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Un Arco reivindicativo

Estar gravado con un IVA mucho más alto que en los países de nuestro entorno es una anomalía que lastra el comercio español del arte

Varias personas pasan delante de una pintura expuesta en una de las galerías participantes en la Feria ARCO, en marzo de 2025. CONTACTO vía Europa Press (CONTACTO vía Europa Press)

Quien acuda estos días a Arco, la feria de arte contemporáneo que abre sus puertas este miércoles en Madrid, se encontrará de nuevo con una llamativa anomalía. Dos obras equiparables del mismo artista en dos galerías europeas tendrán un precio distinto. Esto se debe a que, si la galería es española, se le aplicará un IVA del 21%; si es, por ejemplo, francesa el gravamen será de un 5,5%.

El sector del arte en España lleva tiempo reclamando al Gobierno que acabe con este agravio comparativo. Las protestas se han intensificado en los últimos meses y volverán a escenificarse en esta edición. España es el único país europeo del entorno que grava las adquisiciones de arte con un 21%. Se mantiene el mismo tipo que decidió en 2012 el entonces ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, y ningún Gobierno desde entonces ha accedido a aplicar tipos reducidos como sí han hecho Italia (5%), Francia (5,5%), Alemania (7%) o, en los últimos meses, Portugal (6%) y Bélgica (6%). En conclusión, las galerías españolas operan en desventaja respecto a sus pares de los Veintisiete.

España sigue, como recuerda el manifiesto firmado hace unos meses por más de mil artistas y galeristas, sin transponer la directiva europea de 2022 que otros países de la zona ya han adaptado a sus legislaciones y que permite a los Estados aplicar tipos reducidos de IVA a bienes y servicios culturales. El sentimiento de agravio es aún mayor si se tiene en cuenta que otros sectores del mundo de la cultura, como los conciertos o espectáculos de teatro, se gravan con tipos reducidos, o superreducidos en el caso de los libros.

El ministro de Cultura, Ernest Urtasun, se ha expresado en alguna ocasión a favor de reducir el IVA de las obras de arte, pero alega que es Hacienda la que tiene que actuar. El sector se queja de que, a pesar de sus protestas, ni Cultura ni el departamento que dirige María Jesús Montero, ni nadie del Ejecutivo, ha ofrecido argumento alguno, económico o político, para no corregir esta anomalía española.

La de las galerías no es una lucha que conecte fácilmente con el público general. No es la compra de obras de arte una actividad de primera necesidad para el común de los ciudadanos, que pueden percibir el trabajo de las galerías como una labor orientada a las élites más adineradas. Pero no lo es más que la ópera, por ejemplo, que soporta un gravamen reducido. Y aciertan los afectados al recordar que buena parte de los coleccionistas en Europa son individuos que compran con recursos limitados y que, en todo caso, las ventas son la principal manera que tienen los artistas de generar ingresos. Las galerías, abiertas al público general de manera gratuita, son espacios clave para la difusión del arte, prestan obra a los museos, suponen un apoyo imprescindible para los creadores y, en suma, constituyen un elemento clave en el tejido cultural. Merecen, al menos, una interlocución adecuada por parte del Gobierno para abordar una reivindicación justa.

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