El CEO es contenido
Mientras los líderes de la inteligencia artificial pelean por crear su narrativa, el nuevo directivo de Apple, John Ternus, es una página en blanco
Hay que reconocerle al tecnocapitalismo un flujo constante de consejeros delegados muy entretenido. Últimamente se han destapado dos de ellos y conocimos a un tercero, y no se me ocurren personajes más dispares.
El primero es Dario Amodei, de Anthropic, la empresa que ha creado el modelo de lenguaje favorito de los programadores, Claude, y que insiste en posicionarse como ...
Hay que reconocerle al tecnocapitalismo un flujo constante de consejeros delegados muy entretenido. Últimamente se han destapado dos de ellos y conocimos a un tercero, y no se me ocurren personajes más dispares.
El primero es Dario Amodei, de Anthropic, la empresa que ha creado el modelo de lenguaje favorito de los programadores, Claude, y que insiste en posicionarse como la alternativa ética de la inteligencia artificial. En enero publicó una “constitución” llena de buenas intenciones, liderada por una filósofa. La negativa a construir armas autónomas les provocó una disputa con el Departamento de Guerra estadounidense que aprovechó para cerrar acuerdos su competidor Sam Altman (OpenAI), un tipo con tan pocos escrúpulos que un perfil reciente de The New Yorker insinúa que es un sociópata. Hace unos días Anthropic avisó de que habían construido una versión de Claude demasiado peligrosa, Mythos, capaz de encontrar errores de programación tan severos en la red que podría poner en peligro el sistema financiero mundial, y que por el bien de la humanidad se negaban a publicarlo.
El segundo CEO es Alex Karp, de Palantir, la siniestra gran contratista de defensa de EE UU. Karp no es precisamente un recién llegado ―cofundó la empresa, junto a Peter Thiel y otros, en 2003― y siempre ha expresado en público unas ideas belicistas y discutibles. Publicó un libro el año pasado, The technological republic, donde desarrollaba en profundidad su filosofía, pero solo se le ha hecho caso esta semana después que la empresa publicara en X un resumen en 22 puntos que sorprendió a muchos (así es el mundo moderno: hasta el emérito tuvo que grabarse un vídeo para promocionar sus memorias). El texto denuncia la decadencia de la sociedad, aboga por un servicio militar obligatorio, reivindica el papel de Silicon Valley en la defensa nacional y defiende una obediencia ciega al Estado en la construcción de armas, con la IA como nuevo elemento disuasorio geopolítico que sustituye al poder nuclear. Como ha dicho el periodista Enric Juliana, es el Manifiesto Futurista del siglo XXI.
El tercer directivo es John Ternus, nuevo consejero delegado de Apple a partir de septiembre. Ingeniero especializado en hardware, no posee redes sociales, se desconoce si tiene familia y es tan discreto que los periodistas anglosajones se han tenido que agarrar en sus perfiles a detalles tan poco apasionantes como que parece caer bien a todo el mundo, fue nadador en la universidad, es tan sensato que una vez decidió guardarse una funcionalidad del iPhone para los modelos más caros y es tan perfeccionista que discutió con un proveedor porque unos tornillos no eran exactamente como se había acordado. Sustituye a Tim Cook, quizá uno de los CEO más eficaces de la historia, que relevó a su vez a Steve Jobs, uno de los más innovadores y carismáticos, y que además del Mac o el iPhone supo crear alrededor de Apple un mito que aún perdura. Es la compañía más valiosa del mundo, pero se ha quedado muy atrás en cuanto a la IA y su relato, y ―según coinciden esos mismos perfiles― Ternus es un hombre de hardware, no de software.
En resumen: Amodei se hace el bueno, Karp y Altman probablemente sean muy malos y Ternus es una página en blanco. Tenemos, por tanto, a algunas de las empresas más importantes del momento desesperadas por construir una narrativa alrededor de la IA, y a otra (la que lo sabe todo sobre ser icónica) loca por evitarlo. El consejero delegado también es contenido.