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La vergüenza cambia de bando

Las cifras de la violencia sexual suenan impersonales, pero todas podemos ponerles cara e imágenes dolorosas

Juego con las teclas esta noche, cansada, mientras organizo mis ideas para esta columna. Quiero hablar sobre la concejala de Móstoles, sobre el acoso sexual, sobre los protocolos antiacoso de los partidos políticos y por qué no están funcionando. Sobre el PP, que ...

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Juego con las teclas esta noche, cansada, mientras organizo mis ideas para esta columna. Quiero hablar sobre la concejala de Móstoles, sobre el acoso sexual, sobre los protocolos antiacoso de los partidos políticos y por qué no están funcionando. Sobre el PP, que ni siquiera tiene protocolo y que ha mostrado en estos días un despliegue de los peores comportamientos posibles ante un caso como este. De asustar a la víctima a su señalamiento. De intentar tapar su denuncia azuzando su miedo al “¿y tú cómo ligas?” de Alfonso Serrano. Del caso fabricado, según Isabel Díaz Ayuso, a la desfachatez y la soberbia carente de empatía de una institución en modo huida hacia adelante. Como si negar todo fuera la única alternativa, a costa de seguir dirigiendo la mirada acusadora hacia la parte más débil.

En mi memoria resuena el eco de una Nevenka frágil sobre la que cae, cruel, la sociedad de su tiempo. Y cifras de la Macroencuesta de Violencia contra la Mujer 2024. Una de cada cuatro mujeres ha sufrido violencia sexual alguna vez en su vida. Cuatro de cada diez, acoso sexual. Los números suenan impersonales, pero todas podemos ponerles cara, historias cercanas, imágenes dolorosas o destellos de miedos propios.

Entonces, en el silencio de la noche me llega una voz luminosa, la de Gemma Blasco. La directora de La furia acaba de ganar el premio Gaudí a la mejor dirección novel. En su discurso de agradecimiento dedica unas palabras hermosas “a la Gemma de 18 años que acaba de ser agredida y que soñaba con ser cineasta”, por si hay un agujero en el tiempo por el que se cuelen para ofrecer luz y consuelo a su yo del pasado. Y llegan por una rendija del presente para interpelarnos, ofreciendo pistas y esperanza.

“Sé que ahora te duele el cuerpo y el alma y todo es muy oscuro, pero créeme, pasarán los años. Conocerás a hombres que no verán tu cuerpo como un territorio de conquista. Encontrarás el amor de muchas formas y un equipo de personas talentosas que te acompañarán a contar lo que estás sintiendo ahora mismo. Las mujeres de tu vida te sanarán y te repararán. Y algún día podrás ejecutar, a través del cine, una venganza poética y respetuosa. No tienes nada de lo que avergonzarte. De hecho, gracias a la lucha de mujeres como tú, en 2026, te aseguro que la vergüenza está cambiando de bando”.

Que en 2026 la vergüenza siga cambiando de bando, los cuerpos dejen de ser territorio de conquista y continuemos construyendo una sociedad que ya no señale y ayude a sanar.

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