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No bombardeen Buenos Aires

Soñé que secuestraban al presidente de mi país y que nadie gritaba mucho ni se indignaba mucho ni se resistía mucho

Tuve una pesadilla. Soñé que, dentro de algunos años, el Agente Naranja, presidente superpoderoso, belicista y violento de la nación más potente del planeta, decidía que el mandatario que gobernaba mi país en ese momento, un hombre por cierto oscuro, tiránico y corrupto, incordiaba sus planes, así que bombardeaba Buenos Aires, secuestraba al presidente y a su mujer acusándolos de manejar, ellos dos solitos, una red narco que envenenaba a los ciudadanos de su nación —nación responsable de que las drogas fueran el negocio más provechoso de las últimas décadas, puesto que allí se había declarado ...

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Tuve una pesadilla. Soñé que, dentro de algunos años, el Agente Naranja, presidente superpoderoso, belicista y violento de la nación más potente del planeta, decidía que el mandatario que gobernaba mi país en ese momento, un hombre por cierto oscuro, tiránico y corrupto, incordiaba sus planes, así que bombardeaba Buenos Aires, secuestraba al presidente y a su mujer acusándolos de manejar, ellos dos solitos, una red narco que envenenaba a los ciudadanos de su nación —nación responsable de que las drogas fueran el negocio más provechoso de las últimas décadas, puesto que allí se había declarado la guerra contra las sustancias en los años setenta, transformándolas en mercancía codiciadísima—, que los encarcelaba y proclamaba que, de ahora en más, en mi país mandaba él, el Agente Naranja, o, si no, alguno de sus Naranjitos, y que se iba a cobrar el favor de habernos liberado del tirano llevándose, a cambio, unos cuantos litros y/o toneladas de nuestros recursos: agua, petróleo, minerales. Soñé que nadie gritaba mucho ni se indignaba mucho ni se resistía mucho, y que entonces, ante la ausencia de indignación, gritería y resistencia, el Agente Naranja empezaba a hacer lo mismo con otros presidentes de otros países, que también le caían mal y le complicaban los planes, acusándolos de diversas cosas disparatadas. Soñé que armaba, en una cárcel de su patria, una colección de Presidentes Indeseables, los reemplazaba por muchos Naranjitos y creaba un mundo a su medida imponiendo el gusto personal y el capricho, permitiendo que gobernaran soberanamente solo aquellos mandatarios que pensaban como él, y que nunca nadie se indignaba ni gritaba ni se resistía, aunque algunos lanzaban comunicados invocando el respeto a leyes internacionales que, de todos modos, hacía rato que el Agente Naranja había borrado del mapa, y que era así como empezaba el fin de los tiempos, la Era de la Sumisión.

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