El pez Babel
La traducción automática por IA ha avanzado rápida y sigilosamente hasta llegar a las llamadas, Wallapop, YouTube, Whatsapp o X
Desde que leí la Guía del autoestopista galáctico, el descacharrante clásico de la ciencia ficción que escribió Douglas Adams a finales de los setenta, quiero un pez Babel. Según la guía, es pequeño, amarillo, parece una sanguijuela y es la criatura más rara del Universo. Se alimenta de la energía de las ondas cerebrales ajenas, y si la introduces en tu oído excreta en tu mente una matriz telepática que te hac...
Desde que leí la Guía del autoestopista galáctico, el descacharrante clásico de la ciencia ficción que escribió Douglas Adams a finales de los setenta, quiero un pez Babel. Según la guía, es pequeño, amarillo, parece una sanguijuela y es la criatura más rara del Universo. Se alimenta de la energía de las ondas cerebrales ajenas, y si la introduces en tu oído excreta en tu mente una matriz telepática que te hace comprender todas las lenguas. Me gustaba pensar que en el futuro iríamos por el mundo con nuestro pez en la oreja entendiéndolo todo. Y resulta que, como tantas otras cosas que suceden muy lentamente hasta que después pasan de pronto, tengo uno en casa desde hace una semana sin darme cuenta, probablemente porque tiene pinta de móvil y aún no es usado como pez por demasiada gente. Lo he probado en una importante conferencia de negocios internacional (es decir, he llamado desde el dormitorio a mi pareja que hacía el paripé en el salón) y la traducción simultánea del teléfono ha funcionado relativamente bien: yo escuchaba una voz sintética masculina en español y él, otra femenina en inglés. Poseen esta función algunos móviles de alta gama de Google, Apple y Samsung, pero también existen en el mercado auriculares genéricos que prometen lo mismo por 30 o 40 euros.
La incorporación de la traducción por inteligencia artificial en el hardware ha sido el último paso de una tecnología que ha avanzado rápida y sigilosamente en el software. Tras la pandemia, los programas de videollamadas empezaron a transcribir reuniones, ahora subtituladas en directo. Las aplicaciones de compraventa la integraron incluso en mensajes privados: la comunicación con las francesas de Vinted y los italianos de Wallapop se hizo más fácil, incluso sin darnos cuenta de que hablábamos idiomas distintos. Algunos podcasts comenzaron a publicar versiones en español que sonaban raras, pero que resultaban comprensibles. El foro Reddit aparecía en nuestro idioma en las búsquedas, a pesar de ser estadounidense. YouTube empezó a traducir directamente el audio de sus vídeos. En Instagram o TikTok se imita artificialmente el movimiento de los labios de la persona para que el resultado sea menos extraño. WhatsApp permite traducir conversaciones enteras sin fricción. En X, desde hace unas semanas, la traducción se realiza por defecto, y mi pantalla se ha llenado de mensajes escritos originalmente en japonés, y de personas maravilladas porque la red en la que viven es ahora mucho más grande y rica.
¿Son de buena calidad todas estas traducciones? En absoluto, y a veces resultan incomprensibles por la falta de contexto cultural, para desesperación de traductores e intérpretes profesionales, dos de los oficios más afectados por la IA. Pero como en todo lo relacionado con esta tecnología, que algo sea más o menos pasable y cumpla su función parece suficiente, aunque cometa errores graves. En la página de los AirPods de Apple aparece una nota significativa sobre la interpretación en tiempo real: “Utiliza modelos generativos y los resultados generados pueden ser inexactos, inesperados u ofensivos. Comprueba la información importante para verificar su exactitud”. Adams avisó de lo contrario, porque entenderse demasiado también puede ser un problema: “El pobre pez Babel, al derribar eficazmente todas las barreras de comunicación entre las diferentes razas y culturas, ha producido más guerras y más sangre que ninguna otra cosa en la historia de la creación”.