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Ucrania, una guerra europea

Las veleidades de Trump con Putin hacen más necesario que nunca el apoyo de la UE a Kiev tras cuatro años de invasión rusa

Natalia Kozak, de 45 años, visita este martes en el cementerio de Lviv la tumba de su hijo Bogdan, muerto en combate tras alistarse voluntario al ejército ucranio con 17 años.Rostyslav Averchuk (EFE)

El 24 de febrero de 2022 dio comienzo lo que el presidente ruso, Vladímir Putin, denominó cínicamente “operación militar especial” en Ucrania. Una injustificable invasión que, cuatro años después, se ha convertido en el conflicto bélico más largo en suelo europeo desde la II Guerra Mundial. Por ahora, Putin no ha logrado reconfigurar las fronteras de Europa al fracasar su intento de borrar del mapa una nación soberana. No hay que olvidar que las tropas rusas llegaron en 2022 hasta los mismos suburbios de Kiev, dejando un rastro de sangre en la localidad de Bucha, en el extrarradio de la capital, donde casi 500 civiles fueron asesinados. Pero, incuestionablemente, la decisión del Krem­lin ha cambiado la configuración de las relaciones internacionales y ha colocado a Europa ante un escenario que le obliga a replantearse su papel en el mundo.

El principal coste de una guerra siempre es el humano. Según cifras de Naciones Unidas, en este tiempo, al menos al menos 15.172 civiles han muerto víctimas de los ataques indiscriminados del ejército de Putin. De ellos, 766 eran niños. Además, más de 40.000 civiles han resultado heridos. La ONU advierte de que, lejos de reducirse, en 2025 y lo que va de 2026 se ha producido un incremento de las bajas civiles. El bombardeo masivo con drones rusos de enclaves urbanos, unido al ataque de instalaciones de electricidad y agua en pleno invierno, ha aumentado la penuria de la población. Las cifras de bajas militares son menos claras porque el Estado Mayor ucranio oculta esos datos invocando el secreto de guerra, mientras que Rusia es sospechosa de rebajar los suyos. El Centro de Estudios Estratégicos Internacionales estima que, sumados rusos y ucranios, se avanza hacia la cifra de dos millones de bajas entre muertos, heridos y desaparecidos, de los cuales 1.200.000 son rusos, y 600.000, ucranios. Una verdadera sangría.

Es cierto que en la actualidad las tropas de Moscú avanzan y ocupan ya el 20% del territorio ucranio, pero lo hacen a un ritmo ralentizado de 20 a 60 metros diarios. Que a estas alturas Rusia no haya ganado la guerra se explica en parte por dos factores que Putin subestimó: la resistencia del pueblo ucranio y la solidaridad europea. En 2022, Europa abrió sus fronteras a millones de refugiados ucranios al tiempo que, junto a Estados Unidos, se comprometía en el sostén de un ejército que corría el riesgo de ser arrollado por una de las mayores maquinarias militares del planeta. Cuatro años después, los EE UU de Trump han abdicado de su compromiso con el país agredido —este martes no envió representación a las conmemoraciones en Kiev— y juegan a la equidistancia con el agresor. La sociedad ucrania está agotada, y la guerra, prácticamente estancada mientras el Gobierno de Zelenski busca una salida justa. En este contexto, Europa debe acompañar a Ucrania en sus decisiones asumiendo un papel de garante. De cómo se resuelva esta larga guerra depende su propia seguridad, su futuro.

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