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La tensión permanente no es inevitable

Las lectoras y los lectores escriben sobre la guerra en Irán, el viaje de la Artemis 2, el racismo en el fútbol y el duelo

Estructuras del complejo polideportivo Azadi, en Teherán, destruidas durante un bombardeo. ABEDIN TAHERKENAREH (EFE)

La guerra en Irán es una nueva muestra de cómo los conflictos internacionales acaban teniendo consecuencias globales inmediatas. Mientras las potencias juegan a la escalada militar, la ciudadanía, tanto en la región como en Europa, ya sufre los efectos: el aumento de los precios de la energía y de la gasolina, la incertidumbre económica y el miedo a una expansión del conflicto. Resulta preocupante la normalización de una guerra que puede desestabilizar todo Oriente Próximo y tener repercusiones mundiales. La diplomacia tendría que ser la prioridad, no el último recurso. Nos hemos acostumbrado demasiado rápido a vivir en un mundo en tensión permanente, como si fuera inevitable. Pero no lo es.

Júlia Torres Roselló. Cerdanyola del Vallès (Barcelona)

Usemos el viaje lunar para el bien

El hito de la misión científica Artemis 2 es apasionante. No tanto así algunas circunstancias en las que se produce. La nueva carrera espacial viene a resucitar al Tucídides de las guerras preventivas, del “o ellos, o nosotros”. El progreso innovador se ve eclipsado por ademanes de fuerza. Si antes la Luna era reflejo de nuestros anhelos, hoy lo es de la geopolítica mundial. Pasar del suspiro onírico al resoplo hiperrealista representa un augurio. Lo aeroespacial y lo estratégico se incardinan en numerosas sinergias de vigilancia, conectividad o navegación. Recuerdo haber leído a Luis García Montero: “Ni las noches cargadas con pólvora de luna, ni los lobos en mesas de despacho”. Pues rescatando aquel homo homini lupus que advierte de que el hombre es un lobo para el hombre, bien haríamos en evitar episodios de licantropía y aprovechar la capacidad técnica para construir. Sí a nutrir de estos avances la defensa, y no a su uso irresponsable.

Daniel Barroso Domínguez. Madrid

Cuando el racismo entra en juego

Los recientes cánticos racistas en un estadio de fútbol vuelven a poner en evidencia una realidad que a menudo se intenta minimizar. Lo que debería ser un espacio de respeto y convivencia se transforma, a veces, en un lugar donde se cruzan límites que no deberían tolerarse. Como joven, cuesta entender que en un deporte que mueve a tanta gente aún se utilicen la religión o la identidad para atacar a otros, y que muchas veces esto se relativice. Quizá el problema no sea solo quien grita, sino el silencio de quienes lo normalizan.

Carlota Espelt Llebaria. Barcelona

El hueco que queda

Mamá se fue y papá perdió al amor de su vida. La ausencia de alguien se evidencia en los huecos que deja en casa: un sitio en la mesa, un armario vacío, un lado de la cama. Últimamente, he pensado mucho en la cantidad de cosas que sabían el uno del otro, en los pequeños detalles que florecen con un amor compartido durante años: por ejemplo, cómo le gustaba comer las lentejas (con un buen chorro de vinagre) o la cantidad de secretos que se confesaron el uno al otro y que ahora papá debe guardar solo. Cuando alguien se va, deja un hueco, pero este queda habitado por el amor que permanece en quienes nos quedamos.

Candela Sánchez Martín. Madrid

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