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Ese libro que no es suyo; ese libro que es usted

Lo que leemos, todos los textos que hemos tenido y tendremos entre manos, nos hace como somos

Visitantes en el Book Music Festival, una pequeña feria de libros de música en el barrio barcelonés de Hostafrancs. Massimiliano Minocri

Ese libro que heredó. Ese libro que no es suyo pero guarda algo de quien lo tuvo. Guarda un olor, o una huella. Quizá una nota al final o un tique del día en que lo compró. A lo mejor una firma. Eso: una firma y una fecha manuscrita en la última página, con muescas en los bordes. Ese libro que no es suyo, pero que usted se quedó furtivamente. Se lo quedó porque, cada vez que lo ve, ...

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Ese libro que heredó. Ese libro que no es suyo pero guarda algo de quien lo tuvo. Guarda un olor, o una huella. Quizá una nota al final o un tique del día en que lo compró. A lo mejor una firma. Eso: una firma y una fecha manuscrita en la última página, con muescas en los bordes. Ese libro que no es suyo, pero que usted se quedó furtivamente. Se lo quedó porque, cada vez que lo ve, se acuerda del día en que lo robó, y sonríe. Ese libro que no devuelve porque hay libros rebeldes, y se rebelan.

Ese libro que usted sabe que le deben y que, de vez en vez, reclama. Reclama aunque no le haga falta. Reclama porque lo quiere, consciente de que no volverá. Ese libro de cronopios y de famas. Ese libro de ciencia ficción que ya es real. Ese libro de risa que ya da miedo.

Ese libro cuya primera frase no olvidará nunca. Ese libro del que no hay vuelta atrás. Ese libro que compró sin saber por qué: por la portada, que le llamó la atención. Porque se lo recomendaron. Porque iba a ser para regalar y al final se quedó en casa. Ese libro que compró por impulso, como se compra un suéter o un dulce. Ese libro que compró aunque supiera que no lo iba a leer: ese libro que compró porque no podría leerlo. Somos los libros que hemos leído y los libros que dejamos a medias. Somos también los libros que nos quedarán por leer.

Ese libro que no deja de recomendar o que le han recomendado tanto que ya no quiere leer, porque el gozo está en la expectativa. Ocurre a menudo: que el rigor de la realidad estropea los deseos. Ese libro que subrayó con una fiebre extraña, que no parecía suya. Ese libro que por supuesto subrayó: no se escriben frases memorables para que nadie las destaque por encima de las demás.

Ese libro de ficción con el que se entiende la actualidad. Esa novela que describe las tensiones políticas mejor que los tratados. Ese libro que no pudo dejar de leer o que leyó a escondidas. Ese libro que le hizo ver las cosas de otra manera, o que le indignó sin remedio. Ese libro que regaló a sus hijos para que despertasen a la conciencia del compromiso. Ese libro que le dejaron sus padres o los parientes que le quisieron igual que quieren los padres. Ese libro que cerró con una satisfacción que no se puede comparar con nada.

Ese libro que le escribieron, porque a veces los libros están escritos para nosotros por personas que nunca sabrán de nosotros. Ese libro con el que echó a reír. Con el que viajó. Ese libro que no olvidará. Ese libro que relee. Ese libro que le define. Ese libro que perdió y que extraña: porque se puede echar de menos un libro. Ese libro que siempre quiso escribir. Ese libro, en fin. Ese libro que no es suyo: ese libro que es usted.

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