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Quién es un “terrorista doméstico”

Estamos normalizando que nuestras palabras se encajen de forma interesada en los marcos de poder

Renée Good fue asesinada por ser una “izquierdista trastornada” que cometió “terrorismo doméstico”. Alex Pretti fue acribillado a balazos por ser un “terrorista doméstico” que estaba “blandiendo un arma”. En la...

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Renée Good fue asesinada por ser una “izquierdista trastornada” que cometió “terrorismo doméstico”. Alex Pretti fue acribillado a balazos por ser un “terrorista doméstico” que estaba “blandiendo un arma”. En las últimas semanas, frente a la impunidad de los agentes del ICE en Minneapolis, ese sintagma nominal, el de “terrorista doméstico”, se ha convertido en el escudo léxico de la administración Trump frente a las protestas ciudadanas. La amenaza de convertirse en un “terrorista doméstico” está tan presente en Estados Unidos que es el comodín al que se agarran los agentes del ICE para enfrentarse a la ciudadanía que ejerce como observadora legal de sus acciones. “Tenemos una bonita base de datos y ahora serás considerada como terrorista doméstica. Disfruta de tu video”, dice en un clip un enmascarado del ICE mientras toma fotos de la matrícula del coche de una residente de Portland que simplemente le estaba grabando con su cámara.

De poco sirven las críticas de abogados, portavoces políticos o de las fuerzas del orden frente a esta perversión de este sintagma. “Es importante ser claros: Renée Good no era una terrorista doméstica. El terrorismo doméstico tiene una definición estatuaria específica. Abarca ‘actividades que involucran actos que atentan contra la vida humana’, violan el código penal, ‘parecen tener la intención de intimidar o coercer a la población civil’ o de ‘influir en las políticas de un gobierno a través de la intimidación o coerción’ y ocurren principalmente dentro de los Estados Unidos”, han alertado desde el Brennan Center for Justice de la New York University School of Law, un instituto no partidista sobre política y derecho que ha hecho hincapié en recordar que, para ser etiquetado como “terrorista doméstico”, un individuo debe cometer uno o más de los 51 delitos federales de terrorismo y que muchos de ellos involucran armas nucleares o químicas, explosivos, violaciones marítimas o piratería aérea.

“Han creado una nueva definición de terrorismo doméstico. A las personas que protestan, siguen, denuncian, impiden o afectan las acciones del ICE se les llama terroristas domésticos, pero así es como todos los demás llamamos a los manifestantes”; aclaró en la CNN el excomisionado Adjunto de Inteligencia y Contraterrorismo del Departamento de Policía de Nueva York, John Miller. En otro plató, el del late night de Stephen Colbert, el senador Bernie Sanders lo dejaba más claro: “El autoritarismo propaga la gran mentira. Dices negro y es blanco, dices blanco y es negro. El 6 de enero, tuvimos un grupo radical de insurrectos que intentaba socavar unas elecciones libres, y Trump le dio la vuelta y dijo que eran “manifestantes pacíficos”. Y ahora tenemos a una madre de tres hijos que recibió un disparo en la cabeza por parte de un agente de ICE y la gente de Trump la tilda de ‘terrorista doméstica’”, denunció. Denuncias que se viralizan entre decenas de vídeos de detenciones y tiroteos a vehículos del ICE, clips para aterrorizar y paralizar a la población.

Vivimos una era tan delirante en la tergiversación de los hechos que hasta The New York Times ha publicado un vídeo corto para aclarar “qué es terrorismo doméstico y qué no lo es”. Ya no hace falta haber leído a George Orwell para intuir aquella máxima de que “el lenguaje político está diseñado para hacer que las mentiras suenen veraces, el asesinato respetable y dar una apariencia de solidez a lo que no es más que aire”. Más allá de que Donald Trump lleve meses blindando el uso político de un término legal en su cruzada contra la disidencia ideológica, si algo estamos aprendiendo a base de shocks es que no solo asistimos a la pérdida del sentido del lenguaje, también estamos normalizando que nuestras palabras se encajen de forma interesada en los marcos de poder. Un nuevo paradigma que domina a la perfección el avance ultra y que viene a decirnos que el lenguaje ya no describe la realidad, la disciplina.

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