Ir al contenido

Así funciona la piratería en el siglo XXI

Una flota de buques fantasma recorre los mares con crudo de países afectados por las sanciones de EE UU

Varios buques esperan frente a la costa de Fujairah, en Emiratos Árabes Unidos el pasado martes. Amr Alfiky (REUTERS)

La República Islámica de Irán aún debe tener buena parte de su producción petrolera en el agua. Hace pocas semanas se calculaba que unos 50 días de extracción de su crudo —unos 166 millones de barriles— estaban flotando, la mayoría cerca de Singapur, porque el Golfo tampoco era ya un espacio seguro para su oro líquido. Antes del inicio del ataque de Israel y Estados Unidos, que ha pisoteado la legalidad internacional y ...

Suscríbete para seguir leyendo

Lee sin límites

La República Islámica de Irán aún debe tener buena parte de su producción petrolera en el agua. Hace pocas semanas se calculaba que unos 50 días de extracción de su crudo —unos 166 millones de barriles— estaban flotando, la mayoría cerca de Singapur, porque el Golfo tampoco era ya un espacio seguro para su oro líquido. Antes del inicio del ataque de Israel y Estados Unidos, que ha pisoteado la legalidad internacional y está provocando el caos en la región, dicha medida ya había sido adoptada con el objetivo de proteger la principal fuente de riqueza del país ante una más que posible agresión y, a la vez, se había diseñado toda una opaca logística en la sombra para evitar las sanciones impuestas por la Administración norteamericana. Porque la decisión de estrangular económicamente el siniestro régimen de los ayatolás no ha sido una improvisación del señor feudal Donald Trump tomada durante las últimas semanas. En su anterior presidencia aprobó una orden presidencial para atacar económicamente a Irán toda vez que aquel país era descrito como “el principal patrocinador mundial del terrorismo”. Se trataba de evitar el desarrollo nuclear y la producción de misiles intercontinentales. “La política de Estados Unidos es negar al Gobierno iraní los ingresos, incluidos los derivados de la exportación de productos de sectores clave de la economía iraní, que pueden utilizarse para financiar y apoyar su programa nuclear, el desarrollo de misiles, el terrorismo y redes de proxy terroristas, y la influencia regional maligna”. En virtud de dicha orden, hace algo menos de un año Estados Unidos sancionó una refinería china —Shandong Shengxing Chemical— porque había adquirido crudo iraní por una cantidad superior a los 1.000 millones de dólares. En la nota de prensa dicha empresa era presentada con el mote que sirve para identificarlas: una tetera.

En julio de 2015 estas empresas privadas dedicadas a la refinería, mayoritariamente radicadas en la provincia de Shandong, pudieron consolidar su modelo de negocio. Si en un principio se habían dedicado a refinar fuelóleo, entonces recibieron la autorización estatal para poder comprar cuotas de crudo importado. Así acabó para sus trabajadores la incertidumbre de tener la fábrica funcionando a bajo rendimiento. Uno de ellos lo explicaba con lágrimas en los ojos en el digital China Daily: “Antes pensábamos que éramos ciudadanos de segunda clase, pero ahora estamos en igualdad de condiciones”. La actividad en esas instalaciones, altamente contaminantes, se aceleró, y también los beneficios. Lograrlos dependía de la fórmula de la Coca-Cola que aplican sus directivos: regatear las limitaciones de compras impuestas por el Gobierno chino, aprovechar las oportunidades que surgen en uno de los mercados condicionados y que condiciona la geopolítica global. Las sanciones de Estados Unidos a algunos de los principales productores del mundo, en esta lógica, han sido ventanas de oportunidad para las teteras porque han podido comprar a buen precio. Lo complejo en este contexto alegal es la llegada de la materia prima desde países como Venezuela o Irán. Se necesitan buques fantasma que surcan lentamente mares y océanos para no ser detectados, viajan con falsa bandera y no contratan seguros, muchos están en estado comatoso, lo que puede provocar catástrofes medioambientales.

En 2024 Bloomberg publicó un reportaje fascinante analizando imágenes tomadas por satélite para ubicar la concentración de esos barcos con crudo iraní en la costa china. Durante los últimos años se ha ido estructurando toda una operación encubierta que implica empresas pantalla y alianzas informales con China, entre otros países, que ha posibilitado el sostenimiento económico de Irán. Es una forma de piratería a gran escala, en el corazón de las tinieblas de la globalización.

Archivado En