Cuestión de unos días
Mientras la gente llena los bares, en algún lugar del planeta se produce un bombardeo
Esto será cuestión de unos días, decían los felices agüistas en aquel balneario cerca de Viena el 28 de junio de 1914. A la hora del té a la sombra de los tilos una orquesta de violines y pistones tocaba un vals. En medio de esta perfecta armonía, de repente, la orquesta dejó de sonar. Algunos oyentes rodearon a un guardia que en ese momento estaba fijando en un tablón ...
Esto será cuestión de unos días, decían los felices agüistas en aquel balneario cerca de Viena el 28 de junio de 1914. A la hora del té a la sombra de los tilos una orquesta de violines y pistones tocaba un vals. En medio de esta perfecta armonía, de repente, la orquesta dejó de sonar. Algunos oyentes rodearon a un guardia que en ese momento estaba fijando en un tablón la noticia de que en Sarajevo el archiduque Francisco Fernando, heredero del trono del imperio austrohúngaro, había sido asesinado. Nadie dio demasiada importancia a ese hecho, de modo que el vals volvió a sonar de nuevo desde el mismo compás en que se había interrumpido. Poco después empezó la I Guerra Mundial. Esto será cuestión de unos días, decían aquellos felices bañistas ataviados con pamelas y sombreros blancos. Fue una guerra de trincheras, de cuerpo a cuerpo, a bayoneta calada que empezó con un vals y duró cuatro años. Murieron casi 22 millones de personas. Así sucedió también aquel 17 de julio de 1936 en España. Llegaron las noticias de que los militares se habían levantado en África contra la República. Esto será cuestión de unos días, decía la gente mientras muchos preparaban el equipaje para irse de veraneo. Fue una tragedia cainita de tres años a sangre y fuego de la que este país tardó mucho en recuperarse. También había amanecido un día radiante el 1 de septiembre de 1939. Alemania invadía Polonia. La radio transmitió junto a los bramidos de Hitler un éxito fulgurante. Esto será cuestión de unos días, decía la gente sin percatarse de que estaba comenzando la II Guerra Mundial, que produjo 70 millones de muertos. Hoy mientras la gente celebra fiestas, llena los bares y vive la vida con toda normalidad en algún lugar del planeta se produce un bombardeo. En efecto, piensas que esta también podría ser una cuestión de unos días, pero esta vez, sin saber por qué, el azar bélico ha añadido una extraña variable que vuelca el tablero y a tu alrededor el mundo se cae a pedazos.