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Envidia de Pedro Sánchez

El ‘Zeitgeist’ o espíritu de nuestro tiempo puede estar cambiando. Y el presidente ha sabido leerlo

Pedro Sánchez, a su salida de una sesión plenaria en el Congreso de los Diputados, el jueves.Gabriel Luengas (Europa Press)

El milagro puede estar ocurriendo. En los últimos años, la ultraderecha olió sangre y dominó el discurso hablando directamente a las vísceras y agitando el miedo a la inmigración y a la pérdida de identidad en un mundo cambiante donde las decisiones económicas se nos escapan. Lo saben bien Trump y una ultraderecha europea que utilizaron los recelos contra el orden legal, contra el feminismo, las nuevas libertades y el wokismo.

Es lo que los alemanes llamaron el Zeitgeist, el espíritu del tiempo: ese conjunto de ideas o sentimientos que marcan la atmósfera cultural e intele...

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El milagro puede estar ocurriendo. En los últimos años, la ultraderecha olió sangre y dominó el discurso hablando directamente a las vísceras y agitando el miedo a la inmigración y a la pérdida de identidad en un mundo cambiante donde las decisiones económicas se nos escapan. Lo saben bien Trump y una ultraderecha europea que utilizaron los recelos contra el orden legal, contra el feminismo, las nuevas libertades y el wokismo.

Es lo que los alemanes llamaron el Zeitgeist, el espíritu del tiempo: ese conjunto de ideas o sentimientos que marcan la atmósfera cultural e intelectual de una época. Debemos reconocer que alguien como Trump supo captarlo, tomar de ello lo que le interesaba, enardecerlo y volverlo a su favor. Los imitadores en Europa le siguieron.

Hoy, quién sabe si está cambiando el espíritu del tiempo. Y si hay otro maestro en captar el Zeitgeist, ese es Pedro Sánchez. Audaz e intuitivo, el presidente del Gobierno español fue el primero que olió las nuevas emanaciones de fracaso que llegan de la Casa Blanca y que puso pie en pared. La jugada es inteligente y maestra: ya no necesita confrontar con Ayuso, ni con Feijóo, sino que lo hace directamente con Trump. Y además tiene razón.

Frente al servilismo que han demostrado el jefe de la OTAN o la presidenta de la Comisión, Sánchez alzó la voz y llamó a las cosas por su nombre. Si los principales líderes europeos empezaron dando una de cal y otra de arena, titubeantes, han tenido que virar hacia una mayor firmeza: no es nuestra guerra.

Ayer, The Wall Street Journal fue el último periódico conservador que brindó una portada a Pedro Sánchez como el europeo capaz de decir “no” a Trump. Antes lo hizo Financial Times. Se huele la envidia. Y más importante aún: los últimos resultados en países europeos castigan a los más trumpistas. La derrota de Giorgia Meloni en el referéndum sobre la reforma judicial en Italia ha sido leída como un varapalo a su seguidismo. La victoria de la socialdemócrata Mette Frederiksen en Dinamarca, como un aplauso a su firmeza frente a la agresividad sobre Groenlandia; la resistencia de la izquierda en las municipales de Francia también ha enviado una señal a la ultraderecha. Por si acaso, Marine Le Pen ha corrido a criticar esta semana la nueva guerra de Trump.

¿Ha llegado el momento del péndulo? ¿La atmósfera está cambiando y empezamos a estar hartos de la crueldad? Tal vez sí y Sánchez ha sabido leerlo. ¿Y Feijóo? En el decreto de las ayudas y en general, él se abstiene.

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