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Lección de Carney para Europa

El mensaje del primer ministro canadiense en Davos enseña que la UE precisa la alianza de los que comparten sus valores para poder defenderlos eficazmente

Resulta reconfortante ver que en Davos, el máximo foro mundial de los negocios, el discurso que ha logrado sacudir los ánimos ha sido el del primer ministro canadiense Mark Carney. Su mensaje no se centró en la eco...

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Resulta reconfortante ver que en Davos, el máximo foro mundial de los negocios, el discurso que ha logrado sacudir los ánimos ha sido el del primer ministro canadiense Mark Carney. Su mensaje no se centró en la economía ni en la geopolítica. Puso el acento en los valores (ocho veces), principios, derechos humanos, sostenibilidad, solidaridad y reglas.

Carney, un político liberal conservador que ha sido gobernador del Banco central de su país y en Reino Unido, no es ningún ingenuo. Su discurso no forma parte de la retórica al uso. Conoce muy bien como funciona el mundo, “sabíamos que la historia del orden internacional basado en normas era parcialmente falsa. Que los más fuertes se eximían cuando les convenía”. Frente a ello, propone “construir coaliciones que funcionen, basadas en valores e intereses, tema por tema, con socios que comparten suficientes puntos en común para actuar juntos”. Impulsa un multilateralismo de las potencias intermedias y pone como ejemplo la “alianza estratégica integral” de su país con la UE.

El líder canadiense tiene credenciales. En 2018 denunció “las mentiras de las finanzas” al señalar que “los costes de la mala conducta de los bancos han excedido los 320.000 millones de dólares (266.000 millones de euros), capital que podría haber financiado cinco billones de dólares (4,1 billones de euros) en préstamos a hogares y empresas”.

Las ideas de “realismo basado en valores” o “ser pragmáticos y tener principios” son una gran ocasión para hacer reaccionar a Europa. Conocemos bien los desastres de la Unión en la gestión de las crisis financiera, energética, comercial y los graves silencios ante los crímenes perpetrados en Gaza. Pero esta misma Europa, que había nacido en los años cincuenta del pasado siglo para promocionar el mercado en común, ha experimentado una gran transformación a golpe de crisis hasta construir el espacio de derecho más avanzado del mundo. Los logros afectan a las condiciones de vida, especialmente, en los derechos laborales, como consumidores y, muy significativamente, en la salud y el medio ambiente.

A raíz de la crisis y aumento del desempleo de la década de 1970 se aprobaron numerosas directivas para proteger a los trabajadores que han supuesto una mejora sustancial de las condiciones laborales. Las normas y sentencias europeas han sido decisivas para la reducción de la discriminación entre trabajadores y trabajadoras, prohibición del trabajo infantil, fijación de salarios mínimos y permisos para la conciliación de la vida familiar.

En los 80 empezó la normativa de defensa de los consumidores, sustancial para el derecho a la vivienda. En España ha posibilitado más de un millón de reclamaciones judiciales por desahucios y cláusulas abusivas que están cambiando sustancialmente las relaciones de los ciudadanos con los bancos.

La financiación de la UE fue decisiva para la vacunación contra la Covid y la normativa sobre medio ambiente ha sido clave para construir depuradoras, reducir la contaminación del aire y frenar la destrucción de la biodiversidad.

Europa debe defender estos avances. La enseñanza de realismo de Carney es que la UE precisa la alianza de los que comparten sus valores para poder defenderlos eficazmente.

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