La mano política en la cultura
El recorte en la subvención pública de Madrid al Círculo de Bellas Artes empobrece la ciudad entre sospechas de sectarismo
El drástico recorte de la subvención pública de la Comunidad de Madrid al Círculo de Bellas Artes despide un ineludible aroma a un intento de condicionar la programación de esta institución imprescindible en el paisaje cultural madrileño. El modelo de subvención nominativa que recibía ha sido sustituido por otro en el que se financian los proyectos que la consejería considere de interés. El temor a que se imponga un sesgo de manera implícita en la programación está justificado y ha sido alentado por la confusión a la hora de explicar los criterios.
Desde 1983, cuando se creó el consorcio público-privado que gestiona el Círculo de Bellas Artes, la Comunidad de Madrid otorgaba una cantidad fija que el centro gestionaba de manera independiente (250.000 euros al año en los últimos tiempos). Desde el año pasado, se financian solo proyectos concretos. Este año la ayuda se limita, por el momento, a 12.500 euros. Recortar la independencia del Círculo para gestionar el dinero amenaza con reducir la pluralidad de los proyectos que ofrece. Hacerlo por motivos sectarios sería, además, un indicio preocupante de una vocación de sometimiento de la cultura por parte del PP.
No es la primera vez que la Comunidad presidida por Isabel Díaz Ayuso interviene en una actividad cultural bajo sospechas de sectarismo. Cabe recordar la retirada de la programación de los Teatros del Canal de la obra Muero porque no muero, un texto de Paco Bezerra inspirado en Teresa de Jesús. La decisión de implantar una dirección colegiada en los Teatros del Canal, sin un responsable artístico claro, ha supuesto un descabezamiento de facto del centro y lo ha dejado prácticamente en manos de los políticos.
Las instituciones que subvencionan la cultura deben exigir transparencia en las cuentas y calidad y relevancia de los proyectos, como en cualquier inversión de dinero público. Pero de ninguna manera deben condicionarlo a un sesgo sectario en los contenidos. La programación del Círculo de Bellas Artes —un edificio centenario y referente de la vida cultural europea— no puede someterse a una voluntad política de interferir sobre la programación de una institución que, hasta ahora, ha sido innegablemente relevante, no solo desde el punto de vista artístico, sino también por su aportación a la ciudad.
Muchas instituciones culturales de primer nivel que los ciudadanos consideran parte esencial de sus ciudades no podrían sobrevivir sin apoyo de las administraciones públicas, solo con la venta de entradas o el mecenazgo privado. Son lugares que enriquecen la vida de los ciudadanos, que atraen a miles de visitantes y aportan no solo al tejido cultural, sino también al social. La independencia de los profesionales es imprescindible para garantizar una pluralidad en la oferta. Proteger y promover la cultura significa dejarla crecer en libertad y trabajar en paz. Las intervenciones sectarias no hacen más que empobrecernos a todos.