una atención sanitaria fiable y asequible se convierte en una piedra angular de la recuperación, no un lujo, sino una necesidad. Fortalecer la atención primaria, ampliar el apoyo a la salud mental y garantizar un tratamiento constante para las enfermedades crónicas son elementos clave para salvar la brecha entre la respuesta de emergencia y la recuperación a largo plazo.

Aunque los retos siguen siendo inmensos, la resiliencia de las comunidades que regresan sigue impulsando el progreso. Cada consulta, cada centro reparado y cada niño vacunado supone un paso hacia la restauración no solo del sistema sanitario, sino también del tejido de la vida cotidiana. El apoyo sostenido será fundamental para ayudar a los sirios a ir más allá de la mera supervivencia y construir un futuro más estable y saludable con dignidad.

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